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octubre 5, 2026
Al Día ECONOMÍA

Hambre cero: el llamado urgente a integrar a las cooperativas en las estrategias nacionales de seguridad alimentaria

A cuatro años de la meta de 2030 de llegar a Hambre Cero, se destaca que 673 millones de personas padecieron hambre en 2024. El informe de la ACI y el COPAC advierte que sin alianzas con el modelo cooperativo, será imposible cumplir el ODS 2. Estas son las cinco recomendaciones clave para revertir la crisis.

Por: Gestión Solidaria

El hambre no es un problema de producción. Es un problema de acceso, de distribución y, sobre todo, de poder de negociación. Esa es una de las conclusiones centrales del segundo capítulo del informe consolidado de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) y el COPAC, titulado «Construir juntos un mundo mejor», que aborda el ODS 2: poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y promover la agricultura sostenible.

Las cifras son desalentadoras. Según El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2025, se estima que el 8,2% de la población mundial (673 millones de personas) padeció hambre en 2024, y unos 2.300 millones se vieron afectados por inseguridad alimentaria moderada o grave. El hambre ha disminuido en partes de Latinoamérica y Asia meridional, pero sigue aumentando en África y Asia occidental debido a conflictos, crisis climáticas e inflación.

Pero el informe no se limita a diagnosticar. Su valor radica en las recomendaciones concretas que formula para que los gobiernos, las agencias de la ONU y los socios para el desarrollo integren a las cooperativas como actores centrales en la solución. Estas son las cinco medidas prioritarias que el documento plantea.

1. Institucionalizar las cooperativas en los marcos de implementación del ODS 2

La primera recomendación es clara y contundente: los gobiernos y las organizaciones internacionales deben reconocer formalmente a las cooperativas de consumo, alimentarias y agrarias como socios estratégicos en las estrategias nacionales de seguridad alimentaria.

Esto implica su integración sistemática en la contratación pública, los sistemas de alimentación escolar, la protección social y los mecanismos de respuesta de emergencia, especialmente en contextos afectados por crisis climáticas, conflictos o volatilidad del mercado.

El informe subraya que las cooperativas no son actores periféricos. Según datos de la ONU y la FAO, las redes diversificadas de pequeñas y medianas empresas del sector alimentario, concretamente las cooperativas, están más preparadas para afrontar las crisis, estabilizar el suministro y reequilibrar el poder en las cadenas de valor agroalimentarias.

2. Establecer entornos jurídicos y normativos para los sistemas alimentarios impulsados por cooperativas

La segunda recomendación apunta a una barrera recurrente: la legislación obsoleta. El informe insta a los Estados miembro de la ONU a actualizar la legislación relativa a las cooperativas, los regímenes fiscales y los procedimientos administrativos para reflejar los mercados agroalimentarios contemporáneos.

Foto: Alcaldía Mayor de Cartagena – Colombia

«Las reformas políticas deberían equilibrar la transparencia y la rendición de cuentas con la flexibilidad y suprimir las barreras estructurales que impiden a las cooperativas crecer y realizar contribuciones a largo plazo», señala el documento.

El caso de Polonia es ilustrativo. En 2019, tras una campaña de promoción del consejo cooperativo nacional, el país promulgó una ley para contrarrestar los desperdicios alimentarios. Gracias a esta norma, se eliminaron las barreras legales que impedían donar alimentos con fecha de caducidad cercana y productos frescos no vendidos a centros de asistencia social, orfanatos y bancos de alimentos. El resultado: menos desperdicio y mejor acceso a alimentos nutritivos para los grupos vulnerables.

3. Financiación combinada y a largo plazo para infraestructuras y servicios cooperativos

La tercera recomendación aborda uno de los mayores cuellos de botella: el acceso al capital. Los bancos de desarrollo, los donantes y los gobiernos deberían ampliar los instrumentos de financiación favorables para las cooperativas, como créditos concesionales, mecanismos de financiación combinada y de riesgos compartidos.

El objetivo es apoyar inversiones en almacenamiento en frío, logística, procesamiento local y sistemas digitales. «Debería otorgarse prioridad a las infraestructuras que permiten reducir las pérdidas poscosecha, estabilizar los precios de los alimentos y su suministro, reforzar los sistemas alimentarios locales y regionales y fortalecer la resiliencia climática», detalla el informe.

Un ejemplo de esta necesidad es el de la República Dominicana. La Asociación de Ganaderos de Santiago (AGASAR) tuvo que recurrir a apoyo técnico y subvenciones para mejorar la calidad de la leche producida por sus miembros, después de enfrentar una reducción de ingresos por la disminución persistente de la calidad. Las formaciones en higiene, detección de mastitis y gestión del rebaño permitieron reducir pérdidas y cumplir con las normas exigidas por compradores como Nestlé.

4. Reforzar la capacidad, la innovación y la integración a los mercados con perspectiva de género

La cuarta recomendación pone el foco en las personas. El informe subraya que es necesario realizar inversiones dirigidas para fortalecer la gobernanza de las cooperativas, la gestión empresarial, los sistemas de datos, los servicios digitales y el acceso a los mercados.

Pero hay un énfasis especial: «Los programas de apoyo a las cooperativas deberían integrar enfoques de perspectiva de género, especialmente durante el Año Internacional de la Agricultora (2026), para ampliar el liderazgo de las mujeres y mejorar su acceso a la tierra, a la financiación, a la tecnología y a la toma de decisiones en todo el sistema agroalimentario».

Los datos respaldan esta urgencia. Las mujeres representan aproximadamente el 41% de la mano de obra del sector agroalimentario mundial, pero perciben de media un 22% menos que los hombres y gestionan parcelas más pequeñas y menos productivas. El informe cita el ejemplo de la organización suiza We Effect, que apoya cooperativas dirigidas por mujeres para fomentar la agricultura resiliente al clima, crear cadenas de valor más cortas y transparentes y obtener mejores resultados nutricionales.

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5. Recopilar experiencias, fomentar la rendición de cuentas y crear alianzas

La última recomendación es transversal: sin datos, no hay política efectiva. Las agencias de la ONU y las organizaciones cooperativas deberían reforzar la recopilación de datos e informar sobre las contribuciones de las cooperativas respecto a la seguridad alimentaria, la nutrición, los ingresos y la resiliencia.

«Deberían integrarse indicadores sobre las contribuciones de las cooperativas en los sistemas estadísticos nacionales y de seguimiento del cumplimiento de los ODS», afirma el informe. Además, se insta a movilizar plataformas de múltiples partes interesadas para alinear políticas, inversiones y posibilidades de innovación.

Un cambio de paradigma

El informe concluye con una reflexión que resume el espíritu del ODS 2: las cooperativas convierten el rendimiento del sistema alimentario en un progreso continuo hacia el Hambre Cero. No se trata solo de producir más, sino de distribuir mejor, de dar voz a los pequeños productores y de garantizar que los aumentos de productividad se traduzcan en nutrición, seguridad alimentaria y desarrollo inclusivo.

La declaración de la juventud sobre las cooperativas en los sistemas agroalimentarios, presentada durante el Foro Mundial de la Alimentación de 2025, lo expresó con claridad: el futuro de la alimentación depende de la capacidad de organizarse colectivamente. La pregunta, entonces, ya no es si las cooperativas pueden contribuir a erradicar el hambre. La pregunta es si los gobiernos y los socios para el desarrollo tendrán la voluntad política de integrarlas, financiarlas y escucharlas antes de que se agote el plazo de 2030.

 

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