Hablemos de La Reforma Laboral
Por: Ricardo Lozano Pardo
Consultor Empresarial y
Estrategia Financiera
Nos encontramos frente a un tema de crucial importancia para el país como es la Reforma Laboral Colombiana y a pesar de su destacado impacto en la población, es un tema que ha sido mal utilizado para dar una batalla política, de aquella que resulta repulsiva, que es la política partidista. Pero más allá de esta faceta que la generan los políticos de bajo nivel, hay que acercarnos a ella para analizar su verdadero alcance y evaluar su real impacto, para entender si se están haciendo bien las cosas para la población trabajadora de nuestro sufrido país.
Por eso, hay que hacer una aproximación analítica con enfoque social, en primera instancia, y con esta visión hay que decir que es una reforma muy positiva en términos de derechos fundamentales y se podría afirmar que responde a deudas históricas con poblaciones vulnerables. Aquí hay que preguntarnos si esa vulnerabilidad no se ha derivado de las anteriores condiciones precarias laborales que han prevalecido en el tiempo y que han sumido a los trabajadores de primera línea a unas condiciones de crecimiento social y económico muy limitadas, promovidas desde un modelo económico rampante (por no decir extremo) basado en la acumulación de capital, donde la riqueza de una parte muy poca de la población se ha construido fundamentados desde el propósito oculto de mantener en la pobreza a una gran cantidad de la población, por debajo, inclusive, de niveles de extrema pobreza, lo cual no nos dignifica como buenas personas humanas, ni mucho menos justas.
Adentrados en el análisis nos encontramos que el Objetivo central que se promulga es dignificar el trabajo en Colombia bajo principios de trabajo decente, justicia social y equidad. Nos encontramos también que Inspiración normativa se ubica en el artículo 53 de la Constitución Política y convenios OIT (especialmente el 87, 98, 111, 189 y 190) y adicionalmente se encuentra que hay un Enfoque diferencial que está referido a la protección reforzada para mujeres, jóvenes, personas con discapacidad, campesinos, migrantes y trabajadores digitales, es decir, población tradicionalmente excluida de las políticas públicas efectivas. Estos elementos son positivos por sí solos y hay que destacar su importancia, que será mayor solo si hay una reglamentación cierta y efectiva.
Mucho se ha dicho que lo propuesta en la reforma va a tener malos efectos en términos de formalización laboral, pero visto con detenimiento, se encuentra uno frente a temas progresistas:
- Prohibición del uso irregular del contrato civil de prestación de servicios: una figura contractual que surgió en su momento para darle flexibilidad a la contratación laboral y poder generar más empleo, pero que con el tiempo se convirtió en el elemento que generó la peor inestabilidad laboral y serios abusos patronales, todo inspirado por lograr mayores utilidades empresariales, sin que hubiera necesidad de ello.
- Se promulga la formalización obligatoria del trabajo doméstico, actividad que siendo parte fundamental en la cotidianidad colombiana, no se había reconocido con actividad laboral formal y por ende sin reconocimiento justo del trabajo adecuadamente remunerado.
- Contrato agropecuario regulado y jornal rural: si bien este tema está en alguna versión de la reforma laboral, entiendo que el tema quedó excluido del texto final, lo cual decepciona porque si hay una población realmente olvidadas de la justicia laboral es la población rural de nuestro país.

El análisis de largo plazo da cuenta un efecto esperado: mayor inclusión formal de millones de trabajadores que hoy están por fuera del sistema (más del 57% de la fuerza laboral está en la informalidad, DANE 2024). Pero evidentemente hay en el corto plazo un riesgo: si los costos asociados superan la capacidad de pequeños empleadores, puede haber traslado a informalidad o subcontratación oculta. Este es un costo del proceso de transición que para superarlo se debe acudir a una propuesta de mitigación: acompañar desde la política púbica con incentivos a la formalización (exenciones, subsidios transitorios, asistencia legal gratuita) y así reducir el posible impacto del cambio.
La pregunta que surge desde este punto de análisis es si hay riesgo a la generación de mayores niveles de desempleo y al respecto hay que decir que sí los hay, pero no en la forma en que se ha planteado desde las orillas de los comentaristas oportunistas que aseguran que será la debacle. En términos estructurales, hay sectores más vulnerables a que tengan que afrontar este efecto no deseado, como por ejemplo las Micro y Pequeñas empresas (más del 90% del tejido empresarial colombiano); están los sectores con alta rotación natural: agro, construcción, servicios logísticos, call centers y, finalmente, las plataformas tecnológicas y economía digital, sector éste que venía abusado de la contratación por prestación de servicios en forma inapropiada.
En este tema queda claro que los impactos que se generarían irían vía de aumento en los costos laborales por tres conductos:
1. Indemnizaciones más altas;
2. Reducción de la flexibilidad contractual
y 3. Jornada laboral reducida sin proporcional ajuste de productividad.
Estos mecanismos de impacto permanecerán en el largo plazo.
En resumen, en el corto plazo podría haber un freno en la contratación nueva o ajuste de personal, especialmente en sectores con bajos márgenes de ganancia. En el mediano plazo, si se implementan medidas de apoyo, podría haber un rebote positivo con aumento en productividad, fidelización del trabajador y mejoras en calidad de vida laboral.







