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agosto 19, 2026
Al Día OPINIÓN

HACER DE LA SOLIDARIDAD UNA FUERZA ORGANIZADA

Por: Jarrison Martínez C.

sociólogo, politólogo

Hemos vivido una de las tragedias más graves de la historia reciente de Colombia: un terremoto de magnitud 7,4 que afectó 450 municipios y ha dejado, de acuerdo con el balance más reciente, cerca de 120.238 personas afectadas, 289 fallecidos y 143 desaparecidos, cifras que continuarán creciendo conforme avancen las labores de verificación, búsqueda y rescate.

Estamos en los primeros días de una tragedia que aún no valoramos por completo: miles de viviendas destruidas o afectadas; edificios colapsados; familias que lo perdieron todo; municipios prácticamente destruidos y un trauma colectivo ante la incertidumbre de nuevos eventos. Los efectos sanitarios, humanitarios y económicos empezarán a sentirse en los próximos días y podrían agravarse con los fenómenos naturales que se avecinan.

Pero también, en estos días, hemos visto florecer lo más hermoso del ser humano; la COOPERACIÓN Y SOLIDARIDAD. Miles de voluntarios luchando por salvar la vida atrapada en los escombros, la alegría al rescatar una vida, o el dolor y la tristeza al no poder llegar a tiempo. La paradoja del ser humano es la dualidad de sus sentimientos; somos capaces de arriesgar la vida para salvar la de otros, pero también, por fanatismos ideológicos o religiosos, apoyar a genocidas que han masacrado pueblos enteros.

Hemos visto a familias apoyar a sus vecinos; a cientos de jóvenes inscribirse como voluntarios o, sencillamente, liderar con su vitalidad y entusiasmo el rescate y la recolección de las ayudas; a la Junta Comunal organizar la ayuda en el barrio; a la cooperativa, la Fundación, el sindicato recolectar víveres o crear el fondo solidario para enviar ayudas a las comunidades afectadas.

En medio de esta tragedia, han surgido nuevas formas de solidaridad: el arquitecto e ingeniero visitando las edificaciones y diagnosticando su estado; la psicóloga dialogando con las víctimas para orientarlas en cómo asumir el duelo; el veterinario atendiendo y resguardando la mascota rescatada; el paisano reencontrándose con sus conocidos e iniciando la campaña de solidaridad con su municipio destruido.

Vimos al grupo de mujeres crear la “olla comunitaria” y cocinar para los voluntarios y al microempresario del restaurante preparar y donar alimentos para los damnificados. Al ferretero y al constructor aportar palas, guantes, carretas o prestar la maquinaria para remover los escombros. Al empresario con sentido social que entendió que la vida no es simplemente acumular riqueza; él sabe que no hay empresa sana en medio de un entorno enfermo.

También hemos vivenciado la solidaridad de nuestros policías, soldados, socorristas, bomberos, médicos y rescatistas que arriesgan la vida para salvar personas. Y nos eriza la piel ver las caravanas de vehículos que parten por todo el territorio nacional llevando las ayudas que nuestro pueblo ha recogido o recibido de naciones hermanas, no la farsa de quienes llegaron a lavar su imagen, mientras en sus países mueren miles de personas bajo los escombros de sus bombardeos.

La COOPERACIÓN Y SOLIDARIDAD son la fuerza social que nos une, le da sentido a nuestra vida individual y colectiva; nos permite enfrentar pequeños y grandes problemas. Solidaridad viene del latín “insolidum”: que significa “ser parte de”, “causa común”; y cooperar, de “cooperari”: trabajar juntos. A diferencia de la idea que nos vendieron que el ser humano es individualista y egoísta por naturaleza, la ciencia y la vida han demostrado que la empatía está en nuestro ADN. La solidaridad es el antídoto contra el individualismo salvaje que nos conduce a la soledad y autodestrucción.

La ciudadanía ha respondido con prontitud y generosidad, ahora les toca a las instituciones, gobernantes y funcionarios. Ya no hay disculpas para no actuar, no más fotos y videos en medio de la tragedia humana, ahora tienen que movilizar con celeridad los recursos y acciones para la estabilización de los damnificados, la reconstrucción de los territorios, el restablecimiento de los circuitos económicos y la adopción de planes preventivos, porque esto no ha terminado.

Sabemos que las instituciones públicas carcomidas por la burocracia y la corrupción marcharán lentas e inoperantes, solo una ciudadanía organizada logrará presionar para que se avance con celeridad. Si las instituciones aíslan a la ciudadanía, sus acciones serán un fracaso y si la ciudadanía deja solas las instituciones, será el caldo de cultivo de la corrupción y negligencia; las veedurías ciudadanas deben activarse para cuidar los recursos y proteger los derechos.

El Congreso de la República, Asambleas y Concejos deben activar las normas que faciliten que los recursos públicos fluyan de la mano con las comunidades; que se destinen los presupuestos para la reconstrucción, los subsidios y exoneraciones, que las entidades comunitarias puedan contratar con el Estado; que las cooperativas puedan irrigar los subsidios y crédito público; que las donaciones se ejecuten con las entidades sociales.

Transcurridos los primeros días de esta tragedia, ahora es fundamental hacer de la solidaridad una fuerza organizada. Empecemos por la familia: crea el chat familiar para mantener la comunicación con todos; establece el plan de evacuación y apoyo; promueve la ayuda con los familiares afectados y tiende la mano solidaria a los vecinos, amigos y demás damnificados. Aquí empieza la fuerza del amor y la IDENTIDAD SOCIAL.

No subestimes lo que puedas hacer, por pequeño que sea; lo pequeño es hermoso y multiplicado por miles es una fuerza poderosa. Como expresara el escritor Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

La unidad residencial puede ser una comunidad. La tragedia te recordó que no conocías a la familia que falleció; que los rostros aterrorizados que viste vivían en la misma torre de tu apartamento; y que los destrozos y necesidades ahora tendrás que resolverlos colaborando con los demás. Hemos conocido consejos de administración que actúan como “pequeñas cooperativas”; creando fondos de crédito para sus vecinos, apoyando sus negocios, teniendo objetivos comunes. Es hora de que los consejos de administración dejen de ser simplemente “cobradores de cuotas” y amplíen sus propósitos para ser la organización solidaria de vecinos; el propósito da sentido a la organización.

En los barrios y veredas, las Juntas de Acción Comunal (JAC) pueden reactivarse y fortalecerse, crear el comité de emergencia con sus vecinos como orienta la Ley comunal (2166 de 2021), o los comités de vivienda para la reconstrucción. La democratización y participación son la clave de su fortalecimiento.

Han surgido múltiples formas de organización en RED: el grupo de amigos que se juntaron para ayudar; los jóvenes voluntarios que se convocan por las redes; los colectivos que se comunican, coordinan y actúan con flexibilidad y rapidez. Mantener y fortalecer estas redes también es la tarea del momento. Han construido confianza actuando juntos; han creado un capital relacional que hay que fortalecer. Una organización es poderosa porque logra estabilizar una amplia red de aliados y para hacerlo hay que convencer a otros de seguir “haciendo cosas juntos”.

En la sociedad colombiana existe una amplia red de organizaciones formalizadas. El país registra la existencia de aproximadamente 280 mil entidades sin fines de lucro (fundaciones, corporaciones, asociaciones), 6000 sindicatos, 3500 cooperativas, 63 mil Juntas de Acción Comunal, 8.000 asociaciones campesinas, y miles de grupos sociales; de mujeres, jóvenes, adulto mayor, discapacidad, artesanos, recicladores, ambientalistas, animalistas, organizaciones culturales, deportivas, de barristas, étnicas, de género, medios de comunicación, colectivos políticos, iglesias, etc., todo grupo humano puede fortalecer su identidad, propósito y valores humanistas y solidarios.

Las organizaciones cooperativas y solidarias tienen un papel central que cumplir, activar la solidaridad hacia sus asociados afectados y hacia la sociedad las fortalece; genera sentido de pertenencia, multiplica su red de relaciones, las obliga a innovar y repensarse, las sacude de la inercia y burocracia en que muchas han caído, y sobre todo, les permite cumplir la función social para la que fueron creadas; la cooperación, ayuda mutua y solidaridad.

En ello, el papel de los liderazgos es determinante, pero tienen que abandonar el ego y protagonismo individual, el liderazgo actual es más colectivo, es en equipo. Su papel es informar, educar y conducir dando ejemplo: “La palabra convence, pero el ejemplo arrastra”, dice el refrán popular. Al final de la jornada, el verdadero “héroe” no será el que más posó para las cámaras y subió videos a TikTok, o la primera dama que más leyó las toneladas de apoyo que otros recogieron; el héroe será el pueblo colombiano que fue capaz de deponer los sus odios y se la jugó por la vida.

Al individualismo y fanatismos que nos dividen, anteponemos la cooperación y solidaridad que nos une. Es hora de permanecer unidos y hacer de la solidaridad una fuerza organizada. Escribía la poetisa y escritora Gioconda Belli que “la solidaridad es la ternura de los pueblos”, sigamos acrecentando el amor por nuestra gente.

 

 

 

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