Transformación digital: la carrera en la que el sector cooperativo se puede diferenciar
Por: Laura López Alzate
Directora de comunicaciones Confecoop Antioquia
El sector cooperativo colombiano enfrenta una encrucijada que ya no admite más aplazamientos: modernizarse digitalmente o quedar rezagado frente a la banca tradicional y las fintech, que avanzan sin las mismas cargas regulatorias ni la misma velocidad de adaptación. Esa fue la advertencia central del 7° Encuentro de Líderes del sector cooperativo, realizado el martes 22 de septiembre, donde voceros del Estado, la academia y las propias cooperativas coincidieron en un diagnóstico compartido: el riesgo de una crisis estructural es real si la transformación digital no se aborda de manera articulada y urgente.
Rosa Yelena Granja Rodríguez, directora ejecutiva de Confecoop Antioquia, resumió el desafío en una frase que atravesó todo el encuentro: «La transformación digital no es sólo superar barreras tecnológicas sino también mentales.» Para Granja, el riesgo no es únicamente tecnológico ni regulatorio, sino cultural: el sector debe aprender a interpretar el nuevo escenario de Open Finance desde su propia identidad, sin perder la cercanía que lo ha sostenido durante décadas. «La identidad nos va a mantener vivos, pero hay que reinventarnos desde la identidad», advirtió.
Una cancha que no está pareja

El punto de partida de la discusión fue incómodo pero necesario: el sector cooperativo debe cumplir las mismas exigencias tributarias, tecnológicas y de gobernanza que la banca y las fintech, pero sin contar con sus mismos recursos ni tiempos de adaptación. La normatividad de finanzas abiertas en Colombia avanza rápido. El Decreto 0368 del 7 de abril de 2026, expedido por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, modificó el Decreto 2555 de 2010 para incorporar un sistema obligatorio de finanzas abiertas, orientado a promover la inclusión financiera, la competencia y el aprovechamiento de datos bajo autorización expresa del titular.
A esto se suma una ley cooperativa-la Ley 79 de 1988-requiere modernización urgente y un enfoque explícito hacia el financiamiento de la transformación digital del sector. Sin ese ajuste normativo, advierten, las cooperativas seguirán compitiendo en desventaja.
El llamado del Estado: sumarse, no solo regular
Andrea Montoya, secretaria de Desarrollo Económico (E) de la Alcaldía de Medellín, planteó que el Distrito —reconocido como Distrito Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación— tiene el mandato de acompañar la apropiación tecnológica de las organizaciones de la economía social y solidaria, un sector que en Medellín representa 200 cooperativas y 14.000 empleos directos. Su mensaje fue claro: la Alcaldía debe unirse institucionalmente al reto, articulando política pública con el sector cooperativo, y no limitarse a exigir sin acompañar.

Karen Patricia Hernández Blanquicett, superintendente de Economía Solidaria, aportó una dimensión del sector solidario: en 2025 registró activos por 64.044 mil millones de pesos, mientras que sus ingresos anuales fueron de 41.371 mil millones de pesos. Los activos equivalen al 3,45 % del PIB nacional y los ingresos, al 2,23 %. En Antioquia representan el 4,60 % del PIB departamental y, en el conjunto del país, el 2,23 % del PIB nacional.
Dentro de la agenda del 7° Encuentro de Líderes también se abordó el desafío generacional que atraviesa al cooperativismo. En esa línea, el encuentro incluyó la presentación de la Alianza «Por un cooperativismo libre de edadismo. La solidaridad no tiene edad», entre el sector cooperativo y la Banca de las Oportunidades, con el acompañamiento de Academy, ANDEL, Impacto 50+ y el Instituto de la Conversación –iCon–. En un contexto de transformación digital del sistema financiero y de avance del Open Finance, esta alianza impulsa una mirada más inclusiva sobre la longevidad y las finanzas plateadas.
La academia y los expertos: colaborar o quedar fuera
Víctor Muñoz, experto en transformación digital con experiencia en innovación pública, fue enfático en que abordar la modernización de forma individual resulta más costoso y complejo para cada cooperativa. Propuso una salida que apunta directamente a la necesaria articulación entre sector, academia y Estado: plataformas compartidas, contratación conjunta de infraestructura tecnológica y protección colectiva de datos. Según explicó, una base agregada de cerca de 2 millones de beneficiarios cooperativos tendría una escala comparable a la de un gran banco colombiano, un argumento de peso para pensar la transformación digital como un proyecto colectivo y no como una carrera aislada de cada entidad.
Muñoz también fue claro en advertir contra un error común: competir tecnológicamente con las fintech no es el camino. La ventaja del cooperativismo sigue estando en la cercanía, el acompañamiento y el vínculo con sus asociados; la tecnología debe ser un medio para fortalecer eso, no un fin en sí mismo.













