¿Código de buen gobierno cooperativo o Manual de buenas intenciones?
Contar con un código de buen gobierno para el sector de la economía solidaria es una oportunidad para evidenciar la transparencia de las entidades en su actuación de cara a las entidades públicas; pero mucho más importante, permite que sus asociados conozcan cómo las organizaciones afrontan los retos a los que se ven expuestas las cooperativas, fondos de empleados y mutuales.
Por: Julio Herrera, MSc. Economía Social.
Gerente de cooperativas y fondos de empleados
Las cooperativas y demás organizaciones con sólidos estándares de gobierno corporativo responden de manera más efectiva ante los riesgos que por carencia de confianza pueden quebrantar el desarrollo de sus actividades como cumplimiento del objeto social.
La circular 88 emanada por Supersolidaria debe velar también porque factores que son muy propios de las entidades de la economía solidaria sean medibles, hago referencia a aspectos como el cambio climático, y en general a variables que se enmarcan dentro de la sostenibilidad.
Resulta vital que no sólo las cooperativas rurales asuman responsabilidad sobre los temas ambientales, las cooperativas financieras también deben ser parte activa del impacto solidario del cuidado y del desarrollo medioambiental.
En un mercado tan competitivo como es el del ahorro y crédito, el buen gobierno se convierte en una herramienta para generar ventajas competitivas, cómo por ejemplo el de fomentar vía crédito la adquisición de artículos; en general es una invitación al desarrollo de las finanzas verdes.
El código de buen gobierno debe pasar del propósito a la acción, no debe convertirse en un informe más o en una tarea más por el mero de hecho de cumplir.
Hoy por hoy vemos que el sentido común no es precisamente lo que más brille dentro de las organizaciones. Resulta inconcebible que los informes de gestión se conviertan en una fuente de información vetada y de acceso restringido sólo para los asistentes a la asamblea o para grupos minoritarios; organizaciones de primer nivel de supervisión o fondos de categoría plena deben publicar información sobre las gestiones y actuaciones de sus administradores.
Sería interesante que se compilaran los resultados de la medición de los estándares del buen gobierno, empezando por conocer cuántas organizaciones decidieron adoptar el código y qué tipo de entidades lo hicieron.
¿Pero, qué hacer con la información resultante de la medición, tanto a nivel interno como externo?
El objetivo final, como ya lo mencioné, no debe ser un capricho documental debe verse como una herramienta estratégica que permita fortalecer la confianza, la transparencia y la sostenibilidad de la cooperativa.
Sobre una evaluación objetiva a nivel interno, las organizaciones pueden:
* Evidenciar conflictos de interés que impidan el desarrollo objetivo de las actividades de la cooperativa, fondo o mutual.
* Determinar acciones de mejora respecto a las concentraciones de poder o la permanencia más allá de los 6 años por parte de los directivos en los cargos.
* Proponer más y mejores mecanismos de control interno.
* Fomentar la participación activa de jóvenes en el gobierno corporativo.
* Actualizar sus políticas, estatutos y reglamentos.
* Fortalecer la ética y la cultura organizacional, a través de garantizar el acceso a la información a todos los asociados, desarrollar campañas de transparencia, rotar los roles de los directivos.
* Capacitar a los directivos y empleados en general en sus tareas y funciones propias.
* Mejorar procesos administrativos, rediseñar los manuales de operaciones, implementar indicadores de seguimiento y de evaluación a la gerencia y al consejo o junta directiva.
* Brindar a la asamblea y a todos los asociados un informe claro y transparente sobre cómo se está gobernando la cooperativa, qué actividades ejecuta el ente de control social.
Para las organizaciones, sobre todo las rurales, que se apalancan a través de financiación con ONGs, el contar con la medición del buen gobierno, les puede permitir:
·Contar con las buenas prácticas de gobernanza a través de las recomendaciones de la Supersolidaria, con ello se evidencia cuidado por su reputación institucional.
·Fortalecer las relaciones con aliados, financiadores y compradores, pues se evidencia que, a pesar de las limitantes propias por idiosincrasia o formación, son organizaciones serias, transparentes y cumplidoras de la norma.
Acceder a proyectos, alianzas, nuevos mercados.
·Notificar a todas las partes interesadas los resultados sobresalientes del gobierno corporativo.
·Compararse con otras organizaciones, tanto del sector como referentes del cooperativismo, permitiendo así identificar oportunidades de innovación cooperativa.
·Mejorar la imagen corporativa.
La medición del Código de Buen Gobierno es una herramienta poderosa que genera mejora de gestión, cultura, procesos y decisiones; además que mejora su reputación, confianza, acceso a alianzas y recursos.
Convertir estos resultados en acciones concretas es lo que transforma a la cooperativa en un modelo sólido, transparente y sostenible.









