Valores organizacionales: del individualismo a la solidaridad
Por: PROF. OSCAR BASTIDAS – DELGADO
UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA (UCV)
Consultor en Emprendimiento asociativo y diseño organizacional.
Economía Social y cooperativismo. Responsabilidad Social y Balance Social.
Cómo enfrentar problemas, conflictos y realizar sueños es reto permanente de toda persona natural o jurídica en cualquier rincón del planeta. La pléyade de opciones posibles obliga a quienes asumen ese reto a diseñar organizaciones apropiadas con base en los esfuerzos y recursos reales y potenciales necesarios para lograr los objetivos estratégicos propuestos.
Como toda actividad humana, constituir y poner en marcha organizaciones implica la aplicación de valores por quienes las constituyen. Esos valores surgen, se aplican, con cierto orden, sucediéndose unos a otros de manera no lineal, nutriéndose entre ellos y generando otros a manera de sucesión yendo desde el más sencillo o Individualismo al más complejo o Solidaridad. Cada valor generado contiene los anteriores.
En este ensayo se reflexiona sobre los valores organizacionales tejidos a lo largo del emprendimiento y la marcha de una organización como proceso, esa secuencia de valores se sintetizará con la ayuda de un gráfico.
01.- PROBLEMAS Y NECESIDADES COMO MOTORES DEL EMPRENDIMIENTO.
Hay problemas que atañen a un individuo y deberían ser resueltos por él; la pirámide del psicólogo estadounidense Abraham Harold Maslow sobre la jerarquía de las necesidades humanas es útil para visualizarlos; según Maslow, las primeras iniciativas de emprendimiento estarían relacionadas directamente con la sobrevivencia, Max-Neef opina1:
“Integrar la realización armónica de necesidades humanas en el proceso de desarrollo significa la oportunidad de que las personas puedan vivir ese desarrollo desde sus comienzos, dando origen así a un desarrollo sano, autodependiente y participativo, capaz de crear los fundamentos para un orden en el que se pueda conciliar el crecimiento económico, la solidaridad social y el crecimiento de las personas y de toda la persona”.
Otros problemas afectan numerosas personas y obligan al concurso de ellas, de empresas y hasta gobiernos como la pobreza, el desempleo, la salud, inflación, inseguridad, y en general los incluidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por la ONU.
No basta con determinar la existencia de problemas. Enfrentarlos implica dos fases: 1.- diseñar y constituir la organización apropiada para el logro de los objetivos preestablecidos, labor propia del emprendedor; y 2.- ponerla en marcha, gestionarla, conducirla al éxito, labor propia del administrador, gestor o coordinador. Si la organización puesta en marcha fuese una empresa: labor propia del empresario.
Emprender como proceso dinámico se riñe con la inercia. El impulso inicial corresponde a los fundadores por poseer la Fuerza Fundante, suerte de poder especial que les permite diseñar la organización a su conveniencia, colocarle los rieles que la direccionarán, establecerle las unidades y delegaciones de atribuciones apropiadas y ponerla en marcha. De ellos dependerá el diagnóstico del problema y la fijación de los los lineamientos estratégicos: Valores – Misión – Visión – Objetivos Estratégicos, así como la formulación del estatuto y los reglamentos internos necesarios.
Gracias a esa Fuerza Fundante los fundadores también imprimen “objetivos muy personales” o pretensiones propias no plasmadas formalmente en el dúo Misión – Visión como el deseo de obtener ciertas ganancias, favorecer sus familias y obtener reconocimientos, hasta nobles intereses como constituir empleos, apoyar la lucha contra la pobreza, desarrollar Responsabilidad Social u otras. En numerosas ocasiones esas pretensiones subyacentes y no visibles, adquieren mayor peso que las formales.
Una ley colombiana define el emprendimiento como2:
“Una manera de pensar y actuar orientada hacia la creación de riqueza. Es una forma de pensar, razonar y actuar centrada en las oportunidades, planteada con visión global y llevada a cabo mediante un liderazgo equilibrado y la gestión de un riesgo calculado, su resultado es la creación de valor que beneficia a la empresa, la economía y la sociedad”.
02.- LA ÉTICA COMO PUNTO DE PARTIDA.
Valores y principios son pautas de conducta adquiridas a lo largo de la vida de las personas, grupos humanos, organizaciones y sociedades por influencias familiares, escolares, religiosas, políticas, económicas u otras, que permiten discernir entre cuales límites actuar ante determinados sucesos. Los primeros son como rieles de un tren que conceden límites a quienes los poseen, los segundos son síntesis de los valores, explicaciones resumidas de ellos que facilitan su aplicación, son las locomotoras que facilitan la comprensión y aplicación de los valores.
A manera de ejemplo: no es fácil explicar el valor de la democracia. Ella es entendida de maneras diferentes dependiendo de las culturas ciudadanas y políticas de quienes se trate; así, mientras en Libia algún líder comunitario piense que solo los hombres pueden votar pues “las mujeres no tienen criterio político por estar todo el tiempo en la cocina” y en Sudan otro puede opinar que “los pobres no tienen derecho a votar pues no tienen algo que perder”; por el contrario, en los países democráticos esos preceptos se superan gracias al principio: “una persona un voto”, el mismo de la democracia cooperativa.
La Ética como palabra proviene del latín ethĭcus éste a su vez de «êthicos» del griego antiguo. Se asimila a la idea de «êthos» como «carácter» y no como «costumbre»; gracias a ella una persona discierne a propósito de cómo actuar ante determinada situación con base en preceptos acumulados a lo largo de la vida, preceptos que se convierten en valores que emergerán oportunamente dependiendo de la situación enfrentada a manera de rieles que limitan el respectivo valor trazando rutas de acción.
La ética es la sinergia de los valores y principios poseídos y practicados por las personas individualmente, tiene su aposento en la mente de cada persona, la impulsa a poner carácter en lo que libremente y por convicción cree que debe hacer. Ella forma parte de lo intrínseco, de lo estructural, para que ella exista sus valores y principios deben difundirse y aplicarse.
La consecuencia lógica de poseer determinada ética es desear que otros la compartan, es por ello que los primeros valores de toda organización son los de sus fundadores, quienes tiendan a transmitirlos a sus colaboradores. Con el tiempo llegan generaciones de relevo, cambian los valores y por lo tanto la ética. Ello explica por qué los valores y principios cooperativos han cambiado a lo largo del tiempo.
03.- VALORES A PARTIR DEL EMPRENDIMIENTO.
Emprender es un proceso que al igual que una moneda tiene dos caras indivisibles; una constituida por el problema o necesidad que se desea enfrentar y debe diagnosticarse, conocer sus causas, situación y tendencias a fin de priorizar dónde afincar las soluciones; y otra con la disposición de emprender con el alineamiento apropiado de esfuerzos y de recursos hacia el objetivo perseguido.
Emprender no es solo soñar, implica acciones y disposición al cambio. Esos esfuerzos y recursos alineados hacia un objetivo son en sí mismos una organización de hecho o derecho. Implica un proceso no lineal, una suerte de sucesión que puede resumirse así: observación del problema ↔ toma de conciencia para enfrentarlo ↔ formulación de una visión preliminar del cómo ↔ determinación de acciones ↔ diseño de la organización específica ↔ incorporación de personas y recursos ↔ puesta en marcha ↔ monitoreo de acciones e impactos ↔ reinicio del proceso si el problema continúa. En cada tramo se toman decisiones.
Emprender obliga a cumplir con el dúo Concepto / Direccionalidad. Concepto como explicación operativa del problema y de su solución, con las pertinentes acotaciones históricas y sociales; y direccionalidad como la ruta, con vías rápidas, paradas, accidentes, desvíos y retrocesos, que la organización debe transitar para ser exitosa.
A lo largo del proceso emprendedor y con mayor fuerza luego de la puesta en marcha de la organización, se teje una sucesión de valores que pudiese enriquecerse progresiva y cualitativamente con valores de mayor calidad y alcance hasta construir a manera de continuum, el mayor de los valores entre humanos: la Solidaridad. Ese continuum puede representarse como estadios o escalones de valores que ascienden desde el más sencillo, el individualismo hasta llegar a la solidaridad; no es un proceso lineal, pero, como recurso pedagógico, interesa distinguirlos en el justo momento de su aparición a lo largo del proceso organizacional para así conceptualizar las economías resultantes de esos valores: Autoayuda ↔ Colaboración↔ Ayuda Mutua ↔ Asociacionismo ↔ Cooperativismo ↔ Solidaridad3.
Constituida la organización el reto es gestionarla exitosamente hacia el éxito, sumando, de ser posible, otros impactos hacia sus miembros, la sociedad y el ambiente como serían los relativos a la Responsabilidad Social de las Cooperativas (RSCoop). Comprender el funcionamiento de esa sucesión ayuda a entender el surgimiento de diferentes economías dependiendo de los valores dominantes en determinado momento.
En líneas siguientes se explica la sucesión.
3.1.- LA AUTOAYUDA COMO VALOR INICIAL.
Ante una situación o un problema determinado un afectado puede tomar conciencia de la necesidad de enfrentarlo y actuar en consecuencia, la primera opción es hacerlo de manera individual y el valor a desarrollar sería el de la Autoayuda, prestarse apoyo a sí mismo con base en sus debilidades y fortalezas.
Ese individualismo pudiera ser extremo como el de la absoluta soledad de Robinson Crusoe en aras de su sobrevivencia: en nuestras sociedades esa opción es casi inexistente4. El valor de la Autoayuda está presente en todo emprendimiento y será en las condiciones intrínsecas del proyecto emprendido donde se encontrarán las razones de continuarla o sumar otras personas.
Actuar individualmente tiene sus límites: los de alcance y capacidad de convocatoria para sumar apoyos, capital y otros recursos, los cognoscitivos, la capacidad de formar generaciones, y otras. Si se desea asegurar permanencia del proyecto emprendido es necesario que los esfuerzos y recursos comprometidos no sean aportados puntualmente sino en permanencia. Todo proyecto sin fortalezas intrínsecas sobre las cuales construirse está condenado al fracaso.
3.2.- LA COLABORACIÓN COMO VALOR PUNTUAL Y COMPLEMENTARIO.
Situaciones de absoluta soledad como la de Robinson Crusoe son casi inexistentes, superar los límites y disminuir los riesgos del emprendimiento individual pasa necesariamente por incorporar otras personas en el emprendimiento, surge así el valor de la colaboración, valor que implica el reconocimiento de la necesidad de apoyos de otros como necesarios para avanzar en el proceso. Los apoyos configuran las condiciones de colaboración, dos factores resaltarían decisivos: 1.- El carácter del problema o necesidad a enfrentar; y 2.- la matriz de valores de los involucrados.
Si quien emprende observa que enfrentar el problema amerita el concurso de otras personas la salida sería convocar apoyos surgiendo en un primer momento la opción de la colaboración.
Colaborar es sinónimo de aportes precisos y puntuales justos por el tiempo requerido; no compromete los esfuerzos y recursos del emisor hacia el receptor más allá de los términos del apoyo otorgado.
El acto colaborativo ha originado novedosos preceptos como el Aprendizaje Colaborativo y la Economía Colaborativa o Economía de la Colaboración con la que erróneamente algunos observadores pretenden sustituir el de Economía Social.
La colaboración posee una composición más rica en lo humano que en lo económico, dependen de la voluntad de quienes colaboran y de quienes deciden en la organización receptora; ella no aborda los asuntos estratégicos, es normalmente puntual, referida a aspectos operativos específicos, no garantiza permanencia en el tiempo, son frágiles.
Su peso dependerá de las magnitudes de las necesidades enfrentadas, que pudieran ir desde las vitales básicas, de sobrevivencia si se quiere, hasta otras de mayor trascendencia y permanencia. Ejemplos existen: empresas, huertas y acciones familiares, vecinales y comunitarias; actividades de seguridad; el wi-fi libre impulsado en Berlín; clubes de compras; ferias comunitarias; redes de trueque y de monedas locales; viajes, alojamientos y comidas compartidas al estilo de la “olla común” de la época de Pinochet en Chile y del momento actual en Venezuela; programas vecinales de autoconstrucción y otras que pudiesen obtener apoyos empresariales vía RS, como ejemplos.
Ella como valor ha originado novedosos preceptos como el aprendizaje colaborativo y la Economía Colaborativa o de la Colaboración con la que algunos teóricos pretenden sustituir el de ES.
3.3.- LA AYUDA MUTUA COMO EL RECONOCIMIENTO DE OTROS.
Vista la fragilidad de la colaboración, quien emprende debe superarla y buscar apoyos de mayor permanencia pasando así a un estadio superior sustentado en el valor de la ayuda mutua, valor que también se nutre del reconocimiento de los otros pero impulsa procesos en los que todos se sienten necesarios, sus actividades tienden a perdurar en el tiempo; quienes lo comparten pueden definir numerosas actividades incluyendo o no la búsqueda de lucro; de decidirse por el lucro, unirían capital con esa finalidad, de no buscarlo, el capital amasado sería para resolver problemas comunes.
La ayuda mutua no puede compararse con un acto de caridad o de limosnas, si definirse como “Acto mediante el cual una persona realiza acciones en beneficio de otra”; como valor impulsa otros como el dialogo, la participación, la convivencia, la tolerancia y la democracia. Ella obliga a un mínimo de reciprocidad, valor que implica la devolución de un esfuerzo parecido al de la colaboración recibida y se sustenta en actos cono la palabra empeñada u otros compromisos recíprocos como acuerdos, Intercooperación y alianzas alcanzando su mayor desarrollo con la solidaridad.
La ayuda mutua está presente en todas las organizaciones estables; a propósito de ella, Piotr Kropotkin, anarquista ruso, afirmó en su obra El apoyo mutuo: un factor en la evolución la siguiente afirmación.
«Pero la sociedad, en la humanidad, de ningún modo se ha creado sobre el amor ni tampoco sobre la simpatía. Se ha creado sobre la conciencia -aunque sea instintiva- de la solidaridad humana y de la dependencia recíproca de los hombres. Se ha creado sobre el reconocimiento inconsciente semiconsciente de la fuerza que la práctica común de dependencia estrecha de la felicidad de cada individuo de la felicidad de todos, y sobre los sentimientos de justicia o de equidad, que obligan al individuo a considerar los derechos de cada uno de los otros como iguales a sus propios derechos».
Gracias a la Ayuda Mutua la reciprocidad aparece en el escenario como elemento clave en la marcha hacia la solidaridad. Éste valor implica el reconocimiento de los otros pero ese reconocimiento estará condicionado por los objetivos que quienes se reconocen formulen y de la respuesta a esa interrogante pueden surgir dos caminos u opciones: ¿lucro o no lucro?. Del camino tomado surgirán detalles definitorios sobre la organización y personalidad jurídica de la organización a constituir.
3.4.- EL LUCRO COMO LÍNEA DIVISORIA ENTRE EL CAPITAL Y LAS PERSONAS.
Todas las variantes conceptuales entienden por lucrativo “lo que produce utilidad y ganancia” y por “lucrar” sacar provecho de un negocio u obtener utilidades. El lucro es propio de personas y de organizaciones que buscan retribuir sus inversiones como sucede con los actos de comercio, razón por la que el Acto Cooperativo se riñe con el Acto de Comercio.
Este aspecto del lucro no está claro en aquellos cooperativistas que rechazan la opción de remunerar de mejor manera sus trabajos y servicios, vendiendo incluso por debajo del costo, ante el temor a ser calificados de “capitalistas” cuando un centavo pudiere ser lucro y millones de euros no serlo. Resolver el dilema de lucro o no lucro obliga a concretar detalles sobre la organización y personalidad jurídica de la potencial organización. Si la intención es lucro se estaría ante la opción de constituir una empresa de capital con forma jurídica de compañía anónima, por ejemplo, en la que quienes se asocian adquirirán condición de socios y el reconocimiento mutuo será en proporción al capital aportado.
De no escogerse la vía lucrativa, el interés se centrará en las personas y se estaría rumbo al Asociacionismo, piedra angular para constituir una asociación propiamente, sin fines de lucro o de Entidad Sin Ánimo de Lucro (ESAL) como se denominan en Colombia, entendiendo por tales las corporaciones y asociaciones constituidas por grupos de personas naturales o jurídicas que persiguen fines generalmente gremiales, sociales, culturales, cívicos recreativos, no lucrativas a su favor o de los asociados.
Si se optase por el no lucro, camino que interesa para este desarrollo, los valores a construir son los siguientes.
3.5.- ASOCIACIONISMO, MUTUALISMO Y COOPERATIVISMO.
De no tomarse la vía del lucro, en el continuum de valores mencionado y siempre hacia estadios superiores apuntando al valor solidaridad aparecerán el Asociacionismo, el Mutualismo y el Cooperativismo como valores a construir que tienen su razón de ser en el “reconocimiento de los
otros” pero en una escala algo superior pues concede mayor preponderancia a la dimensión humana e impulsa un mínimo de condiciones para la membrecía y la igualdad en la toma de decisiones entre los activistas de la organización que debería ser participativa.
Una asociación se construye voluntariamente sobre una sucesión de valores que se inicia con la autoayuda o convencimiento individual de la necesidad de superar un problema, continúa con la ayuda mutua o búsqueda de unión que en si misma debe agregar otros valores como el dialogo, la participación, la convivencia, la tolerancia y la democracia, generando ventajas inmediatas como las economía de escalas en compras y ventas pero también en asuntos no tangibles como menor tiempo en necesidades cotidianas como atención en salud o en recepción de un préstamo.
En toda asociación los problemas comunes tienden a igualar a los afectados y las relaciones entre ellos tienden a ser horizontales, del tipo Tú-Tú; esa igualdad se expresa en: 1.- Una mano levantada pesa igual que las otras; y 2.- igualdad de oportunidades para asumir responsabilidades colectivas e individuales en la asociación. En una asociación que construya solidaridad, mal puede quién vota a favor de una decisión o de alguien para determinada responsabilidad, desprenderse de su elección sin responder por las consecuencias de ella; por solidaridad debe acompañar la decisión y a los elegidos con sus votos.
La dinámica asociativa conduce a procesos de integración mediante los que las asociaciones a su vez se asocian entre sí para constituir asociaciones de asociaciones en las que las fundantes delegan atribuciones para que el nuevo ente las realice por ellas. Este proceso de integración es mayor en las cooperativas.
Sin marginar la importancia del aporte de capital y de recursos, el asociacionismo obliga a definir un tiempo y un espacio para organizar los esfuerzos humanos y depositar los recursos, la organización originada como consecuencia de este proceso es la asociación y éstas pueden ser de tres tipos: asociaciones propiamente, mutuales y cooperativas.
Para efectos operativos se establece la siguiente definición de asociación:
Una asociación es un equipo autónomo de personas unidas voluntariamente para satisfacer necesidades y aspiraciones comunes mediante esfuerzos voluntario, propiedad conjunta, y gestión democrática de los recursos materiales y financieros por ellas aportados.
De acá se deduce que las asociaciones, las mutuales y las cooperativas, tienen una doble dimensión organizacional indisoluble: la Asociación de personas naturales o jurídicas y la Empresarial responsable de conducir con preceptos democráticos la gestión de los esfuerzos y recursos hacia los objetivos asignados por la Asociación. Esa doble dimensión les concede un doble anclaje en los espacios en que actúe.
Se subraya lo de indisoluble; imaginar la doble dimensión contribuye a focalizar las actividades de cada dimensión, pero jamás viendo las cooperativas de manera dualista; deben verse como una sola estructura objeto de una gestión integral con lineamientos estratégicos compartidos, incluso por
de destacar que existen diferencias: 1.- el peso de lo empresarial va de menor a mayor según se trate de asociaciones, mutuales o cooperativas, mientras las primeras realizan actividades relativamente livianas en lo económico, las mutuales concretan sus actividades en salud y previsión social y las cooperativas pueden “realizar cualquier actividad humana menos la de explotar y esclavizar personas” por lo que numerosas son de gran dimensión y ocupan importantes espacios en la economía del planeta; y 2.- las asociaciones y las mutuales reinvierten sus excedentes para mejorar sus servicios mientras que las cooperativas pueden repartirlos.
Otra diferencia. Mientras las cooperativas pueden repartir los excedentes con equidad entre quienes los generaron por decisión de la asamblea de asociados, las asociaciones y las mutuales normalmente los reinvierten para mejorar sus servicios. Estas tres formas organizacionales constituyen las denominadas Organizaciones de Economía Social (OES).
A propósito del emprendimiento cooperativo es interesante esta apreciación de Charles Gide (1847-1932), profesor de la Universidad de París y del Colegio de Francia 5:
“Cuando traté de representarme la oquienes pudiesen ser contratados en cargos directivos u operativos, en aras de satisfacer las necesidades de los asociados, su razón de ser.
Las tres modalidades nacen con una responsabilidad de carácter social, enfrentar las situaciones o problemas contra los que fueron constituidas, lo que hace que cada una sea en si misma sea un programa social y para enfrentar esos problemas que ellas constituyen su capital, no para buscar ganancias, por lo que no deben cancelar impuesto sobre la renta.
rganización de la sociedad futura, en la medida que nuestra ciencia, de no muy largas vistas, nos permite prever el porvenir, ella se me aparece bajo el aspecto de una multitud de asociaciones de todas clases y proporciones, las más inmensas, las otras pequeñas y de las cuales formarán parte libremente todos los hombres, fuera de algunos salvajes; asociaciones en las cuales los trabajadores percibirán el producto íntegro de su trabajo, porque ellos poseerán sus instrumentos de producción; asociaciones que suprimirán los intermediarios, porque ellos cambiarán sus productos directamente; asociaciones que no mutilarán el individuo porque la iniciativa individual se conservará como el resorte oculto que hará mover a cada una de ellas y que por el contrario protegerán al individuo contra los azares de la vida por la práctica de la solidaridad; asociaciones, en fin, que, sin suprimir la emulación que es indispensable al progreso, atenuarán la concurrencia y la lucha, suprimiendo la mayor parte de las causas que ponen en nuestra época a los hombres en conflicto”.
Sintetizando, una asociación se construye voluntariamente sobre una cadena de valores que se inicia con la autoayuda o convencimiento individual de la necesidad de superar un problema y continúa con la ayuda mutua. El asociacionismo como valor es estructural en las tres formas básicas de OES: asociaciones, mutuales y cooperativas.
04.- LA SOLIDARIDAD COMO VALOR CUMBRE.
En el tope superior del continuum de valores está la solidaridad; él surge como sinergia de los anteriores, los contiene todos y suma otros no mencionados como la confianza y el compromiso, centrándose en la reciprocidad6;
Analizar este término obliga a considerar qué es Solidaridad. Las acepciones son tan variadas como los temas frecuentes con los que se relaciona: bondad, generosidad, amor, caridad, ayuda mutua, respeto mutuo, tolerancia justicia; a niveles coloquiales se utiliza hasta para referirse a los precios justos de ciertos restaurantes, calificar un seguro o expresar un pésame.
Le Petite Larousse Illustré la señala como “dependencia mutua entre personas”, agrega que involucra un sentimiento que impulsa a las personas a establecer ayuda mutua o un deber asistencial hacia las personas en peligro. En un sentido etimológico aparece en un lenguaje jurídico en el S. XV como “siendo común a muchos, cada uno responde por todos”, afirmación ésta que de alguna manera aborda el tema de la dependencia reciproca; por extensión la palabra se relaciona con solidez.
Javier de Lucas en su libro El Concepto de Solidaridad7, reflexiona gramaticalmente sobre el concepto al calificarlo como “sustantivo abstracto formado a partir del adjetivo solidario, derivado a su vez inicialmente de la expresión latina in solidum, que equivale a totalidad, el todo”; lo presenta también como “una categoría específica de relaciones obligatorias, caracterizada por la unidad – integridad del vínculo obligatorio y la pluralidad de sujeto… precisamente las características de las obligaciones solidarias”, categoría jurídica de la que derivará la noción de solidaridad. En cuanto al uso del término por la sociología De Lucas lo señala como un elemento estructural de los grupos sociales.
Según De Lucas Comte la define como “consenso entre unidades semejantes que solo puede ser asegurado por el sentimiento de cooperación que deriva necesariamente en la división del trabajo
…”, mientras que para Durkheim, a quien De Lucas califica como “el teórico por excelencia de la solidaridad”, es “…ante todo, un hecho social que consiste en el consenso espontáneo de las partes del todo social, una particular conexión entre individuos y sociedad que…” supone dos niveles: el psicosocial o vinculación entre las conciencias individuales y las colectivas el estructural -funcional o vinculación entre la posición del individuo y el grupo.
Para De Lucas antes del uso de la solidaridad como categoría científica se recurría a términos como integración, cohesión, socialización u otros; también explora otros términos con “los que se propone sustituir la solidaridad”8, se resumen:
- Integración. Se utiliza en el contexto del sistema social, por lo que habría que hablar de integración sistemática más que de integración social (Parson). “Se trata de un proceso definido por la disponibilidad constante de la mayoría de los individuos de un grupo de establecer, coordinar y unificar sus acciones, rediciendo el conflicto”.
- Integración social. Referida a la inserción de un individuo o grupo en una colectividad mayor cuyas cualidades se adquieren (Vs. Marginación).
- Cohesión. Es utilizado indistintamente como solidaridad por Durkheim; es el recogido por Gauss, resulta más evidente su uso en la física y en la biología.
- Socialidad. Para Gurvitch es una forma de solidaridad; distingue entre la “socialidad por fusión parcial en el nosotros (interpretación) y socialidad por simple interdependencia relación – comunicación”.
- Asociación y orden integrativo. Gurvitch “propone que el único sentido preciso de solidaridad en tanto que distinta de cohesión / interdependencia, no puede ser análogo a lo que denomina “orden integrativo”, cuya expresión organizada son las asociaciones igualitarias de colaboración; en ese sentido, en lugar de solidaridad habría que hablar de asociación…”
- Comunidad. Para Tönnies comunidad implica solidaridad, pero “sin que ello mida la posibilidad de diferenciación de funciones […] porque se trata de una diferenciación a favor del conjunto”. En ese sentido Freyer identificaba prácticamente ambos conceptos, al definir la comunidad como “estructura sólida de sentimientos recíprocos”, que supera la diversidad mediante la superación interna. La variedad de círculos de solidaridad es lo que produce la diversidad de relaciones comunitarias.
- Cooperación. Señala la actividad común de varios sujetos para realizar intereses comunes, semejantes o complementarios. Se trata de una noción menos precisa que la solidaridad.
- Consenso. Se trata de una noción que, en teoría sociológica, suele vincularse a la obra de Comte, quien lo entiende como principio de equilibrio, de armonía, correspondencia entre los miembros de la sociedad. Durkheim en su Division du travail, lo equipara al “conjunto de condiciones morales y materiales que constituyen la base social de los contratos, en definitiva, fundamento moral de la división del trabajo, de modo que sería un requisito de la solidaridad en las sociedades modernas, además de la interrelación”.
Para De Lucas, cooperación y consenso son las nociones que tienen más posibilidad de sustituir la solidaridad en el campo de las ciencias sociales.
Según De Lucas, considerar la solidaridad como principio ético hace necesario afrontar, al menos dos problemas:
“El primer problema es que, en cualquier caso, el fin al que apunta la noción de solidaridad es el apuntalamiento […] de la aparición del nosotros, el colectivo, del grupo: si lo decisivo de la solidaridad es la idea de comunión, de unidad, de reconocimiento de similitudes sin las que resulta imposible el afecto, la ayuda y el esfuerzo y el sacrificio comunes, la insistencia en destacar esos rasgos comunes puede producir efectos perversos, desde la mera invención de los mismos hasta su “hallazgo” en la negación de rasgos “diferentes” y, por consiguiente, el recurso a la dialéctica […] En realidad no hay solidaridad en una sociedad cerrada, pues, en todo caso, se trataría de una relación incompleta de la solidaridad, que no puede ser, simultáneamente, auténtica y excluyente: la solidaridad como motor, por ejemplo, del chauvinismo nacionalista o de la ley del silencio en un grupo criminal, correspondería, desde el punto de vista regulativo, a un planteamiento erróneo”.
El segundo problema lo plantea así:
“… hasta qué punto cabe afirmar la existencia de tal identidad colectiva en sociedades en las que el grado de especialización del trabajo y la multiplicidad y complejidad de las relaciones sociales provocan tal heterogeneidad que indudablemente se arriesga a perder la integración / identificación / reconocimiento en el grupo: ¿cómo subsistirá la solidaridad en una sociedad plural y atomizada?. La cuestión, […] es cómo dilucidar los intereses de los otros que puedo (y debo) asumir como propios en aras del principio de solidaridad, sin quebrar el respeto a la identidad propia. O […] ¿hasta qué punto se puede ampliar en esas condiciones el círculo del nosotros?.
Las interrogantes de De Lucas parecieran justificar que el círculo en crecimiento del “nosotros” se detenga en el momento en que aparecen diferencias importantes entre potenciales usuarios del término; los grupos xenófobos y racistas circunscriben el término solo a ellos por defender justamente una identidad que niega la igualdad y la solidaridad cuando en paralelo, contradictoriamente, exigen respeto sin importarles el de “los otros”.
La Solidaridad es un valor transformador per se que hay que construir, no se decreta, debe construirse hasta lograr solidez en las relaciones personales de quienes lo hacen con la disposición de trabajar unidos en un nosotros en pos del objeto de la organización constituida.
Es básico que se le practique, no es posible admitir un acto como solidario sin que exista contraprestación es decir una respuesta acorde con el acto mismo; esto hace de él un “valor- practico”, concreto, verificable, no unilateral como la limosna entregada a un desconocido; está presente en infinitas actividades humanas y con mayor razón debería estarlo en las organizaciones que enfrentan problemas comunes ya que la solidaridad se perfecciona en la medida en que la reciprocidad y la responsabilidad mutua se plasman en una comunidad de intereses que la sostenga y desarrolle, para que un sistema socioeconómico y los entes que lo integren sean solidarios es necesario que la solidaridad como valor esté presente.
05.- EL NOSOTROS Y LOS SENTIDOS DE PERTENENCIA Y PROPIEDAD COMO EJES DE LA SOLIDARIDAD.
El “nosotros” y “los otros” son clave para precisar la frontera entre los deberes de Solidaridad y las otras exigencias que de ella se derivan, un punto de partida es establecer las diferencias entre las personas como base para el reconocimiento jurídico de la autonomía y la libertad.
De Lucas afirma que10
“el fin al que apunta la noción de solidaridad es el de la aparición del nosotros, el colectivo, del grupo: si lo decisivo de la solidaridad es la idea de comunión, de unidad, de reconocimiento de similitudes sin las que resulta imposible el afecto, la ayuda y el esfuerzo y el sacrificio común”
Ese reconocimiento es condición necesaria e indispensable para la convivencia y tolerancia, fundamento de toda sociedad que pretenda desarrollar la igualdad, la democracia y la solidaridad; él amerita condiciones concretas y perdurables en el sistema de valores adoptado y en la acción de las
instituciones, por ello la Solidaridad como valor no se proclama ni impone o decreta mediante instrumentos legales u órdenes, hay que construirlo; no basta con decir “Para efectos de la presente ley denominase Economía Solidaria al sistema socioeconómico, … ”11.
En las asociaciones realmente solidarias el reconocimiento del “nosotros” amerita condiciones concretas y perdurables en el sistema de valores que adopten; en las OES debe predominar el vocablo “nosotros” como elemento de integración ya que fortalece el sentido de pertenencia, sinónimo de sentirse parte de algo, se asocia a la satisfacción u orgullo de pertenecer a ese algo, en este caso a la OES concede soporte a la potencial solidaridad.
El sentido de pertenencia tiende a confundirse con el de propiedad, confusión que en el caso de una OES es comprensible y deseable ya que los asociados son sus propietarios. Ambos sentidos son mayores en los fundadores pues ellos transmitieron a la OES sus valores, diseñaron sus procesos, integraron personas a la organización y tejieron redes sociales con proveedores, clientes, comunidades y otras organizaciones, finalmente fueron celosos de su organización, puesta en marcha y funcionamiento, en otras palabras, constituyeron la Fuerza Fundante.
06.- ACERCA DE LOS TÉRMINOS SOLIDARIDAD Y ECONOMÍA SOLIDARIA.
El término Solidaridad tiene presencia en Europa desde la Edad Media y sirvió como eje al movimiento solidarista francés en el Siglo XIX, movimiento sin relación alguna con el curso dictado sobre la solidarité por Charles Gide en el Colegio de Francia y una “Escuela Solidaria” que según el profesor Henri Desroche, Director del Colegio Cooperativo de París, fue mencionada sin mayor referencia en un coloquio en Francia en 1890 junto a la Escuela Liberal, la de Economía Social, y una socialista que se fusionó con la de Economía Social.
Desde esa mención pareciera no existir otra sino un real vacío histórico del término en cuanto a economía hasta luego de la crisis del modelo de estado benefactor y el derrumbe del socialismo real, momento a partir del cual ha sido impulsado fundamentalmente por sectores cristianos excluidos a partir de la década de los 60s del pasado siglo.
Efectivamente, según un rastreo histórico del término realizado por Pérez Rodríguez de Vera, fue en 1963 cuando la Iglesia Católica inicia su difusión con la adopción de la expresión «solidarietas» con el significado de solidaridad, mediante la Encíclica Pacem in terris de Juan XXIII a propósito de las reflexiones sobre la verdad, la justicia, la solidaridad y libertad como las cuatro virtudes de las relaciones internacionales; y luego por Pablo VI con su análisis de la solidaridad como un hecho en la Encíclica Populorum progresio (1967).
A partir de ambas encíclicas continúa la adopción del término como centro de la Doctrina Social Católica y elemento nuclear de la sociedad por Juan Pablo II; la exhortación a crear movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo y con los hombres del trabajo de la Encíclica Laborem exercens (1981). Se agrega en 1987 la Sollicitudo rei socialis (1987), considerada la encíclica de la solidaridad, y en 1991 la Centesimus annus que examina la solidaridad como principio de organización social”17.
Siendo así, la amplia difusión del término por la Iglesia Católica en el último cuarto del siglo pasado, unida al surgimiento de novedosas formas organizacionales propias de enfrentar necesidades sociales por parte de numerosos colectivos en riesgo de exclusión social en Francia, España y algunos países iberoamericanos, así como la necesidad de variados activistas y autores con influencia católica de distinguir sus experiencias con el valor solidaridad, hicieron que el término Economía Solidaria (ESol) apareciese en el imaginario de la sociedad y en el discurso de las ciencias sociales desde ese lapso.
No es casual que su impulso provenga entonces de cristianos de movimientos de base tanto en Europa como en Canadá y América Latina y adquirido mayor presencia luego de la crisis del modelo de estado benefactor y el derrumbe del socialismo real; es de recordar que el término se proyectó mundialmente en los 80s gracias al movimiento obrero polaco Solidarnosc impulsado por Lech Walesa, movimiento que facilitó la caída del régimen pro-soviético en un país con alta densidad poblacional de católicos.
Lo señalado contrasta con la posición de algunos investigadores latinoamericanos de atribuir peso a este subcontinente en cuanto al término criticando el término Economía Social como eurocentrista cuando el de Economía Solidaria viene de las encíclicas de El Vaticano. El único toque latinoamericanista del término sería el concedido por Luís Razzeto al hablar de la Economía de la Solidaridad, que no es similar a Economía Solidaria.
Es de reconocer sí, que sus defensores le conceden al término dos condiciones políticas importantes: 1. – su uso en discursos de rechazo al neo – liberalismo; y 2. – las críticas a cooperativas adormecidas en cuanto a propuestas originales por la adaptación progresiva a la economía de mercado al ocupar espacios residuales no interesantes para las empresas de capital ni para los estados.
Por su parte el término Economía Solidaria contiene una metonimia o problema gramatical que se presenta cuando existe una identificación del continente con su contenido, existiendo un desplazamiento gramatical del contenido hacia el continente como sucede con la afirmación “tomarnos unas copas” en la que lo tomado es el contenido de las copas y no las copas mismas.
En él existe una clara identificación del continente (economía) con el contenido (solidaridad), identificación que solo será válida si en el continente existe solidaridad: ¿y si no es así?: ¿puede calificarse como de Economía Solidaria una organización que no contenga Solidaridad?.
Numerosas organizaciones son calificadas como solidarias pero no practican ese valor; a manera de ejemplo, cooperativas de ahorro y crédito, de consumo o de transporte utilizadas como cualquier banco, supermercado o línea de autobuses por sus asociados, sin importarles lo que suceda en su interior. Este evidencia una triste realidad: ¿por qué teniendo las OES condiciones para desarrollar solidaridad no lo hacen?.
En peor error incurren quienes utilizan el término como sinónimo de dar limosnas o de un capitalismo populista benefactor. También los gobernantes y legisladores que imponen este valor mediante leyes18, y los académicos que construyen cómodos binomios como “Economía Social y Solidaria” como en Colombia, o “Economía Popular y Solidaria” como en el caso ecuatoriano. Estos errores hacen sinergias negativas con otros; si lo que determina la pertenencia de una organización a la ESol es la construcción del valor solidaridad: ¿es apropiado hablar de propiedad solidaria, mercados solidarios y sistemas jurídicos solidarios?.
Finalmente, para alcanzar su plena realización la Solidaridad debe extenderse en lo interno en todas las instancias y actividades de la organización y trascender a la sociedad mediante oleajes sinérgicos como la intercooperación, la integración y la autogestión hasta generalizar e impregnar con Solidaridad otras organizaciones, sectores, regiones, la sociedad y, ojalá, el planeta mismo: Globalización de la Solidaridad. Estas consideraciones formuladas a la ESol son extensivas a cualquier organización calificada con un valor como de economía participativa, colaborativa, autogestionaria, democrática u otra, corren el riesgo de ser cascarones vacíos al carecer del valor asignado.
07.- LA ECONOMÍA SOCIAL Y SUS ORGANIZACIONES.
De las expresiones prácticas de asociaciones, mutuales y cooperativas consideradas surge el término Economía Social (ES). No es nuevo, tiene origen en el rechazo al naciente capitalismo de la Revolución Industrial y sus fuentes se remontan a las utopías y al entonces naciente asociacionismo obrero. Ya en 1830 Charles Dunoyer había publicado en París su Nuevo Tratado de Economía Social y en esa década se impartía un Curso de Economía Social en la Universidad de Lovaina, en Bélgica19. El término ha sido criticado por supuesta redundancia de lo social por aquello de que lo económico también es social pero sus defensores contraatacan afirmando que tal como está escrito señala que su objetivo principal es colocar lo económico al servicio de las personas.
Las actividades de las asociaciones, mutuales y cooperativas constituyen la base para calificar esta economía. Ellas: 1. – surgen cuando un grupo de personas identificadas y cohesionadas por la necesidad de enfrentar un problema común se asocian para hacerlo sin intermediarios, colocando el acento en las personas; 2. – desarrollan una gestión democrática sin preponderancia decisional de persona alguna y en las organizaciones de base funcionan bajo el principio de “una persona un voto”; 3. – de repartir excedentes lo haría sobre el valor de la equidad o sea de manera proporcional a lo aportado al excedente por cada asociado; 4.- como en ese reparto el excedente regresa a quien lo generó y no a otra persona, no existe lucro; y 5 – pueden prestar servicios a terceras personas pero los excedentes generados por ellas debe devolvérseles o utilizarse en actividades de beneficio común para asociados y comunidades como las educativas para no generar lucro.
Las tres expresiones organizacionales constituyen el núcleo básico de la ES, son las Organizaciones de la Economía Social (OES); se formula un concepto operativo20:
“La Economía Social es la resultante de las actividades económicas realizadas voluntariamente por conjuntos de personas naturales mediante organizaciones privadas como cooperativas, mutuales, organizaciones de voluntariado, asociaciones y fundaciones, en aras de satisfacer sus necesidades comunes y las de sus comunidades, produciendo bienes y servicios, asegurando o financiando sus actividades, y sin perseguir fines de lucro a través a través de empresas de propiedad colectiva y de gestión democrática”.
El análisis no queda allí. La lógica de las OES está íntimamente relacionada con la Responsabilidad Social, toda OES nace con una responsabilidad social: resolver el problema para el cual fue constituida y es para ello que constituye su capital, no para buscar ganancias, razón esta para no cancelar impuesto sobre rentas.
Por lo señalado, amén de su antigüedad y mayor difusión planetaria, por no caer en el terreno de la metonimia y en otras debilidades, y por poseer como condición objetiva el ser organizaciones constituidas para enfrentar problemas comunes concretos, el término Economía Social posee mayor coherencia y pertinencia. El único eje diferenciador entre la Economía Social y la Economía Solidaria es la construcción o no de Solidaridad; siendo así, la Economía Solidaria es el subconjunto de la Economía Social que realmente construye solidaridad21.
08.- HACIA LA VISUALIZACIÓN DE LOS VALORES.
Las reflexiones desarrolladas se centraron en la siguiente sucesión de valores: 1. – Individualismo; 2. – Colaboración; 3. – Ayuda Mutua, valor que al superar la encrucijada ¿lucro o no lucro? puede conducir a organizaciones capitalistas o de la Economía Social (OES); 4. – Asociacionismo, Mutualismo y Cooperativismo, trilogía constituyente de las tres formas básicas de OES; y 5. – Solidaridad como valor fundamental que toda OES debe construir para ser calificada como de Economía Solidaria.
El siguiente gráfico permite visualizar de manera ascendente la sucesión de valores.
Como recurso pedagógico, distinguir unos valores de otros en el justo momento de su aparición y entender la existencia de una suerte de jerarquía entre ellos contribuye a conceptualizar las actividades económicas que supuestamente lo practican con base en esa sucesión a manera de continuum: Economía Colaborativa, Economía Social y Economía Solidaria.
Con ese continuum de valores pudiera construirse una escala del grado de solidaridad en las organizaciones con sus respectivas variables e indicadores, que oscilase entre cero puntos (0) del individualismo extremo de un Robinson Crusoe y cien puntos (100) de experiencias con real desarrollo de la Solidaridad como la de los kibbutzim o las Ferias de Consumo de Lara en Venezuela y numerosas Cooperativas de Trabajo Asociado. Una escala como la propuesta permitiría determinar mediante una suerte de auditoría de valores, a cuál economía pertenece.
Esa escala facilitaría la comprensión, por ejemplo, de cómo una organización con forma jurídica de compañía anónima pudiese hasta ser de Economía Solidaria (ESol) y, por el contrario, cómo numerosas cooperativas son falsas o simplemente carecen de Solidaridad. Sería herramienta útil en la elaboración de los balances sociales de cualquier organización.
El recorrido no es lineal, pero, como recurso pedagógico, distinguir unos valores de otros en el justo momento de su aparición y entender la existencia de una suerte de jerarquía entre ellos, contribuye a precisar las economías y sus organizaciones también a manera de continuum.
– A MANERA DE CIERRE.
Lo señalado no menosprecia el hecho de construir utopías o sueños realizables referidos a sociedades como bien señalaba Desroche, en los que la Solidaridad sea eje transversal de las organizaciones, luceros que alumbran el camino.
No puede negarse el potencial transformador de la Economía Social y de la ESol como su subconjunto, ese potencial se sustenta en el peso político y movilizador que concede a amplios contingentes de mutualistas, cooperativistas, trabajadores y ciudadanos en general que luchan en el planeta por una sociedad diferente. Ellas son claves para cualquier propuesta de desarrollo centrado en las personas. Impregnar con valores las actividades económicas es, per se, una iniciativa transformadora de primer orden.
Finalmente, lo deseable es que ambas, al igual que la Economía Popular, dejen de ser comodines de regímenes estatistas, fascistas, populistas, militaristas u otros de corte totalitario. Ojalá, todas las OES construyesen Solidaridad y marcasen pautas para una globalización alternativa que trace reales emprendimientos autogestionarios y haga contrapeso a la globalización neoliberal dominante; de ser así, se coincidiría con las palabras de Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Paz del 1° de enero de 1998: «En definitiva, el desafío consiste en asegurar una globalización en la solidaridad, una globalización sin dejar a nadie al margen”.
NOTAS.
1 Max-Neef, Manfred; Elizalde, Antonio y Hopenhayn, Martí. Desarrollo a escala humana una opción para el futuro. Suecia: Cepaur. Fundación Dag Hammarskjold.1995.94
2 República de Colombia. Congreso de Colombia. Ley 1014 de 2006 de Fomento a la Cultura del Emprendimiento. Bogotá, 26/01/2006.
3 Ver Oscar Bastidas Delgado. Valores del Emprendimiento. De la Economía Colaborativa a la Solidaria Pasando por la Social. “XVI Congreso de Investigadores en Economía social y Cooperativa. Las Cooperativas y la Economía Social en un Entorno de Recuperación Económica”. Ciriec-España. Taller 1.- Innovación Social desde la Economía Social en un Mundo en Transformación. Valencia, España, 19 al 21/10/2016.
4 Robinson Crusoe es personaje central del libro con su nombre, escrito por Daniel Defoe en 1791; fue un joven que en su deseo de ser marinero se embarca en un viaje que termina con una tormenta, naufraga y vive 28 años en una isla deshabitada cerca a la desembocadura del río Orinoco (Venezuela) en la que sin colaboradores pondrá a prueba sus pericias para sobrevivir hasta que aparece Viernes, otro naufrago a quien salva la vida y trata como lacayo.
5 Gide, Charles. Cooperativismo. Bogotá: Publi-coop.1968.
6 Una expresión sencilla está en lo que en el mundo de las leyes se denomina la obligación solidaria; en ella todos los deudores se obligan “solidariamente y con la sola exigencia de resarcimiento de un préstamo a uno, debe responde por todos, extinguiéndose la obligación de exigirle al resto.
7 Ver Javier de Lucas. El Concepto de Solidaridad. Biblioteca de Ética, Filosofía del Derecho y Política. Distribuciones Fontamara, S.A. México, 1998. pp. 13 -35.
8 De Lucas, Javier. Ob. Cit.
9 El efecto del “reconocimiento de similitudes” y de la “insistencia en destacar rasgos comunes” debería investigarse en numerosos grupos cooperativos donde la vestimenta similar, la rotación en las actividades; el parecerse a los otros haciendo lo mismo, obedece más a una necesidad de aceptación por el grupo, muchas veces de falsas poses, antes que a la búsqueda consciente de rupturas de obstáculos organizacionales como el de la división del trabajo o el de la dualidad dirigentes -dirigidos que impiden reales aperturas autogestionarias.
10 De Lucas, Javier. Ob. Cit.
11 República de Colombia. Congreso de la República. Ley 454 de 1998. Bogotá. Art. 2º.
12 Ver Bastidas Delgado, O. (2020) La Identidad como guía de Acción de las Cooperativas. Amazon. LA IDENTIDAD COMO GUÍA DE ACCIÓN DE LAS COOPERATIVAS eBook: Bastidas Delgado, Oscar: Amazon.es: Tienda Kindle
13 Ver Gleizer, Aarón. La no sujeción de las cooperativas en el impuesto a las ganancias. En Revista Idelcoop. Año 2006 – Volumen 33 – N° 169. Pdf.
14 Esteller Ortega, D. (1986). El Acto Cooperativo. Consejo de Profesores Universitarios Jubilados UCV. Caracas. 1986.
15 Fue director de estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHESS) y del Colegio Cooperativo de París.
16 Bastidas Delgado, Oscar (2018). La Economía Social entre la Economía Popular y la Economía Solidaria. Aportes a la Identidad Organizacional. Editora Galaxia C.A. Caracas
17 Pérez Rodríguez de Vera, Isabel María. Itinerario de la solidaridad desde el pandectas de Justiniano hasta su incorporación en las diferentes disciplinas. https://www.um.es/tonosdigital/znum14/secciones/estudios-21-solidaridad.htm
18 Recuérdese a manera de ejemplo que la Ley 454 de 1998 de Colombia. Ob. Cit. reza: “Tienen el carácter de organizaciones
solidarias entre otras: …”.
19 Ver Jacques Defourny. “Orígenes, contextos y funciones de un tercer gran sector” en José Luís Monzón y Jacques Defourny.
Economía Social. Entre Economía Capitalista y Economía Pública. Ciriec -España. Valencia. S/f. pp. 17 -21.
20 Ver Oscar Bastidas Delgado. Economía Social y Cooperativismo. Una Visión Organizacional. Prólogo de Bernardo Kliksberg. Editorial Universidad de San Gil / Distribuidora Norma, Colombia. Mayo 2010. 385 p.
21 Ver Oscar Bastidas Delgado. La Economía Social entre la Economía Popular y la Economía Solidaria. Aportes a la Identidad Organizacional. Editora Galaxia C.A. Caracas 2018.
FUENTES.
Bastidas Delgado, Oscar. (Coordinador) et Al. (2005). Participación y Gestión Democrática de las Cooperativas. Informe Final del Comité de Investigación. UniRcoop,
———————— (2010). Economía Social y Cooperativismo. Una Visión Organizacional. Prólogo de Bernardo Kliksberg. Editorial Universidad de San Gil / Distribuidora Norma, Colombia.
———————— (2018) La Economía Social entre la Economía Popular y la Economía Solidaria. Aportes a la Identidad Organizacional. Editora Galaxia C.A. Caracas
———————— (2004) La Identidad cooperativa. Apuntes para un cooperativismo alternativo. Ponencia para el VIII Seminario Internacional de Unircoop. La Identidad de la cooperativa en el corazón de su éxito: Presentación de herramientas de gestión. Sherbrooke, 4 al 8 de octubre de 2004.
De Lucas, Javier. (1998). El Concepto de Solidaridad. Biblioteca de Ética, Filosofía del Derecho y Política. Distribuciones Fontamara, S.A. México.
Pérez Rodríguez de Vera, Isabel María (s/f). Itinerario de la solidaridad desde el pandectas de Justiniano hasta su incorporación en las diferentes disciplinas. Recuperado en https://www.um.es/tonosdigital/znum14/secciones/estudios-21-solidaridad.htm
República de Colombia. Congreso Nacional.(1988). Ley 454 de 1998. Bogotá.
Por: PROF. OSCAR BASTIDAS – DELGADO
UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA (UCV)
Consultor en Emprendimiento asociativo y diseño organizacional.
Economía Social y cooperativismo. Responsabilidad Social y Balance Social.
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