Energía para todos: el modelo cooperativo que electrifica donde las grandes empresas no llegan
600 millones de personas siguen sin acceso a electricidad y 2.100 millones dependen de combustibles contaminantes para cocinar. El informe de la ACI y el COPAC revela cómo las cooperativas energéticas están llevando electricidad limpia y asequible a las zonas más aisladas del planeta.
Por: Gestión Solidaria
El acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna es un derecho fundamental y un requisito indispensable para el desarrollo. Sin embargo, a cinco años de la meta de 2030, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 (ODS 7) sigue lejos de cumplirse. Según el capítulo dedicado a este objetivo en el informe «Construir juntos un mundo mejor», elaborado por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) y el COPAC, aunque en 2023 cerca del 92% de la población mundial tenía acceso a la electricidad, más de 600 millones de personas siguen sin electricidad y 2.100 millones dependen de combustibles contaminantes para cocinar.
El informe identifica un obstáculo clave: «El principal obstáculo para alcanzar el ODS 7 no es la viabilidad tecnológica, sino la capacidad de aplicación, el diseño institucional y la distribución equitativa de la inversión». La infraestructura energética y los flujos de capital siguen estando concentrados en las regiones con mayores ingresos, mientras que los países con ingresos medios o bajos carecen de estabilidad regulatoria, de instrumentos de financiación a largo plazo y de instituciones arraigadas localmente.
La respuesta cooperativa
Frente a este panorama, las cooperativas energéticas emergen como un modelo probado. El informe subraya que su papel es «distintivo y estratégico» porque se centran en las dificultades estructurales existentes respecto al acceso a la energía, la asequibilidad y la transición hacia una energía limpia a través de la propiedad democrática y la prestación de servicios arraigada localmente.
«A diferencia de las empresas propiedad de inversores, las cooperativas se crean con el objetivo de prestar servicio a sus miembros, más que con la intención de obtener beneficios por parte de los accionistas. Este enfoque de servicio universal convierte a las cooperativas en empresas especialmente útiles en regiones que históricamente han sido ignoradas por los proveedores comerciales», señala el documento.
Casos que transforman realidades
El informe recoge experiencias concretas en distintas partes del mundo que demuestran el impacto del modelo cooperativo en el acceso a la energía.
En Bangladesh, el modelo de electrificación rural Palli Bidyut Samity (PBS), compuesto por 80 cooperativas de distribución de gestión local, proporciona suministro actualmente a más de 100 millones de personas, lo que equivale aproximadamente a la mitad de la población nacional. «Supone una transformación de los medios de vida y la productividad de las zonas rurales», destaca el informe.
En Estados Unidos, más de 900 cooperativas eléctricas rurales, creadas durante la época del New Deal, prestan servicio actualmente a unos 42 millones de personas y mantienen un 42% de las líneas de distribución del país. Las cooperativas estadounidenses sin ánimo de lucro se basan en el coste de los servicios y retornan el excedente de ingresos a sus miembros propietarios en forma de crédito de capital, con más de 1.300 millones de dólares en crédito de capital en los últimos años.
En Costa Rica, entre 1965 y 1972 se fundaron cuatro cooperativas de energía renovable —Coopelesca, Coopeguanacaste, Coopesantos R.L. y Coopealfaroruiz— para proporcionar electricidad a comunidades rurales y aisladas. Actualmente se han unido bajo el consorcio cooperativo Conelectrica y representan a unos 200.000 miembros. Generan energía a partir de fuentes renovables —hidráulica, solar y eólica— y reinvierten los excedentes en iniciativas locales de desarrollo sostenible.
En Francia, la cooperativa Enercoop, estructurada como una red de diez cooperativas regionales, suministra 129 MW de electricidad 100% renovable a 58.000 consumidores y reinvierte los excedentes en beneficio de los miembros y para apoyar iniciativas de transición energética.
En Bélgica, la cooperativa Ecopower cuenta con 72.000 miembros que invierten en turbinas eólicas, paneles solares y calefacción sin combustibles fósiles, y proporciona energía 100% limpia a más de 60.000 miembros. En 2022, en un contexto de aumento desorbitado de los precios de la electricidad en toda Europa, Ecopower mantuvo sus precios lo más estables y bajos posible, garantizando el suministro a un precio inferior al de cualquier otro proveedor de energía del país.
En Liberia, Totota Electric Cooperative (TEC), la primera cooperativa de suministro eléctrico rural de propiedad comunitaria del país, ha desarrollado una microrred híbrida de energía solar y almacenamiento energético. «En el corto periodo de tiempo que lleva funcionando, la cooperativa ha logrado alcanzar una autosuficiencia financiera, ha cubierto los gastos de funcionamiento y ha logrado generar reservas, lo cual demuestra que los sistemas energéticos descentralizados y dirigidos por sus miembros pueden tener un impacto social y, a su vez, ser económicamente sostenibles», señala el informe.
En Malawi, el programa cooperativo de energía limpia (CECP) implementado por NRECA International tiene como objetivo establecer cinco cooperativas comunitarias de energía limpia en áreas rurales, como parte de los esfuerzos del país por lograr la electrificación universal en 2030.
En Alemania, el movimiento energético ciudadano ejemplifica la magnitud que pueden alcanzar estos modelos: en 2016, los ciudadanos y agricultores poseían colectivamente aproximadamente el 42% de la capacidad de generación renovable del país a través de más de 1.000 cooperativas energéticas.
En Portugal, la Cooperativa Eléctrica de Loureiro (CEL), una sociedad cooperativa limitada casi centenaria, lleva desde 1933 garantizando el suministro de electricidad de la pedanía de Loureiro. Posee 21 centros de transformación y prioriza un uso responsable de los recursos naturales, implantando sistemas fotovoltaicos para el autoconsumo y contratando un 100% de energía limpia para sus centros industriales.
En Tanzania, las cooperativas están integrando la energía renovable en las cadenas de valor agrícolas: las asociaciones de productos lácteos utilizan sistemas de refrigeración que funcionan con energía solar, las cooperativas arroceras utilizan bombas de irrigación alimentadas por energía solar y las cooperativas de anacardos han adoptado sistemas de secado solares.
En Grecia, la cooperativa energética CommonEn, fundada en 2021 en Ioánina, garantizó la aplicación de la medición neta por parte del proveedor local, lo que redujo significativamente las facturas de electricidad de sus miembros. Además, suministra electricidad gratuita a viviendas en situación de vulnerabilidad.
Las barreras que persisten
A pesar de estos logros, el informe advierte que las cooperativas energéticas se enfrentan a barreras estructurales que les impiden crecer, integrarse y tener un mayor impacto.
Dificultades reglamentarias. «De manera general, la reglamentación favorece a las grandes empresas, por lo que las cooperativas tienen que luchar para obtener licencias, acceso a una red o condiciones de contratación justas». Esto reduce su capacidad para desarrollar activos de producción energéticos, explotar redes de distribución o participar en mercados energéticos emergentes.
Acceso a la financiación y al soporte técnico. «Los acreedores tradicionales favorecen los grandes proyectos que cuentan con garantías, sobre los proyectos cooperativos que aportan valor social y económico a largo plazo. Además, muchas cooperativas carecen de formación, asistencia técnica y herramientas digitales para gestionar sistemas energéticos complejos».
Integración en los planes energéticos nacionales. «Las cooperativas suelen quedar al margen de las estrategias sobre energía renovable, calefacción, refrigeración, iniciativas de cocina limpia y planes de transición energética».
Infrautilización de las funciones de respuesta a la demanda. «Las cooperativas pueden impulsar la eficiencia energética, la transición a la energía térmica renovable, la adopción de soluciones limpias para cocinar y servicios de respuesta a la demanda, pero las políticas no suelen aprovechar este potencial».
Seis recomendaciones para avanzar
El informe formula seis recomendaciones clave para que los gobiernos, los socios para el desarrollo y las instituciones multilaterales aprovechen el potencial de las cooperativas en la consecución del ODS 7:
1. Integrar a las cooperativas en las estrategias energéticas nacionales. Incluirlas en los planes sobre energía renovable, energía térmica e iniciativas de cocina limpia, en los planes de transición energética y en los programas de expansión de la red energética. Consultarlas respecto al diseño de las políticas y solicitarlas para la prestación de servicios en zonas aisladas.
2. Ampliar el acceso a la financiación centrada en las cooperativas. Desarrollar préstamos concesionales, sistemas de financiación combinada, fondos rotatorios, programas de garantías de préstamos y financiación basada en los resultados adaptadas a las cooperativas.
3. Reformar los marcos reglamentarios. Adaptar las normas sobre concesión de licencias, fijación de tarifas, acceso a la red y contratación pública para dar cabida a proyectos comunitarios y a la propiedad cooperativa.
4. Invertir en la capacitación y el soporte técnico. Proporcionar formación continua en materia de gobernanza, operaciones, gestión y sistemas digitales. Reforzar la capacidad de las cooperativas para planificar, operar y adaptarse a la evolución de los sistemas energéticos.
5. Fomentar las soluciones de respuesta a la demanda de las cooperativas. Permitir a las cooperativas liderar programas de eficiencia energética, de electrificación de usos productivos, iniciativas de cocina limpia a gran escala, servicios de flexibilidad locales y mecanismos de respuesta a la demanda.
6. Reforzar los datos, el seguimiento y la visibilidad. Integrar indicadores sobre las cooperativas energéticas en los informes nacionales, en el seguimiento de los ODS y en la planificación energética. Considerar a las cooperativas como actores fundamentales para el diseño de políticas.
El informe cierra su capítulo sobre energía con una reflexión contundente: «Si se eliminan las barreras normativas, financieras, de planificación y operativas, las cooperativas energéticas pueden crecer rápidamente, prestar servicios energéticos inclusivos y actuar como socios de confianza para garantizar un acceso universal, sostenible y asequible a la energía, de conformidad con el ODS 7».
«Las cooperativas no son actores periféricos, sino socios sistémicos que pueden ampliar el acceso, mejorar la asequibilidad, reforzar la resiliencia y acelerar la transición hacia una energía limpia. Su estructura centrada en la comunidad y propiedad de los miembros las sitúa como herramientas prácticas y flexibles para alcanzar el ODS 7 tanto en los mercados energéticos más desatendidos como en los más avanzados».
En un mundo donde millones de personas siguen sin acceso a electricidad y millones más dependen de combustibles contaminantes para cocinar, ignorar el potencial del modelo cooperativo sería un lujo que ningún país puede permitirse.
Construir juntos un mundo mejor
Las cooperativas: socios clave para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible
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