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noviembre 4, 2026
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Esencia de la cooperación en el mundo de hoy

En la primera entrega de esta serie planteé que la esencia cooperativa descansa sobre cinco grandes ejes: la identidad filosófica, el acto cooperativo, el vínculo asociativo, la fortaleza de la democracia interna y el compromiso local. Ninguno de ellos aparece en un balance ni en un tablero de indicadores, y sin embargo son los elementos que distinguen a una cooperativa genuina de una empresa financiera que simplemente adoptó esta forma jurídica…

Por: José Luis Blanco,
Impulso Estratégico
Perú

Identidad filosófica y vínculo asociativo responden, en el fondo, la misma pregunta vista desde dos ángulos: el por qué existe la cooperativa y el quién la compone.

Identidad filosófica
El cooperativismo nació como una respuesta filosófica y moral a las condiciones de la primera industrialización, no como una técnica de gestión ni como un vehículo fiscal. Cuando 28 tejedores desempleados de Rochdale, en Lancashire, fundaron la Sociedad Equitativa de los Pioneros en 1844, para abrir un almacén gestionado por ellos mismos, con reglas de igualdad entre sus miembros, no inventaron la ayuda mutua (eso es tan antiguo como la vida en comunidad), pero sí fijaron por primera vez un conjunto de reglas de funcionamiento que sobrevivieron y se convirtieron en los Principios Cooperativos.

Ciento cincuenta y un años más tarde, en 1995, fue adoptada la Declaración sobre la Identidad Cooperativa, en Manchester, por la ACI. Ahí se estableció la definición que sigue vigente: una cooperativa es una asociación autónoma de personas unidas voluntariamente para satisfacer necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes, mediante una empresa de propiedad conjunta y gestión democrática.

La identidad cooperativa no se define por lo que la cooperativa hace (ahorro y crédito, seguros, agricultura, consumo o vivienda) sino por cómo y para quién lo hace. Una cooperativa financiera es una asociación de personas que, entre otras cosas, decidió organizar en conjunto sus servicios financieros. El orden de estos dos conceptos determina a quién sirve la entidad cuando los intereses del capital y los del asociado no coinciden. Por ejemplo, cada vez que se fija una tasa activa o pasiva.

En mi trabajo con cooperativas en todo el continente, he visto que los problemas surgen cuando se pierde la noción de identidad: la esencia filosófica no es algo abstracto, se debe manifestar en cada decisión. Nuestra esencia no es abrir sucursales, acumular cuentas o maximizar el margen (aunque debamos hacer todo ello), sino servir a nuestros asociados, generar valor para ellos y, sobre todo, hacerles prosperar como personas, familias o negocios.

Tener una figura cooperativa no nos hace verdaderas cooperativas, ni lograr rentabilidad y eficiencia nos la quita. En realidad, la identidad cooperativa se expresa a través de nuestras decisiones, cuando el interés colectivo prima sobre el individual.

El vínculo asociativo, real medida de la fortaleza cooperativa 
La asociación, al constituirse, define el vínculo común de quienes integran la nueva empresa. Con el tiempo, este vínculo puede mutar, ampliarse o -demasiado a menudo-diluirse. Pero, en cualquier caso, se manifiesta por la intensidad de la relación entre el asociado y su cooperativa.

Más importante es el gravitar de la cooperativa en la vida y/o actividad del asociado: cuanto más impacto en la actividad y la prosperidad del asociado, más intenso es el vínculo.

Fue en “Le secteur coopératif” de George Fauquet (1935), dónde se estudió más ampliamente la doble calidad del cooperador como usuario y como asociado propietario.
Más tarde Claude Vienney, el último gran pensador cooperativo del siglo XX (con quien estudié en el verano de 1990), es quien introduce el concepto de intensidad del vínculo.

El vínculo asociativo resuelve, en la práctica, algo que en teoría parece imposible: que la misma persona sea, simultáneamente, dueño y cliente de la institución. En una sociedad anónima esa dualidad no existe (el accionista y el depositante son partes distintas con intereses distintos); en una cooperativa de actividad financiera, el asociado deposita, pide prestado y vota sobre las mismas decisiones que afectan su depósito y su préstamo.

Esa doble condición de usuario-propietario solo funciona si el vínculo asociativo es lo bastante fuerte como para sostener la confianza, y lo bastante acotado como para que el gobierno colectivo siga siendo manejable.

La fuerza de la cooperativa no está en el tamaño de la base de miembros, o en el tamaño de los activos, menos en sus utilidades, sino en que tan importante es la Cooperativa en la vida del asociado. Más tarde, Henri Desroches (1976), amplia la relación entre Fauquet y Vienney, y desarrolla el concepto del cuadrilátero cooperativa: asociación, empresa, movimiento (ideología) y red (integración). La fuerza de la cooperativa es la suma de estos cuatro componentes, la caída surge de la debilidad en una de ellas: o el asociado deja de participar en el gobierno, o deja de usar los servicios, o se pierde la esencia o se desintegra la red.

El deseo básico de crecer y crecer para ser la más grande, pone en riesgo la intensidad de uso. Adherir a la Cooperativa con requisitos mínimos, y nunca usar servicios o participar de la vida asociativa no hace cooperativas más fuertes.

De ahí que un aspecto de la estrategia cooperativa debería ser la restitución del vínculo cooperativo. Un componente que da fortaleza y sostenibilidad a la entidad. Ya hablaremos de cómo devolver la escala humana al crecimiento cooperativo.

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