/* ]]> */
octubre 21, 2026
Al Día ECONOMÍA

Igualdad de género: el modelo cooperativo que rompe barreras para MUJERES y NIÑAS mientras el mundo mira hacia otro lado

Las cooperativas ofrecen una alternativa real en un contexto donde las mujeres y niñas siguen infrarrepresentadas en el liderazgo y la toma de decisiones. El informe de la ACI y el COPAC revela cómo más de 1.200 mujeres en Marruecos, 250 artesanas en India y cooperativistas en Ucrania están transformando sus comunidades.

Por: Gestión Solidaria 

La igualdad de género es un derecho humano fundamental y la base sobre la que se construyen todos los demás Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, a cuatro años de la meta de 2030, el mundo no está ni cerca de alcanzarla. Las barreras estructurales siguen limitando el acceso de las mujeres a las oportunidades económicas, al liderazgo y a la toma de decisiones. Las diferencias salariales, la segregación ocupacional y la distribución desigual del trabajo de cuidados refuerzan las disparidades, especialmente entre las mujeres y las niñas. Y a ello se suman crisis interrelacionadas —inestabilidad económica, cambio climático, conflictos— que agravan aún más estas desigualdades.

El capítulo dedicado al ODS 5 en el informe «Construir juntos un mundo mejor», elaborado por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) y el COPAC, no se limita a diagnosticar el problema. Su valor radica en demostrar, con casos concretos, que el modelo cooperativo ofrece una respuesta eficaz donde otros modelos han fracasado.

La diferencia cooperativa

«En un mundo en el que la mujer sigue estando mayoritariamente infrarrepresentada en el ámbito empresarial, en cargos de liderazgo o en la toma de decisiones, las cooperativas se presentan como una gran alternativa al modelo de empresa tradicional», señala el informe. Su estructura, basada en la adhesión abierta, la gobernanza democrática y la propiedad compartida, ayuda a romper las barreras estructurales que impiden el empoderamiento económico y social de las mujeres.

El informe destaca que una de las principales fortalezas del modelo cooperativo es su capacidad para fomentar la inclusión económica en ámbitos donde las mujeres enfrentan leyes restrictivas, prácticas bancarias discriminatorias y normas sociales arraigadas. «Las cooperativas comparten recursos y riesgos, lo cual ofrece mecanismos financieros económicos que fomentan la autonomía, refuerzan la resiliencia y permiten a las mujeres invertir en sus propios medios de vida».

Las ministras y ministros de Trabajo del G7 reconocieron este papel, subrayando la contribución de las cooperativas a la evolución de los mercados laborales inclusivos y la construcción de la resiliencia económica.

Casos que transforman realidades

El informe recoge experiencias concretas en distintas partes del mundo que demuestran el impacto del modelo cooperativo en la vida de las mujeres.

En Marruecos, la unión de cooperativas Tissaliouine, fundada en 1999 en Agadir, ha empoderado a más de 1.200 mujeres de medios rurales de seis provincias mediante la producción y venta de productos a base de aceite de argán. Lo que comenzó con cuatro cooperativas hoy son dieciocho, y ha permitido aumentar los ingresos de las mujeres, desarrollar sus capacidades a través de formaciones y proporcionar empleo estable en regiones donde apenas existían oportunidades.

En India, Looms of Ladakh es una cooperativa de mujeres fundada en 2017 que reúne a 250 artesanas de 15 pueblos de la región de Ladakh. La cooperativa organiza a las mujeres en grupos de producción y les facilita el acceso a los mercados. En el ejercicio económico 2022-2023, la producción de artículos de pashmina de calidad alcanzó una facturación de 70.000 dólares. «A través de prácticas empresariales éticas, asociaciones estratégicas y el crecimiento internacional, demuestra cómo las empresas lideradas por mujeres fomentan la equidad de género y medios de vida sostenibles en regiones aisladas», señala el informe.

En Ucrania, la cooperativa Resew se fundó en 2016 para promover la reparación y el suprarreciclaje de tejidos. Dirigida por mujeres, también apoya a las comunidades queer y trans. Tras la guerra que estalló en 2022, las cooperativistas desplazadas se reorganizaron para crear puestos de trabajo estables y se dedicaron a convertir uniformes militares en prendas de vestir para el día a día, conjugando sostenibilidad con resiliencia.

En Rwanda, la Cooperativa Tubusezere, fundada en 2012 por un grupo de profesionales del sexo, ofrece servicios de prevención y cuidado sobre el VIH y el sida. Con el apoyo de la organización Society for Family Health, la cooperativa proporciona pruebas de detección de infecciones de transmisión sexual y tuberculosis, planificación familiar, distribución de preservativos y sesiones informativas mensuales, de manera gratuita o subvencionada. «La cooperativa, a través de la organización colectiva, fomenta la autonomía de las mujeres, amplía el acceso a servicios de salud básicos y promueve la reintegración de personas marginalizadas en la sociedad», destaca el documento.

En Uruguay, GEVI Consultoras es una cooperativa de mujeres cuya misión es impulsar la economía verde inclusiva. A través de servicios de asistencia técnica, consultoría, investigación y formación sobre economía circular, empleos sostenibles y gestión de residuos, contribuye al desarrollo sostenible en el país y la región.

Las barreras que persisten

A pesar de estos logros, el informe advierte que la participación de las mujeres en las cooperativas sigue siendo desigual. «Las barreras estructurales, los vacíos legales y las normas sociales siguen poniendo trabas al liderazgo de las mujeres y a las oportunidades económicas», señala.

Históricamente, las leyes discriminatorias han restringido los derechos de las mujeres a heredar tierras o registrar una empresa a su nombre. Aunque en muchos países se han observado avances, su aplicación sigue siendo deficiente. En distintos informes consecutivos del Secretario General de las Naciones Unidas se ha reclamado leyes y políticas que garanticen una participación completa e igualitaria de las mujeres en las cooperativas, incluido el acceso a la tierra, la financiación y las oportunidades de adquisición.

El informe también identifica un problema transversal: la escasez de datos desagregados por género. «Muchas cooperativas y organizaciones de apoyo carecen de información precisa sobre la afiliación, el liderazgo o la participación de las mujeres en las sesiones de formación o en ámbitos de gobernanza. Esta situación dificulta la transparencia, reduce el acceso a la financiación con perspectiva de género y dificulta la formulación de políticas basadas en evidencias».

Además, las normas socioculturales siguen determinando el papel de las mujeres en las cooperativas, especialmente en sectores rurales y de predominio masculino. En estos contextos, las cooperativas de participación exclusivamente femenina suponen un espacio importante para el apoyo entre iguales, la creación de confianza y el desarrollo de capacidades.

Un contexto internacional favorable

El informe destaca que existen marcos internacionales que respaldan el papel de las cooperativas en la igualdad de género. La Estrategia para la igualdad de género 2020-2025 de la Comisión Europea se centra en la integración de la perspectiva de género en el conjunto de las políticas europeas. En África, la estrategia decenal sobre la economía social y solidaria de la Unión Africana, presentada en 2024, incluye la cuestión de la igualdad de género entre sus principios operativos. Y el comunicado del B20 bajo la presidencia india del G20 en 2023 destacó la necesidad de desarrollar políticas de inclusión económica con perspectiva de género, estrategias para el empoderamiento digital y realizar inversiones específicas para las empresas dirigidas por mujeres.

El momento de actuar

El informe formula un llamado urgente a múltiples actores para aprovechar el potencial de las cooperativas en la consecución del ODS 5:

A los gobiernos se les insta a revisar las leyes sobre cooperativas para eliminar las barreras jurídicas y económicas, garantizar políticas con perspectiva de género, integrar la educación cooperativa en los programas educativos nacionales e invertir en programas de formación que fomenten el liderazgo y la participación de las mujeres.

A las instituciones financieras se les alienta a aumentar la inversión en cooperativas mediante créditos asequibles, subvenciones y mecanismos de financiación con perspectiva de género.

Al sector privado se le pide involucrar a las cooperativas como socios clave en las cadenas de suministro inclusivas e invertir en empresas cooperativas dirigidas por mujeres.

A las redes y federaciones cooperativas se les solicita integrar la equidad de género en sus estructuras de gobernanza, ampliar la representación de las mujeres en puestos directivos e incorporar una perspectiva de género en sus políticas. Entre los enfoques innovadores se incluyen auditorías de género para evaluar si sus actividades respetan la igualdad.

A las agencias de la ONU y organizaciones internacionales se les invita a promover enfoques cooperativos como herramienta práctica y estratégica para alcanzar el ODS 5.

A las instituciones académicas se les anima a impulsar la investigación sobre el papel de las cooperativas en la consecución del ODS 5 y a fomentar la recopilación de datos desagregados por sexo.

El informe cierra su capítulo sobre igualdad de género con una reflexión contundente: «Las cooperativas son grandes impulsoras en el ámbito de la igualdad de género, fomentan la inclusión económica, la gobernanza democrática y la independencia financiera. Contribuyen a crear economías más inclusivas y sostenibles a través de un acceso equitativo a los recursos, a la toma de decisiones y a las oportunidades laborales».

Sin embargo, advierte que para aprovechar al máximo sus posibilidades «es necesario llevar a cabo reformas estructurales, mayores inversiones y alcanzar un firme compromiso de todas las partes interesadas, incluido el propio movimiento cooperativo».

«Es el momento de pasar a la acción. Invertir en cooperativas no es solo un deber moral; es una necesidad estratégica para construir economías resilientes e inclusivas que promuevan la igualdad de género a gran escala».

 

Foto portada: Ascoop

Follow Me:

Related Posts

wpChatIcon
wpChatIcon