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agosto 16, 2026
Al Día EMPRESAS

Datos, ética y confianza en el sector solidario

El verdadero desafío no es tener más datos. Es saber qué hacer con ellos.

Por: Adriana Milena Archila Quiroga
ConsultoraSectorSolidario
Candidata a Maestría en Innovación
adrianaarchilaq@gmail.com
Bucaramanga-Colombia

Cuando hablamos de datos, muchas personas imaginan reportes extensos, tablas complejas o indicadores financieros difíciles de interpretar. Sin embargo, los datos son mucho más que eso.

Los datos cuentan historias.

Nos hablan de los hábitos de nuestros asociados, de sus necesidades, de sus preferencias, de los productos que utilizan, de los servicios que valoran y, en ocasiones, de los problemas que aún no hemos identificado.

La diferencia entre una organización que reacciona y una organización que anticipa está precisamente en su capacidad para escuchar lo que los datos intentan decirle.

Por esta razón, las organizaciones más innovadoras del mundo han dejado de ver los datos como un simple requisito administrativo y los han convertido en una herramienta fundamental para la toma de decisiones estratégicas.

“Los datos del asociado no son un activo de la cooperativa. Son una responsabilidad que el asociado nos delegó”.

¿Sobre qué estamos tomando nuestras decisiones? 

Durante décadas, muchas cooperativas construyeron su crecimiento apoyadas en la experiencia de sus líderes, el conocimiento del territorio y la cercanía con sus asociados. Y no cabe duda de que esos factores siguen siendo valiosos.

Pero el mundo actual exige algo más. 
Hoy no basta con conocer el pasado. Necesitamos comprender lo que está ocurriendo en tiempo real y anticipar lo que puede suceder mañana. Ahí es donde los datos se convierten en un activo estratégico.

1. Los datos que ya tenemos y que muy pocos usan Cada cooperativa, independientemente de su tamaño, genera datos todos los días.

Cada transacción, cada solicitud de crédito, cada interacción con un canal digital, cada asistencia a una asamblea, cada uso de un producto o servicio y todo eso es información sobre la vida financiera, los hábitos y las necesidades de los asociados.

El problema no es la cantidad.

Es que la mayoría de organizaciones almacenan esos datos sin analizarlos, los analizan sin interpretarlos, o los interpretan sin traducirlos en decisiones que mejoren la vida del asociado. El dato queda atrapado en una base de datos que nadie consulta estratégicamente y ahí pierde todo su potencial.

Según el Barómetro Digital del Sector Solidario 2025 de la Universidad Cooperativa de Colombia, solo el 18% de las
cooperativas del país tiene algún proceso formal de análisis de datos para la toma de decisiones. El 82% restante actúa principalmente desde la experiencia acumulada de sus líderes es valiosa, pero insuficiente en un entorno que cambia a una velocidad que la intuición sola no puede procesar.

No se trata de desconfiar de la experiencia. Se trata de potenciarla con información. Un directivo con treinta años de trayectoria en el sector solidario, apoyado por datos bien analizados, toma decisiones exponencialmente mejores que uno que actúa solo con intuición. La experiencia interpreta los datos. Los datos enriquecen la experiencia.

2. El dato cooperativo tiene una naturaleza distinta

Aquí está la diferencia que el sector solidario debe capitalizar y que muy pocas veces articula con claridad. Cuando un banco recopila datos de sus clientes, lo hace en el marco de una relación transaccional: el cliente usa el servicio, el banco captura el dato, el banco usa el dato para maximizar rentabilidad.

En el modelo cooperativo, la relación es radicalmente distinta. El asociado no es un cliente: es copropietario de la organización. Los datos que genera con sus transacciones no son datos de un usuario externo y son datos de alguien que tiene derechos sobre la organización, que participa en sus decisiones y que espera, legítimamente, que esa información se use en beneficio colectivo.

Eso cambia todo.

El dato cooperativo no puede tratarse con la misma lógica que el dato bancario convencional.
Hacerlo no solo sería un error estratégico, sería una traición al vínculo que hace posible el modelo solidario.

3. ¿Qué datos debería estar observando una cooperativa?

Cuando se habla de información estratégica, muchas organizaciones limitan su atención a indicadores financieros tradicionales como cartera, captaciones, liquidez. Son fundamentales, pero incompletos. Existen variables igual o más importantes para la sostenibilidad futura del modelo solidario:

La edad promedio de los asociados y la tasa de vinculación de jóvenes revelan si la base social se está renovando o envejeciendo silenciosamente.

El nivel de participación en actividades institucionales muestra si el vínculo cooperativo es real o nominal. La frecuencia de uso de canales digitales indica qué tan preparada está la organización para la transformación que ya ocurre.

El comportamiento de ahorro y el uso de productos financieros permiten anticipar necesidades antes de que el asociado las exprese. Los niveles de satisfacción y permanencia advierten sobre riesgos de deserción que ningún estado financiero refleja.

Observar estas variables con regularidad permite identificar tendencias antes de que se conviertan en problemas, actuar antes de perder conexión con los asociados y diseñar experiencias de servicio que respondan a realidades concretas no a supuestos.

«Antes de tener grandes sistemas, las organizaciones necesitan aprender a formular mejores preguntas.»

4. La democratización de los datos
Una de las creencias más extendidas es que trabajar con datos es un privilegio exclusivo de grandes organizaciones con departamentos de tecnología y presupuestos millonarios. Nada más alejado de la realidad.

Una cooperativa pequeña puede comenzar analizando cuáles son los productos más utilizados por sus asociados, identificando los segmentos con mayor crecimiento, midiendo sus tiempos de respuesta, evaluando niveles de participación y observando comportamientos de ahorro y crédito. Todo eso, con las herramientas que probablemente ya tiene.

No se requiere una infraestructura tecnológica sofisticada para empezar. Lo que realmente se necesita es algo más valioso y más difícil de instalar que cualquier software: una cultura de curiosidad organizacional. La disposición genuina de hacerse preguntas sobre lo que los datos dicen y de actuar en consecuencia.

La diferencia no está en el tamaño de la organización. Está en la disposición para evolucionar.

5. La confianza: el activo más frágil y más valioso

En el sector solidario, la confianza es la razón por la que el asociado deposita sus ahorros, pide su crédito y recomienda la cooperativa a su familia. Es el fundamento operativo del modelo y el más difícil de reconstruir cuando se daña.

La confianza, una vez rota, no se recupera con una campaña de comunicación ni con una nueva política de privacidad. Se recupera (cuando se recupera) con años de comportamiento consistente, transparente y orientado al asociado.

Por eso el debate sobre datos y ética en el sector solidario no es un debate secundario ni técnico. Es un debate sobre el corazón del modelo. Cada decisión que tomemos sobre cómo recopilamos, almacenamos, analizamos y usamos los datos de nuestros asociados es una declaración de valores aunque no la llamemos así.

Un estudio de Edelman Trust Barometer 2025 para América Latina reveló que el 67% de los usuarios de servicios financieros en la región desconfían de cómo las organizaciones usan sus datos personales. Ese porcentaje es una advertencia para el sector convencional y una oportunidad sin precedentes para el cooperativismo, si decide comportarse de manera genuinamente diferente.

Cuando los datos cuentan historias. ¿Cuál queremos contar?

Detrás de cada dato que genera un asociado hay una historia. La historia de alguien que trabaja, que ahorra, que sueña, que enfrenta dificultades y que confió en su cooperativa para acompañarlo. Esos datos son la materia prima de decisiones que pueden mejorar o deteriorar la vida de personas reales.

El sector solidario tiene la oportunidad (y la responsabilidad ) de demostrar que es posible usar los datos con inteligencia y con humanidad al mismo tiempo.

El liderazgo del futuro será más analítico
En los próximos años, el valor de un directivo no estará determinado únicamente por su experiencia. También dependerá de su capacidad para interpretar información, identificar tendencias y convertir datos en decisiones estratégicas.

El liderazgo del futuro combinará experiencia, pensamiento estratégico y toma de decisiones basada en evidencia. Las organizaciones que desarrollen estas tres capacidades de manera integrada tendrán mayores posibilidades de adaptarse a los cambios que ya están transformando el entorno cooperativo.

¡Los quiero ver innovando!

«La confianza del asociado es el diferencial competitivo más difícil de construir y el más fácil de destruir».

 

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