“Si el sector cooperativo no reacciona, en 10 años desaparece”: Jhon Susa Hernández
El veterano tecnólogo, socio de Enterprise Business Solutions – EBS y vicepresidente de ALIAR, narró cómo pasó de una tesis fallida sobre redes neuronales en 1991 a correr el mismo algoritmo en tres minutos desde la nube. Su diagnóstico para el cooperativismo latinoamericano es contundente: no se trata de adoptar tecnología por tecnología, sino de educarse para aplicar inteligencia artificial con ética, propósito y urgencia.
Hace 33 años, cuando hablar de inteligencia artificial sonaba a ciencia ficción, un joven John Susa Hernández y su socio de aventuras tecnológicas se graduaban en la Universidad Nacional de Colombia con una tesis que hoy podría considerarse visionaria: una red neuronal para selección de personal.
El problema, recuerda con una sonrisa, es que nunca funcionó.
“Lo corrimos en un IBM 360, el computador más grande que había en esa época. Hoy ese equipo tiene menos capacidad que cualquier celular que tengamos en la mano. El algoritmo no corría. Se caía después de ocho horas de procesamiento. Lo intentamos durante seis meses, y nunca pudimos hacerlo funcionar” , relató Susa en una entrevista con Gestión Solidaria.
La historia, sin embargo, da un giro inesperado hace apenas cuatro años, cuando Susa Hernández tuvo la oportunidad de realizar una especialización en inteligencia artificial en el MIT. Allí, movido por la nostalgia y la curiosidad, rescató de un viejo disquete, el algoritmo de su tesis. Tuvo que viajar a Unilago para
conseguir una unidad de disquete, pero lo logró. “Lo corrimos en Colab, la plataforma de redes neuronales de Google. Corrió en tres minutos. Y funcionó. Lo bueno es que funcionó” , dijo.
Esa chispa, ese contraste entre el fracaso de los 90 y el éxito inmediato en la nube, se ha convertido en la metáfora perfecta de lo que el ingeniero intenta transmitir hoy al sector cooperativo latinoamericano: el problema no es la tecnología, ni su disponibilidad; el problema es el momento (timing) , el liderazgo y, sobre todo, el propósito.
El cooperativismo, ¿paquidérmico?
G.S. ¿El sector solidario es rígido o lento para adoptar tecnología?
Susa no duda: – “Sí”. Pero matiza. “Llevamos más de 30 años en el sector cooperativo, lo queremos mucho. Pero nuestro ‘disco duro’ , nuestro cerebrito, va a un ritmo que no necesariamente va con el de la tecnología” , admite. Sin embargo, añade que ya hay experiencias alentadoras en Costa Rica, Panamá y República Dominicana, donde el ejercicio de entendimiento entre tecnología y cooperativismo ha mejorado notablemente.
En cambio, advierte que en algunos países del sur de la región, el foco sigue estando más en lo social que en lo tecnológico, mientras que Colombia, a su juicio, se ubica en un punto medio.
“En los últimos cinco congresos latinoamericanos de cooperativas ya mencionan la necesidad de la transformación digital. Ya vamos tarde, pero ahí vamos”, sentenció.
Una de las preocupaciones que expresó Susa es el uso frívolo de las nuevas herramientas. Ver a “niños de colegio” pidiéndole a ChatGPT que les haga una carta
le parece un gasto absurdo de recursos. Lo importante, insiste, es el propósito.
“Tú puedes tener una inteligencia artificial para que te haga la entrevista, o puedes tener una inteligencia artificial para que sea más sensata la pregunta que
vamos a hacer. Eso es diferente: lo que quiera hacer versus lo que deba hacer” , explicó.
Para canalizar ese deber ser, el ingeniero y su equipo han diseñado una metodología que denomina IACOOP (Inteligencia Artificial, Cooperativismo y Laboratorio).
No se trata de construir herramientas desde cero, sino de que cada cooperativa se convierta en su propio laboratorio para configurar una inteligencia artificial
que realmente ayude al asociado.
“No es que construyas herramientas, sino que cómo tu cooperativa es el laboratorio para que configures una IA que realmente ayude al asociado” , dijo.
Más allá del crédito: el beneficio social tangible Susa Hernández criticó la tendencia del sector a competir con la banca tradicional únicamente en tasas de interés. A su juicio, ese es un error estratégico.
“Si tú implementas –y ya tenemos montada una plataforma que se llama BeneficioCoop–, puedes valorar no solamente el crédito o el ahorro, sino el beneficio social, el auxilio, las herramientas de educación, los convenios. Le das un valor tangible a eso y lo puedes mostrar a cualquier asociado” , detalla.
Esa valorización, explicó, se puede desplegar a través de un chatbot o un asistente virtual que muestre “todas las grandes caletas (entradas) que tiene una entidad cooperativa”. En otras palabras, usar la IA para hacer visible el diferencial cooperativo, no solo para agilizar procesos internos.
Cobranzas personalizadas, asesores legales inteligentes y actas automáticas
Susa Hernández explicó casos concretos que ya están en marcha o son perfectamente viables:
Cobranza inteligente: En lugar de llamar a todos los morosos a los dos días, la IA puede analizar el historial de pago de cada asociado y determinar quién necesita un recordatorio, quién una llamada de advertencia y quién ninguna. “Si el señor paga siempre el día 10, ¿para qué lo llamas el día dos? Lo llamas el día 10 si no ha pagado. Y te ahorras la llamada” , explicó.
Asesor legal virtual: Cargando los estatutos de la cooperativa y la legislación aplicable en una herramienta como Notebook LM de Google, se puede obtener un asistente que responda preguntas básicas. “No vamos a suprimir al abogado, para nada, pero sí voy a permitir tener una guía inicial” , dijo.
Actas de consejo automatizadas: el ingeniero señaló que mediante IA, se captura la conversación en tiempo real y al finalizar la reunión genera el acta, las tareas pendientes y un resumen de indicadores.
“Con 10 dólares al mes tienes una suscripción para hacer todas las actas que necesites” , afirmó.









