EDITORIAL OPINIÓN

El sistema es una trampa

Editorial edición 113 abril 2019 

El no poder jubilarse; no poder ahorrar, pagar las deudas rotativas, pagar las tarjetas de crédito, se ha convertido en la mayor incertidumbre de muchos, aún no se comprende qué está pasando, por qué no pueden salir de la carrera de ratas; sobrevivir se ha vuelto angustioso, no digamos para todos, pero para la gran mayoría sí. La posibilidad de llegar a una mejor condición incluso a través del trabajo o el emprendimiento es una condición poco alentadora, mientras la concentración del dinero es cada vez mayor. No vamos a dar cifras, pocos las conocen realmente, hay quienes afirman que solo el uno por ciento de la población mundial concentra el 90 o más por ciento de los bienes de la humanidad.

 

En un sistema donde las corporaciones han logrado torcer el modelo e imponer condiciones, donde los individuos calificados como poco rentables son y serán excluidos, la ganancia no se da ahora en la eficiencia de la operación o la calidad del producto, se asegura desde la reglamentación del modelo. Incluso desde un estado intervencionista que ahoga a quienes quieran competir contra esas corporaciones con tamaños mayores a muchos estados. Pocos lo entienden y muchos se resisten a entenderlo.

 

Para contrarrestar esta condición existe el modelo cooperativo, un sistema en teoría más justo que redistribuye los excedentes en mejores condiciones para quienes por él optan.  También es el mecanismo para los bienes colectivos, generar infraestructuras de atención en lo social y generar mayor equidad. ¿Pero el mismo sistema cooperativo podría estar siendo excluyente con quienes no tienen el case inicial para poder entrar a él? Es una reflexión difícil de hacer en medio de un grupo de empresarios cooperativos que consideran que este modelo, más justo y equilibrado, da posibilidades, pero también tiene que minimizar los riesgos.

 

¿Los cooperativistas se estarán volviendo una nueva clase media, que se resiste a desaparecer, pero también con la intención de proteger sus organizaciones? ¿están aumentando las barreras de entrada para aquellas franjas de la población que estarían en la parte más baja de la pirámide? Se buscan nichos, con condiciones específicas que den garantía de pago, formación académica, y la posibilidad de una mayor permanencia en el tiempo dentro de la cooperativa.

 

Claro, nadie quiere que los recursos se expongan y un mayor manejo del riesgo sea posible, que el perfil de ese asociado, con recursos, garantice el flujo necesario para poder continuar con el ciclo de financiación. Al ser un modelo autogestionable cada grupo puede optar por generar su propia cooperativa, quienes por equis (x) o ye (y) condición pueden pertenecer a una entidad cooperativa deben propender por su crecimiento. Pero cuidado, ahí podría estar el error, el no mirar la solidaridad de manera vertical, si no entre pares. Lo segundo se llama negocios, lo primero solidaridad.

 

En un mundo donde las corporaciones cada vez influyen más sobre las reglas de juego y han logrado dividir a las bases sociales, vendiéndole a las personas la idea de éxito como un logro individual, la asociatividad podría representar algo de contención a esas ideas. Contrario a esas corporaciones las empresas cooperativas no pueden dejar atrás a quienes aún no alcanzan un grado de desarrollo para estar en ellas, esa sería la población que el cooperativismo todavía puede rescatar.

 

Ejemplos de solidaridad en el día a día
eacnur.org

 

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