AL DÍA COOPERATIVO Y SOLIDARIO Documentos OPINIÓN

El futuro del cooperativismo es su pasado

“Los valores morales se pierden sepultados por los económicos” Luis López Aranguren.

Por:

Guillermo Arboleda Gómez.

Agosto 15 de 2021

Es una paradoja, pero es una verdad irrefutable, puesto que la gran distinción del cooperativismo, es su riqueza moral sustentada en una clara identidad, vilipendiada por la incoherencia entre la doctrina que nos indica el camino correcto desde hace casi 180 años, solo expuesto en el discurso altisonante, y una práctica masiva aún en deuda, producto de la infidelidad flagrante a ella, por muchos de sus dirigentes en este país.

Por eso regresar, desde la práctica y no desde la retórica empalagosa y sofista, al núcleo rector filosófico del cooperativismo escrito en el pasado, es su futuro.

Lo anterior no quiere decir que el sector solidario no tenga una larga historia en Colombia, en 2021 serán 90 años de la existencia de la ley del cooperativismo, con realizaciones para mostrar, en número de asociados, en presencia territorial, en participación en distintas actividades económicas, en asociación gremial.

El asunto es que tiene asignaturas pendientes pertinazmente aplazadas, como la de impactar de manera más eficaz en la transformación integral de la economía y la falta de  una presencia más equilibrada de los distintos sectores económicos (hoy el cooperativismo con actividad financiera es el protagonista central), así como en los territorios, en sus comunidades y, sobre todo o para ello, la de integrarse económica y estratégicamente en redes de colaboración solidaria, buscando afinidades y complementariedades para actuar como un todo que sea mayor a la suma de sus partes.

Es una realidad que, aunque las cooperativas se reproducen muy bien así mismas de manera individual y satisfacen a su base social, no modifican la economía en general, siendo aún muy baja su participación en el PIB nacional, aparte de una escasa integración de tipo económico, y una precaria presencia en los sectores de producción y en especial de distribución y consumo. Lamentablemente no hay ningún sistema de integración del sector que ordene el proceso de crecimiento equilibrado de la República Cooperativa. A propósito, Charles Gide, en sus Principios de Economía Política, es claro al respecto:

“Las sociedades de consumo sobre todo tratan de absorber en ellas todas las demás formas y de realizar una especie de República Cooperativa en la que toda la dirección de la producción pasaría a manos de los consumidores, lo cual no sería ciertamente una revolución insignificante”.

Las fuentes nutricionales para construir el futuro están en su identidad fundacional; desde la cual no sólo encontrará formas de resistencia a una propuesta económica capitalista basada en la competencia despiadada, que crea una desigualdad descomunal en nuestra sociedad, en la supremacía del mercado consumista y en una cultura enajenada que tiende a banalizarlo todo; sino reinterpretando el proceso económico en los que se pueden encontrar estructuras organizativas propias y originales para influir sobre verdaderas transformaciones sociales. Esas fuentes sin duda serán más eficaces desde la integración en red.

Volviendo al tema, el futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen, sabiendo que éste no se puede predecir, ni siquiera sabemos que pasará mañana, por ejemplo, la pandemia nos demostró que lo inimaginable puede aparecer en la sala de nuestras casas sin darnos cuenta: la biología en forma de virus se propagó con tal rapidez que desnudó la colosal vulnerabilidad y fragilidad del ser humano, demostrando que el mundo sí es global, y que un problema generado en las antípodas, es un problema en todos lados. De un día para otro, 2.600 millones de habitantes pasaron a estudiar y a trabajar por medios virtuales, lo que nos indica que la humanidad bajo presión cambia rápidamente, el problema es que hoy muchos creen erróneamente que lo global pasa en otra parte.

El futuro no se adivina, pero se puede construir, y esta es otra de las tareas pendientes del sector cooperativo, estar siempre a tono con lo que vendrá, estudiando, investigando, “respirando el mundo” y estando informados de las megatendencias que regirán el porvenir. La única manera de lograrlo es inexorablemente con información, lo demás es improvisación y superchería. El cuidado que se debe tener es que ante semejante abundancia y exuberancia de pseudo información, la claridad sobre ella es el verdadero poder para fabricar el futuro.

Es erróneo decir que la única constante es el cambio, porque hay cosas que no se pueden cambiar, como aquellos códigos eternos inscritos en nuestra doctrina humanista y solidaria del pasado y eso es lo que hay que conservar y exacerbar en la praxis. Los valores y principios solidarios y cooperativos deben convertirse realmente en el motor de nuestras luchas. Desconocer nuestra identidad, copiar esquemas ajenos, solo contribuye a confundirnos y a hacernos más desconocidos, menos diferentes. La pérdida de nuestros rasgos originales nos va haciendo aptos para la clonación. 

La paradójica combinación entre conservar y cambiar se debe aplicar en el sector cooperativo, y es inexorable para enfrentar esta policrisis mundial, que parece un festival de incertidumbres. Las empresas más exitosas del mundo, en investigaciones que se han realizado, tienen como gran diferencial para perdurar, su capacidad de acompañar el progreso y cambiar, pero siempre preservando desde la práctica su propósito y valores esenciales.

Nuestra mejor innovación es volver al origen. Hacia el futuro el cooperativismo debe girar a su pasado fundamentado en las hermosas bases morales de su filosofía, siendo fieles practicando su identidad, y hacia adelante debe cambiar su endémica postura reactiva y pasiva, para ponerse a tono con las megatendencias que definirán lo que vendrá.

Post Scriptum: En un próximo artículo precisaremos cómo construir el futuro en el sector cooperativo, en el ambiente de la denominada modernidad líquida.

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