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mayo 7, 2026
EN RED MUNDO

Protagonistas de una transformación: la economía social y solidaria en los territorios

Por: Roberto Di Meglio

1. Superar la visión reduccionista
La economía social y solidaria no es una economía residual.

Y, sin embargo, sigue considerándose con demasiada frecuencia como tal.

Esta visión reduccionista se debe al menos a dos factores. Por un lado, el peso dominante de la economía privada tradicional en términos de PIB, empleo y visibilidad pública, amplificado por un discurso que celebra el éxito individual y las grandes fortunas. Por otro, una cultura profundamente marcada por el individualismo, que tiende a subestimar el papel de los esfuerzos colectivos, a pesar de que estos son la base de muchos de los principales avances económicos, científicos y sociales.

A ello se suma, en ocasiones, una debilidad interna del propio mundo de la ESS, que corre el riesgo de presentarse más como víctima de un sistema injusto que como protagonista de una transformación posible.

Sin embargo, las crecientes desigualdades y las tensiones sociales generadas por un modelo económico orientado a la maximización del beneficio están poniendo de manifiesto los límites de esta visión. No se trata solo de una cuestión ética: la polarización económica y social alimenta dinámicas políticas que ponen en tela de juicio la propia solidez de las democracias.

En este contexto, se hace necesario superar una lectura reduccionista de la ESS y reconocer su potencial como palanca de desarrollo, capacidad emprendedora, arraigo territorial y resiliencia económica.

1Economista y consultor internacional especializado en Economía Social y Solidaria (ESS) y Desarrollo Económico Local (DEL). Cuenta con más de treinta años de experiencia en la Organización Internacional del Trabajo, donde desempeñó funciones senior en programas de DEL y ESS en Europa, América Latina y África. Es miembro del United Nations Inter-Agency Task Force on Social and Solidarity Economy (UNTFSSE), del Comité Científico de CIRIEC International, del Comité Científico de la revista Otra Economía, y de la Red DETE (Red Iberoamericana de Desarrollo Territorial). Preside el Comité Científico del Foro Mundial de Desarrollo Económico Local y forma parte del Comité Organizador del Foro Social Mundial de las Economías Transformadoras 2027. Es socio y asesor de la cooperativa social italiana Cascina Biblioteca.

2. La economía social como motor de desarrollo (no solo de inclusión) 

En Europa, la economía social constituye un componente estructural de la economía, ya que en algunos países representa hasta el 10 % del PIB y más del 10 % del empleo. En Francia2 da empleo a unas 2,6 millones de personas; en España3, donde la economía social representa alrededor del 10 % del PIB, da empleo a más de 2,2 millones de personas y en Italia4 alrededor de 1,7 millones, con una presencia especialmente significativa en servicios esenciales como la asistencia sanitaria, la educación, el medio ambiente y el desarrollo local. Estos datos confirman que la economía social no es un sector marginal, sino una infraestructura económica y social arraigada en los territorios.

En América Latina5, Con un peso que a menudo se subestima en las estadísticas oficiales, pero que es fundamental para las economías locales, especialmente en los entornos rurales e informales, la ESS constituye un componente fundamental del desarrollo territorial. En México6 afecta a hasta tres millones de personas, a menudo a través de formas de propiedad colectiva como los ejidos; en Argentina7 afecta a unos

2 millones de personas y surgió como respuesta a las crisis económicas; en Brasil8 moviliza a millones de trabajadores en la economía solidaria, con un fuerte vínculo con las políticas públicas y el desarrollo local. En los tres países, la ESS desempeña un papel central en la prestación de servicios esenciales, desde la gestión medioambiental hasta los cuidados, pasando por la educación y la regeneración económica de los territorios. En América Latina, varios autores han destacado que la economía social y solidaria no es solo un conjunto de prácticas, sino una forma de organización económica arraigada en los territorios y centrada en el trabajo y la comunidad (JL. Coraggio; R. Muñoz). Al mismo tiempo, experiencias como la brasileña ponen de manifiesto el papel decisivo de
las políticas públicas a la hora de consolidar estas dinámicas (L. Morais).

En varios países africanos, la ESS constituye un componente fundamental de los sistemas económicos locales, estrechamente entrelazado con la economía informal, que en muchos países representa hasta el 80-90 % del empleo total. En Sudáfrica, el sector da empleo a hasta dos millones de personas y es fundamental en la prestación de servicios sociales básicos9; en Senegal, donde existe una ley marco sobre la economía social y solidaria, esta desempeña un papel fundamental en el desarrollo rural y el empleo juvenil10; en Camerún, aunque no se dispone de datos sistemáticos, las formas de economía social están muy presentes en la economía real, especialmente en los sectores agrícola y comunitario11. En todos estos contextos, la ESS se perfila como una
infraestructura esencial para la prestación de servicios de asistencia, educación, gestión medioambiental y desarrollo territorial.

2Fuentes Francia: INSEE; ESS France; Atlas de l’ESS (2023–2024) – CNCRESS
3Fuentes Spagna: Ministerio de Trabajo y Economía Social y CEPES
4Fuentes Italia: ISTAT – Censimento permanente istituzioni non profit (2021–2023) ed Euricse
5En los países aquí mencionados, las estadísticas están menos estandarizadas que en Europa; por lo
tanto, a menudo se habla de cooperativas + economía solidaria / popular.
6Fuentes Messico: INAES e INEGI, studi su ejidos
7Fuentes Argentina: INAES Argentina; Ministerio de Trabajo Argentina
8Fuentes Brasile: SENAES; IBGE; Dati da: Sistema de Informações em Economia Solidária (SIES)
9Fuentes: Statistics South Africa – Non-Profit Institutions Satellite Account and ILO
10 Fuentes : Ministère de la Microfinance et de l’Économie sociale et solidaire ; ILO ; UNRISD

En Asia, la economía social adopta formas diversas, pero igualmente relevantes. En la India12, con más de 800 000 cooperativas registradas, involucra a millones de personas a través de un amplio sistema cooperativo arraigado en las zonas rurales; en Corea del Sur 13 constituye un ejemplo avanzado de desarrollo impulsado por las políticas públicas, con más de un millón de empleados; en Japón14, por último, las cooperativas constituyen un componente esencial del bienestar comunitario, en particular en los servicios de cuidados y asistencia a las personas mayores. En todos estos contextos, la ESS desempeña un papel clave en la producción de bienes y servicios esenciales y en la construcción de economías locales resilientes.

La ESS dinamiza las economías locales, es decir, tiene la capacidad de transformar las necesidades del territorio en empleo, servicios y cadenas productivas que movilizan los recursos locales —personas, competencias, espacios y relaciones— generando un valor económico que permanece y se reinvierte en la comunidad. La economía social no se limita a subsanar las deficiencias del mercado: construye nuevos mercados arraigados en los territorios15.

3. Las empresas sociales como capacidad emprendedora
Las empresas sociales son empresas en toda regla, capaces de combinar la sostenibilidad económica con el impacto social. No se limitan a satisfacer necesidades, sino que generan empleo, producen bienes y servicios y dinamizan las cadenas económicas en los territorios.
Como demuestran innumerables experiencias16, estas representan formas avanzadas de emprendimiento, portadoras de innovación organizativa, social y territorial. Se trata de un emprendimiento «situado», que surge de los contextos locales y construye soluciones económicas arraigadas en los territorios.
La empresa social no es menos empresa: es una empresa que opera con fines distintos y con una relación diferente con el territorio, orientando su actividad hacia la creación de valor económico y social compartido.

11 Fuentes: ILO; MINPMEESA
12 Fuentes India: National Cooperative Union of India and ILO
13 Fuentes Corea: Ministry of Employment and Labor South Korea; Korea Social Enterprise
Promotion Agency; ILO
14 Fuentes Japòn: Japanese Consumers’ Co-operative Union; ILO
15 Para consultar una amplia recopilación de casos concretos relacionados con las iniciativas económicas
de las entidades de la ESS, véase ILO Report 2022 “Decent Work and Social and Solidarity Economy”
16 Véase entre otros Cascina Biblioteca, FOQUS, Dolomiti Cadore, Chorotega.

En Europa, la definición17 de referencia procede de la Comisión Europea (Iniciativa de Empresa Social18, 2011), según la cual una empresa social es una organización que:

  1. tiene como objetivo principal el impacto social, no la maximización de los beneficios
  2. desarrolla una actividad económica (produce bienes o servicios
  3. reinvierte la mayor parte de los beneficios en su misión social
  4. adopta una gobernanza responsable e inclusiva

En este sentido, las empresas sociales no son solo actores económicos, sino componentes fundamentales de los ecosistemas territoriales, capaces de transformar
las necesidades en oportunidades de desarrollo.

4. Arraigo territorial

Las empresas sociales surgen de necesidades locales concretas y operan movilizando los recursos del territorio —personas, competencias, redes e instituciones— construyendo relaciones, confianza y capital social. Este arraigo se traduce en la prestación de servicios de proximidad, en la puesta en marcha de redes económicas locales y en la valorización de recursos a menudo infrautilizados, como espacios urbanos, bienes públicos o terrenos abandonados19.

Se trata de actividades difíciles de deslocalizar, que contribuyen a estabilizar la economía local y a reforzar su capacidad de respuesta a las necesidades de la
comunidad.

En términos más generales, podemos afirmar que las entidades de la ESS transforman las necesidades locales en infraestructuras económicas y sociales arraigadas en los territorios, capaces de generar valor, cohesión y desarrollo a largo plazo20.

5. Resiliencia económica
Los datos relativos a Italia21 y España22 sobre el impacto de las crisis —la financiera de 2008 y la de la pandemia de 2020-2023— ponen de manifiesto una mayor capacidad de las entidades de la economía social para contener los efectos negativos sobre el empleo en comparación con las empresas privadas tradicionales. Estudios empíricos realizados.

17 También resulta muy interesante la definición de Carlo Borzaga (Euricse), quien desarrolló una
interpretación más teórica e institucional, según la cual, en resumen, la empresa social es una empresa
privada que persigue fines de interés general mediante la producción de bienes y servicios, caracterizada
por restricciones en la distribución de beneficios y por formas de gobernanza participativa. Véase
“IMPRESA SOCIALE IN PROSPETTIVA EUROPEA Diffusione, evoluzione, caratteristiche e interpretazioni
teoriche” C. Borzaga e J. Defourny, 2001
18 Véase Social Business Initiative 2011, Comision Europea
19 “La Economía Social y Solidaria y el Futuro del Trabajo” OIT 2019
20 Véase casos Cascina Biblioteca e FOQUS
21 Datos EURICSE sobre impacto crisi in Italia
22 Datos CEPES sobre impacto crisi en España

por la OCDE23, Euricse24 y CIRIEC25 ponen de manifiesto que, ante una contracción general del empleo, las organizaciones de la economía social tienden a mantener niveles de empleo más estables que muchas empresas tradicionales. Esta mayor resiliencia está ligada a modelos de gobernanza orientados al largo plazo, a la reinversión de los beneficios y a un fuerte arraigo territorial.

En momentos de crisis, la economía social no solo resiste, sino que a menudo desempeña un papel anticíclico, manteniendo los servicios esenciales y contribuyendo a la estabilidad económica y social de los territorios.

6. Condiciones propicias

El potencial de la economía social y solidaria no es automático: requiere ecosistemas favorables y políticas públicas específicas.

En primer lugar, es fundamental disponer de un conocimiento adecuado del sector, a través de datos fiables y actualizados que permitan comprender la composición y las dinámicas de los ecosistemas de la economía social en los distintos contextos territoriales.

En segundo lugar, es necesaria la coherencia26 de las políticas públicas, que deben diseñarse en función de las necesidades reales de los territorios y adaptarse con el tiempo mediante sistemas de seguimiento y evaluación del impacto.

Un elemento central de esta evolución lo constituyen los procesos de co-programación y co-creación, a través de los cuales las administraciones públicas y los agentes de la ESS colaboran, respectivamente, en la definición de las prioridades y en el diseño y la ejecución de las intervenciones. Estos instrumentos marcan el paso de un modelo basado en la externalización de los servicios a otro basado en la colaboración27.

Por último, resultan decisivas las condiciones de acceso a los recursos: una financiación adecuada y adaptada a las especificidades de las empresas de la ESS, el acceso a los bienes públicos y unos instrumentos de contratación que reconozcan el valor social de las actividades realizadas.

En ausencia de estas condiciones, el potencial transformador de la economía social corre el riesgo de quedar sin materializarse.

23 Recommendation on the Social and Solidarity Economy and Social Innovation (2022); Job Creation and Local Economic Development reports (2023)
24 Borzaga, Galera, Nogales (vari studi post-2008) ; Reports on cooperatives and crisis resilience (2013 2016)
25 Reports on social economy in Europe (2017, 2020); Monzón & Chaves – The Social Economy in the EU
26 Véase position paper UNTFSSE (Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Economía Social y Solidaria)
27 Aún queda mucho por hacer para que este cambio sea efectivo.

7. Conclusión
La economía social y solidaria no es un sector marginal, sino una infraestructura de desarrollo territorial.

Demuestra, en contextos diversos y a diferentes escalas, su capacidad para generar empleo, producir servicios esenciales, dinamizar las economías locales y fomentar la resiliencia. No se trata solo de un modelo alternativo, sino de una vía concreta a través de la cual la economía puede volver a acercarse a la sociedad y responder de manera más eficaz a las necesidades colectivas.

Considerar la ESS como una palanca sistémica significa reconocer su papel en la construcción de economías más inclusivas, sostenibles y arraigadas en los territorios.

No es solo una cuestión de equidad, sino de eficiencia económica y estabilidad social a largo plazo.

En este sentido, la economía social no representa un correctivo del sistema económico, sino una de sus posibles evoluciones. No se trata de construir una economía alternativa, sino de transformar la economía existente desde los territorios, a partir de las necesidades, el trabajo y la comunidad.

 

RDM, 16 abril 2026
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