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marzo 4, 2024
Alveiro OPINIÓN

La estrategia educativa solidaria de M. Coady

El movimiento Antigonish

Por: Alveiro Monsalve Z.

Consultor

 

<BODY TEXT> Los procesos de transformación social requieren diversas estrategias pedagógicas de aprendizaje para lograr, en primer lugar, cambios en la cultura de una sociedad, en las prácticas de producción y de trabajo, en las formas de relación entre las personas que la integran y en el desarrollo de las nuevas habilidades humanas para enfrentar los cambios del futuro.

 

En Antigonish, un pequeño poblado en la Isla Nueva Escocia de Canadá comenzó a inicios del siglo XX una poderosa estrategia educativa que integró sabiamente el trabajo productivo, el ahorro grupal y las buenas prácticas de comercio de los inmigrantes europeos, con la integración familiar, los clubes de estudio, la pedagogía crítica y la formación emprendedora de campesinos y obreros que luchaban a diario contra las inclemencias del frío mar nórdico en las provincias costeras del oriente canadiense.

 

Fue en Antigonish, un pintoresco pueblito con sabor inglés, a diez horas en carro desde Quebec, donde se originó en los años 30 del siglo pasado el que hoy en día se denomina en varios países del mundo, “Movimiento social cooperativo Antigonish”, gracias a la visión, compromiso y entusiasmo del padre Moses Michael Coady.

 

Este movimiento social, altamente pedagógico con sus prácticas educativas, ha demostrado su acierto en la educación de adultos cooperativistas, en el uso de las microfinanzas para pequeños emprendedores y en el desarrollo de comunidades rurales, ante todo las pequeñas, las que viven de sus propios recursos y buscan de modo cooperativo el mejoramiento sostenible de su calidad de vida.

 

La historia comenzó en la antigua Universidad San Francisco Javier de Antigonish, cuando en 1910 llegó a ésta, desde Roma, el recién ordenado sacerdote M. Coady. Allí estudiaban hijos de inmigrantes obreros y campesinos, venidos de Europa, casi todos ingleses, irlandeses y franceses. Los inmigrantes llegaban a las costas marítimas animados por el futuro de sus familias, lo que los movía a conseguir fortuna mediante la pesca de langosta, bacalao y salmón o a través de explotaciones madereras, minería, ganado, o cultivo de fresas, manzanas y patatas.

 

M.M. Coady, metido en su sotana negra, alto, corpulento, de frente amplia, se veía como un joven activo de rostro expresivo y entusiasta. Su voz armoniosa y sus palabras elegantes pero sencillas, era convincentes en todas sus determinaciones. Con el tiempo se fue destacando como un gran orador entre la comunidad católica de Nueva Escocia, sobre todo después de recibir del Vaticano el grado de Monseñor en 1946.

Monseñor, Moses Michael Coady, escribió el libro“Dueños de su propio destino”. Donde sentó las bases para el movimiento social, altamente pedagógico con sus prácticas educativas, ha demostrado su acierto en la educación de adultos cooperativistas.

Coady comprendía muy bien las necesidades e intereses de los campesinos y obreros de las provincias marítimas. Es que había nacido en una granja, en 1882, en la misma región donde ahora trabajaba y se crió haciendo labores del campo como buen descendiente de una familia católica irlandesa. Hijo mayor de doce hermanos, desde muy joven al regresar de sus estudios en Roma, comenzó su preocupación por el alto número de jóvenes que se quedaban sin empleo en las fábricas de acero o en las minas de carbón de la Isla canadiense y que por esta razón tenían que migrar a Boston a trabajar en servicios domésticos o en el comercio callejero.

 

Cuando aún no había cumplido sus treinta años, después de hablar largamente con su primo el Padre Jimmy Tompkins –hombre clave para el Movimiento de Antigonish-, el Padre Coady decidió prepararse con el máximo ahínco para ayudar a sus coterráneos en la organización de empresas productivas y rentables, de tal manera que tuvieran una buena razón para permanecer felices en la tierra.

 

En la Universidad San Francisco Javier, un poco antes de la crisis mundial capitalista de los años 30, se respiraba un agitado ambiente de cambio y sensibilidad social entre los estudiantes y profesores. Esto propició el comienzo de una extensiva educación para adultos, pedagogía para las personas del común, la Escuela del Pueblo, estableciéndose así, como nueva estrategia de aprendizaje colaborativo, una conexión entre la alta educación universitaria y la educación popular, muy novedosa en esa época.

 

Comenzó entonces M. Coady su trabajo social a la edad de 47 años, como director del Departamento de Extensión: impulsando una nueva cultura de organización económica y social –inspirada en la Rerum Novarum- entre los pescadores marítimos, los taladores de madera, los obreros de las minas, los granjeros y los campesinos agricultores de toda la península de Nueva Escocia. “El principio de la reforma social fue la reforma económica”. Esto fue clave desde el comienzo en la orientación del movimiento de Antigonish.

 

Buen número de sacerdotes católicos vinculados a la Universidad San Francisco Javier, se comprometieron por esa época con la acción educativa para adultos por medio de la cooperación económica asociativa. Además del P. Coady, que tenía profundas convicciones basadas en el cooperativismo puro de los Pioneros de Roschdale, sobresalieron Alexander Thompson, alumno de Juan Bosco en Italia, McPherson y M.Thompkins, y el Padre Joseph Alexander MacDonald, quien ayudó a consolidar el cooperativismo de Puerto Rico y que fue a su vez entusiasta apoyo del gran cooperativista colombiano Francisco Luis Jiménez, maestro de maestros.

Todos ellos encontraron en los Clubes de Estudio, en las Asambleas de discusión y análisis, en los trabajos de equipo para encontrar soluciones colectivas a los problemas económicos, en los Círculos de Ahorro o de Consumo, promovidos también por el Movimiento Desjardins, y en las novedosas experiencias educativas entre adultos -donde los que más sabían ayudaban a los que menos sabían-, la filosofía básica que dio proyección internacional al Movimiento cooperativo de Antigonish.

 

A sus setenta y pico años, Monseñor Coady, -“con alma de poeta y mente de matemático”- después de sufrir un pre infarto que menguó su vitalidad, comenzó a escribir un  libro maestro, lleno de sabiduría, digno de leer por todo cooperativista, sobre su experiencia incomparable sobre el movimiento Antigonish, que títuló “Dueños de su propio destino”. A lo largo de sus páginas es posible descubrir los secretos del bienestar social de la gente trabajadora alcanzado mediante la educación para adultos, la participación de la comunidad y el progreso autónomo de su organización económica a través de cooperativas.

 

Con base en su propia experiencia, M. Coady sentó las bases de lo que sería el Movimiento social Antigonish a nivel mundial, inspirado en las prácticas cooperativas de los Pioneros de Rochdale:

 

  1. El ser humano está por encima de todo.
  2. Reforma social a través de la educación.
  3. Educación pertinente con la realidad económica.
  4. Educación a través de grupos de acción
  5. Reforma social para cambiar las instituciones
  6. El propósito es lograr bienestar y vida plena y abundante para toda la comunidad.

 

Los Clubes de Estudio se han utilizado ampliamente en África, el Caribe, Latinoamérica y el sur de Asia, particularmente en las aldeas de las zonas rurales. Su metodología, enfoque pedagógico y positivos resultados prácticos han demostrado que de ese modo se puede transformar la vida de muchas comunidades.

 

En Colombia, en 1958, Rymel Serrano Uribe y Carlos Uribe Garzón, dos cooperativistas de máximo nivel que habían tenido estrecha relación con M. Coady, fundaron el “Instituto de Estudios Cooperativos M.M. Coady”, cuyo nombre fue cambiado posteriormente por “Instituto de Economía Social y Cooperativismo – Indesco”, de donde a su vez surgió la actual Universidad Cooperativa de Colombia.

 

Una experiencia similar fue la del sacerdote Ramón González Parra, vivo aún, que aplicó con el mayor empeño durante cuatro décadas, hacia los años 60, la metodología participativa de Antigonish. Orgullo del cooperativismo santandereano, es digno de conocer hoy día, este solidario proceso de transformación económica, social, cultural y ambiental que transformó la provincia de Guanentá, sobre todo San Gil y El Socorro, con el apoyo de Sepas-Coopcentral.

 

Al morir M.M. Coady en 1959, la Universidad San Francisco Javier creó el Instituto Internacional Coady, existente hoy día, con el propósito de fortificar la pedagogía educativa de Antigonish en todo el mundo.

 

En Colombia, hay que volver sobre estas raíces, tal vez haciendo uso de las Tecnologías de Información y Comunicación, con jóvenes líderes actuantes y participativos, que tengan talento para trabajar con comunidades urbanas y rurales y que sean capaces de desarrollar nuevos modelos de cooperación asociativa e incluyente, en el mundo actual.

 

Antigonish, un pintoresco pueblito con sabor inglés, a diez horas en carro desde Quebec.

 

 

 

En Colombia, en 1958, Rymel Serrano Uribe y Carlos Uribe Garzón, dos cooperativistas de máximo nivel que habían tenido estrecha relación con M. Coady, fundaron el “Instituto de Estudios Cooperativos M.M. Coady”, cuyo nombre fue cambiado posteriormente por “Instituto de Economía Social y Cooperativismo – Indesco”, de donde a su vez surgió la actual Universidad Cooperativa de Colombia.

 

 

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