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abril 17, 2026
Al Día PERSONAJES

El cooperativismo colombiano frente al espejo

La esencia perdida:

Hernán Osorio Arévalo, director de Confecoop Tolima y voz autorizada del sector, lanza una advertencia desde Ibagué: el modelo cooperativo se está desdibujando. La falta de educación, la baja participación y el isomorfismo financiero amenazan con convertir a las cooperativas en sombras de lo que fueron. La solución, dice, no está en más tecnología sino en recuperar el alma. 

Don Vidal Forero González, fundador de la cooperativa que comenzó siendo Coopetibe, después Coopertive y hoy se llama Prosperando, solía decir que el cooperativismo no se aprende en los manuales: se transmite como un oficio de maestro a aprendiz, como el secreto de un vitral que solo revela su belleza cuando la luz lo atraviesa.

Hernán Osorio Arévalo fue uno de sus aprendices. Y hoy, décadas después, sentado en una ciudad que crece entre grúas y apartamentos nuevos, el director de Confecoop Tolima repite la lección con la urgencia de quien ve el fuego apagándose.

«Cuando uno olvida la doctrina y la filosofía, que es la fuente del conocimiento, sería como desconocer las enseñanzas de Sócrates, de Aristóteles, de todos los filósofos» , advierte.

«Uno se deja embriagar por la ambición, por la falta de humildad, y termina en un lugar de vulnerabilidad»

«En cada administración hemos presentado comunicaciones con trece modelos empresariales que se pueden desarrollar en el sector público. Cooperativas agroindustriales, centrales de abastos, administraciones públicas cooperativas. Pero no hay voluntad política».

La entrevista —la primera del año en Gestión Solidaria, y ya es tradición— transcurre en Ibagué, esa ciudad que Osorio describe con el orgullo de quien la ha visto transformarse. Pero el paisaje urbano es apenas el telón de fondo. El centro de la conversación es otro: ¿Qué le está pasando al cooperativismo colombiano?

Los síntomas de una enfermedad silenciosa

Osorio no habla en abstracto y enumera síntomas como un médico que toma signos vitales.

Primero: el recorte de lo social. Aquella cooperativa que celebraba doce o quince actividades al año —el día de la familia, el día del abuelito, el día del hijo, incluso el día de la mascota— ahora apenas organiza cinco. «Vas perdiendo tu esencia, vas perdiendo tu valor institucional» , sentencia.

Segundo: la obsesión por el número de asociados. El sector se ufana de tener seis millones de cooperados, pero Osorio contra preguntar: «¿Dónde están esos seis millones?» . El verdadero indicador, insiste, no es cuántos se vinculan sino cuántos permanecen activos. «Cuesta menos convencer a uno que ya estuvo que a uno que nunca ha conocido la cooperativa» .

Tercero: la participación democrática reducida a su mínima expresión. Asambleas donde apenas asiste el 10 o 15% de los habilitados. Juntas directivas elegidas por una fracción. «Eso quiere decir que estamos perdiendo representación, que estamos debilitando el gobierno» .

Cuarto: la resistencia a educar. Las administraciones evitan formar a la base para mantener el control. “La educación en las cooperativas es la mejor estrategia comercial» , añadió «Mire las iglesias cristianas. Lo que hace que tengan tanta afluencia es su plan de formación, porque encaja perfectamente con su doctrina. Igual deberíamos hacer nosotros» .

El espejismo de la eficiencia 

Hay una trampa en la que muchas cooperativas han caído, y Osorio la describe con la precisión de quien la ha visto repetirse: en el afán de ser competitivas, las entidades empiezan a recortar lo social para concentrarse en lo financiero. El balance financiero devora al balance social. Los excedentes se convierten en un fin y no en un medio. «Eso es como pretender construir un edificio sin estructura» , dice.

«Puede que la estructura evolucione, que ya no la hagamos en concreto sino en acero, pero la estructura debe evolucionar en calidad y resistencia. La doctrina
y la filosofía fluyen, evolucionan, pero no pueden perder su esencia»

¿Y cuál es esa esencia? «La persona. El bienestar colectivo con propósito. No es estar juntos porque queremos estar juntos, sino con propósito». El propósito, explica, es eliminar al intermediario.

Es poner los recursos en común para que la administración los haga producir con eficiencia, y que «del mismo cuero salgan las correas»: de los mismos recursos de los asociados, financiar el bienestar de los asociados.

La tentación del isomorfismo

Cuando una cooperativa se empeña en parecerse a un banco, cuando su obsesión son las tarjetas, los chips, la inteligencia artificial y la participación de mercado, está cayendo en lo que los académicos llaman isomorfismo. Osorio lo llama, con más crudeza, infidelidad.

«Esa infidelidad lo ubica a uno en una situación de vulnerabilidad» , advierte. «Y entonces terminamos con un sector que se va marchitando, que va a ser absorbido por el mercantilismo».

El riesgo no es teórico. Osorio ha visto cooperativas exitosas desaparecer. Menciona a Saludcoop, el modelo de salud cooperativa que en quince años construyó clínicas, equipos, infraestructura. «Fue el mejor modelo de salud que tuvo Colombia para mostrar al mundo» , dice con una mezcla de admiración y melancolía.
«Pero bueno, esa es otra historia» .

Y hay otra advertencia: el relevo generacional. Circula un video en Antioquia donde preguntan a jóvenes qué es una cooperativa. La respuesta, dice Osorio, es demoledora: «Ah, eso es una vaina que tiene el abuelo». «Ese paradigma hay que romperlo» , sentencia. «Si no, poco a poco el sector se irá marchitando» , concluyó.

 

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