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julio 18, 2024
COOPERATIVO Y SOLIDARIO OPINIÓN

LA URDIMBRE DE LAS DIFERENCIAS: Proclama por la Unidad

Por: Guillermo Arboleda Gómez

enero de 2023

 

Una red es un tejido de múltiples colores, una telaraña invisible que se conserva conectada inexorablemente no obstante sus diferencias, con conexiones improbables, o parentescos insospechados.

Hoy el cooperativismo y los cooperativistas tienen una base común o nexo a priori, la convergencia de valores y principios consagrados en su identidad, como aquello que nos debe unir, que es más fuerte que cuestiones circunstanciales, o discriminaciones insensatas o encasillamientos indebidos o diferencias personales, dadas las diversas posturas frente a la vida, la sociedad y la política.

El gen Humano es universal y no se modifica por su actuar en uno u otro modo de producción o modelo económico como lo es el cooperativismo. Existe un permanente acoso u hostigamiento supino, de unos grupos frente a otros, producto de inconfesables intereses y posturas obcecadas derivadas de creencias y paradigmas culturales que nos dividen y fraccionan a ultranza, en contravía de lo que es la unidad que nos compromete desde la doctrina cooperativa.

En lugar de discutir un razonamiento, se le reduce a un juicio de pertenencia al otro, y el otro es sinónimo de enemigo. Y este modelo se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo.

Pero el mundo cooperativo es mucho más amplio y undívago que los desencuentros tan connaturales al gen universal humano, porque los acoge a todos por igual y sin ninguna diferenciación, con la única estipulación de respetar su identidad, inscrita en su filosofía básica, que nos recuerda que podemos sentirnos amparados y tratados como semejantes con personas nacidas en distintos lugares, de otras culturas y con otras inquietudes, creencias y posturas políticas.

Hay cosas más importantes, que alimentar nuestra separación y nutrir odios, por disentimientos inocuos, siempre inferiores a una filosofía
trascendentalmente humanista, plena de valores morales. Decía Homero que antes se cansan los seres humanos de comer, cantar, bailar y festejar que de hacer la confrontación, el conflicto, la guerra.

Nuestra existencia es estructuralmente relacional, por eso existir es coexistir, no hay yo sin otro, y la doctrina cooperativa la apuntala en línea directa con ese inefable y esencial postulado de la vida. La recurrente fractura de la ecuación doctrina y práctica debe superarse para cumplir en la praxis el principio de la integración, para vencer ese connotado aforismo que nos señala que cuando los mismos problemas se eternizan, no tienen solución, sino historia.

Ninguna frontera vale más que nuestros intereses colectivos y el buen vivir de nuestra sociedad, por eso se nos impone trabajar en relacionar y unir urdiendo  y tejiendo los hilos de las diferencias en una red de integración, en todos los niveles de las organizaciones sociales y solidarias, como el principal motor de nuestras luchas y nobles aspiraciones para recuperar la utopía extraviada de ligar lo disperso.

Tenemos muchos rasgos, sentimientos y pertenencias simultáneas no necesariamente conflictivas, sin embargo, cuando nos centramos en el poder radical, aupamos e irrespetamos las diferencias, sacrificamos la unidad, el colectivo. Es interesante ser comprensivos y fomentar un debate respetuoso, sin atacar. Esto implica asumir ideas de gente en desacuerdo con nosotros y no creer que necesariamente lo hagan por molestar, dinamitar u obstaculizar, sino porque nacen con un bagaje distinto al nuestro. Así las cosas, el respeto es el respeto a la diferencia.

El cooperativismo no puede ser cada vez menos cooperativo, porque eso nos convierte en un sector en regresión. La profundidad de la crisis de integración del sector no es atribuible a causas externas, sino internas. La búsqueda del colectivo tanto de una comunidad como del cooperativismo pasa por conciliar para aplastar posiciones sesgadas y discriminatorias, derribar barreras y obstáculos para trabajar con quien te compite, o no te agrada, o no tienes confianza, y enfrentar con entereza y solidez los problemas que nos plantea un mundo tan turbulento y discontinuo, en una sociedad tan fragmentada y dispersa, que describe muy bien Estanislao Zuleta, cuando dice que: “…somos
una multitud de tragedias separadas…”, que aplaste desencuentros, y silencie la miseria del aislamiento, de la separación, porque esa miseria es más triste que todas, porque es la miseria sin esperanza.

La red de integración apunta a un cambio de funcionamiento en la comunidad de los hombres, que abre una posibilidad infinita de un crecimiento con desarrollo y lograr otra sociedad posible, más equitativa e incluyente.

Personalmente, he sentido el apoyo de las comunidades a las que me he acercado para propiciar su integración en redes colaborativas y me han rodeado y eso me da cierto optimismo, por ello hay que seguir alimentando mi póthos o deseo de lo ausente, aún no satisfecho, que se resume muy bien en este adagio, pensamiento moral o consejo latino, “Sparsa Colligo”: reúno lo disperso

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