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abril 29, 2026
Al Día MUNDO

SanCor: el ocaso de la cooperativa que fue símbolo del desarrollo lácteo argentino

La histórica firma, fundada en 1938 en Sunchales, fue declarada en quiebra en abril de 2026 tras años de deterioro financiero, conflictos gremiales y decisiones políticas fatales. Llegó a procesar 4,6 millones de litros diarios y a emplear más de 5.000 personas. Hoy, solo quedan 914 trabajadores y una marca icónica cuyo futuro es incierto.

Por: Redacción Gestión Solidaria

El gigante que alguna vez lideró la industria

Durante décadas, SanCor Cooperativas Unidas Limitada fue mucho más que una empresa láctea. Fue un pilar del entramado productivo del interior argentino, un modelo cooperativo que articuló a cientos de tamberos (establecimiento ganadero), la industria procesadora y el consumo masivo. Su identidad cooperativa le dio escala y la convirtió en un símbolo de desarrollo nacional.

Fundada en 1938 por 16 cooperativas “cremeras” pioneras de Santa Fe y Córdoba (Argentina), su objetivo inicial era comercializar manteca para la exportación. El modelo del “esfuerzo propio y ayuda mutua” impulsó un crecimiento virtuoso que, en su esplendor, la llevó a procesar 4,6 millones de litros de leche diarios (1994), contar con 16 plantas fabriles distribuidas en distintas provincias y emplear a más de 5.000 trabajadores.

Pero esa misma estructura cooperativa, que durante años fue su fortaleza, terminó convirtiéndose en una limitación frente a un contexto cada vez más exigente. Entre cambios de mercado, decisiones financieras complejas y conflictos internos, la empresa fue perdiendo competitividad hasta entrar en una espiral de deterioro que culminó en su quiebra.

La herida mortal del acuerdo con Venezuela

El declive no fue repentino. La crisis de 2001 ya había dejado tambaleando a la cooperativa, con deudas crecientes y una administración calificada como “desprolija”. Pero el golpe definitivo llegó en 2006, cuando el entonces presidente Néstor Kirchner intermedió para que la Venezuela de Hugo Chávez le otorgara un adelanto de 80 millones de dólares a cambio de leche en polvo y tecnología.

Ese salvataje permitió cancelar parte de una deuda que ascendía a 200 millones de dólares con entidades como CFI, Rabobank, Citibank, HSBC, Banco Nación, Credicoop, Supervielle y el Banco Santa Fe. Sin embargo, el acuerdo se convirtió en un boomerang: cuando Venezuela entró en default, cesó sus pagos y acumuló una deuda que llegó a superar los 39 millones de dólares. Hoy, 18 millones siguen pendientes de cobro y con perspectivas de quedar impagos.

Fue, en palabras de exdirectivos, “el golpe en la línea de flotación” de un barco que nunca más volvió a estar bien a flote.

Pérdida de competitividad y conflictos internos

En 2009, SanCor procesaba todavía 3 millones de litros diarios y se mantenía en el segundo puesto nacional, solo detrás de La Serenísima. Pero una sucesión de malas administraciones y conflictos gremiales comenzó a erosionar la estructura cooperativa.

La compañía perdió terreno frente a competidores más ágiles y con mayor capacidad de inversión, como La Serenísima y Adecoagro. La disminución de la producción fue progresiva y constante.

En un intento desesperado por mantener la operación, SanCor inició un proceso de ajuste que incluyó:

  • Venta de bienes estratégicos

  • Cierre de plantas fabriles

  • Reducción drástica de personal

Estas medidas generaron ingresos de corto plazo, pero implicaron una pérdida de escala que debilitó aún más su posición en el mercado. Con pasivos crecientes y sin capacidad de refinanciación, la empresa mantuvo costos elevados para un volumen de producción en caída.

A esto se sumó la dificultad para atraer inversiones externas, en parte por su naturaleza cooperativa y por la falta de una estrategia clara de reconversión.

El factor gremial: paros, leche tirada y tensiones

Uno de los capítulos más lamentables de esta historia fue la creciente conflictividad laboral. Héctor Ponce, líder de Atilra (Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea Argentina), protagonizó paros intransigentes que derivaron en escenas dolorosas para el sector: leche literalmente tirada al piso.

Las tensiones afectaron la continuidad operativa y profundizaron la caída productiva. Los tamberos, cansados de la incertidumbre, comenzaron a buscar mejor precio y seguridad en los pagos de otras empresas lácteas, que fueron creciendo hasta hacer “desaparecer” a SanCor de los rankings del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA).

Del concurso preventivo a la quiebra

En febrero de 2025, la empresa recurrió al concurso preventivo de acreedores. El objetivo era reordenar su situación financiera y ganar tiempo para encontrar inversores o compradores. Sin embargo, la magnitud de la deuda —que rondaba los 120 millones de dólares— y el deterioro operativo hicieron inviable cualquier solución de fondo.

Hubo intentos políticos de rescate, desde el gobierno de Mauricio Macri hasta el de Alberto Fernández con Sergio Massa a la cabeza. Incluso se especuló con una intervención del Banco Nación. Pero nunca llegó la “inmolación financiera” que la cooperativa necesitaba.

Finalmente, en abril de 2026, la Justicia declaró la quiebra de SanCor, marcando el cierre de una etapa para una de las compañías más emblemáticas del país.

¿Qué queda de SanCor?

Hoy, la cooperativa procesa apenas el 20% del volumen productivo de sus mejores épocas. Emplea a 914 personas en relación de dependencia, menos de una quinta parte de los más de 5.000 trabajadores que llegó a tener. Todas ellas esperan con incertidumbre cómo se resolverá su situación laboral.

El futuro de los activos es incierto. Es probable que las distintas plantas sean adquiridas por terceros. Más allá de las instalaciones, otro de los activos más valiosos es la propia marca SanCor, que mantiene un gran reconocimiento y peso comercial: los consumidores la asocian a productos de primera calidad.

Irónicamente, desde el gremio que lidera Ponce coquetean con la idea de quedarse con la empresa. Su propuesta actual es que la quiebra abra el paso a una sociedad anónima, con la misma marca, pero conducida por su gremio. Una suerte de “vaca lechera” para mantener sueldos y bonos sindicales que, críticos aseguran, ya no guardan relación con los ingresos reales de la producción.

Lecciones para el cooperativismo

El caso de SanCor resuena como una advertencia para todo el sector cooperativo. Mientras en el mundo existen ejemplos exitosos como Fonterra en Nueva Zelandia (fundada en 1920 y que aún marca el pulso global del precio de la leche), la experiencia argentina demuestra que:

  • La estructura cooperativa no es por sí misma garantía de éxito.

  • La injerencia política puede salvar temporalmente, pero también condenar a largo plazo.

  • Los conflictos gremiales no resueltos erosionan la viabilidad operativa.

  • La falta de inversión y modernización tecnológica abre brechas insalvables frente a competidores más ágiles.

  • Y sobre todo: cuando los productores pierden confianza y se van, el negocio lácteo simplemente se desangra.

SanCor tuvo 88 años de historia. Un gigante que supo ser pionero, que llegó a exportar manteca a los mercados más exigentes, que llenó de orgullo a generaciones de tamberos y queseros. Pero también un gigante con pies de barro, que no supo o no pudo adaptarse a tiempo.

El cierre de esta cooperativa no es solo el fin de una empresa. Es el fin de toda una etapa del cooperativismo lácteo argentino.

Por Redacción Gestión Solidaria
Fuentes: Entrevistas, OCLA, documentos judiciales y archivo histórico del sector lácteo argentino.

Este texto toma como base:

SanCor: el quiebre anterior a la quiebra

SanCor

SanCor: cómo la histórica cooperativa láctea llegó al default

Fotos: portal.ejes

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