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junio 22, 2024
MUNDO OPINIÓN

Ahora es cuándo

Después de varios años hoy escribo nuevamente en este medio gracias a la gentil invitación de su director. Para quiénes no me conocen, he dedicado mi vida profesional a investigar, escribir, enseñar, representar y promover las propuestas de desarrollo económico y social a partir de, en particular, la propuesta de la economía social y solidaria, y su relación con otros modelos emergentes de desarrollo que co construyan una sociedad donde todos quepamos, una sociedad cuyo sentimiento colectivo sea el de la felicidad compartida. Por eso, creo que no hay mejor momento para volver a escribir en Gestión Solidaria que justamente este, en los albores de un paradigma que poco a poco se ha venido fortaleciendo por la contundencia de sus evidencias.

La economía social y solidaria está viviendo un momento histórico en cuanto a su reconocimiento en el ámbito nacional, como lo demuestran las menciones del actual gobierno colombiano a temas convergentes, aunque no idénticos, como lo es la economía popular y la asociatividad, y, por otra parte, la relación de estos con el desarrollo del cooperativismo, la mutualidad, los fondos de empleados y otras formas empresariales de la asociatividad empresarial solidaria sin ánimo de lucro.

Más aún, en el plano internacional, las señales de una época dorada para desarrollar la economía social y solidaria se hacen cada vez más evidentes. Por ejemplo, la Asamblea General de las Naciones Unidas viene adoptando resoluciones relativas a las cooperativas en el desarrollo social desde la década de 1950. Mongolia ha liderado una presentación sistemática sobre temas cooperativos cada dos años desde 1992 en entidades multilaterales. Varios países europeos han adoptado leyes sobre economía social y solidaria en años recientes, destacándose Portugal y España, y la adopción del Plan de acción adoptado por la Comisión Europea en diciembre de 2021 para la economía social dan cuenta del interés por el tema en esa parte del mundo. Años atrás, varios países latinoamericanos, destacándose Colombia desde 1998 con la ley 454, habían logrado abrir el camino para una serie de ajustes normativos que reconocen el poder de este modelo económico para promover el desarrollo de los pueblos.

Si bien han sido varias las resoluciones y recomendaciones de la OIT (193 del 2002), OCDE (2020) y otros organismos multilaterales, enfocadas en la promoción de este tipo de emprendimientos colectivos y solidarios, la recientemente firmada resolución de la ONU A/77/L.60, crea un hito en la historia de la economía social y solidaria por lo que implica en el presente y futuro de la vida sobre el planeta, en medio de una coyuntura mundial rodeada por la incertidumbre. La clave para entenderlo está en su título: “Promover la economía social y solidaria para el desarrollo sostenible”.

Permítanme les cuento 3 razones de las varias que hay:

1. La economía social y solidaria se ha convertido en una alternativa viable y sostenible al modelo económico tradicional hegemónico, ya que tiene como objetivo principal la satisfacción de las necesidades de las personas y las comunidades, promoviendo al mismo tiempo la solidaridad, la igualdad y la justicia social. Promueve la propiedad privada de manera colectiva, crea riqueza de manera colectiva y la distribuye de la misma manera. No se circunscribe ni a la derecha ni a la izquierda políticas, y aunque a veces es estigmatizada por ambas esquinas, es una excelente señal para saber que por aquí es el camino. Esta ruta de desarrollo ha sido impulsada con énfasis desde hace varios años por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que ha instado a los Estados miembros y a las organizaciones internacionales a promover y reforzar este modelo, lo cual ha traído un balance positivo en general. Prueba de ello es que todos los países que llamamos “desarrollados” tienen un ecosistema de economía social y solidaria sólido y dinámico. La resolución de la ONU re potencia esta posibilidad de que otros organismos multilaterales promuevan el modelo en diferentes países.

2. Para los gobiernos locales, sin importar su orientación política, es importante entender que la economía social y solidaria puede ser una herramienta efectiva para fomentar un desarrollo económico y social sostenible. Este modelo potencia la cultura democrática pues se centra en dar el control directo a las personas en ámbitos relevantes como la

producción agrícola, la salud, la industria, el comercio, la educación, la vivienda, la distribución energética y las finanzas y la ONU es garante de ello al firmar esa resolución. En Quebec, Canadá donde estoy radicado hace 4 años, este sector convoca a más de 11.200 empresas, que en conjunto facturan 47.800 millones de dólares y emplean a cerca de 220.000 personas, con más de 13 millones de asociados en Quebec y unos 90.000 líderes en consejos y juntas directivas de carácter voluntarios. Nota al margen: calculen el tamaño de la transferencia solidaria de este sector.

3. La economía social y solidaria puede contribuir significativamente a la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible según la agenda 2030 como lo plantea la ONU. La reducción de la pobreza, el trabajo decente para todos, la igualdad de género, la protección del medio ambiente y el fomento de una sociedad justa e inclusiva son metas priorizadas en las que las empresas de nuestro sector tienen grandes logros. Por lo tanto, es esencial que se creen grupos de acción en cada región con la participación de gobiernos, empresas, academia y otros grupos de la sociedad civil organizada, para incorporar estrategias, políticas, planes y programas nacionales, locales y regionales enfocados en apoyar y potenciar la economía social y solidaria como modelo de desarrollo económico y social sostenible. Eso es coproducir políticas públicas, eso es hacer posible una nueva sociedad.

En síntesis, la resolución de la ONU del 18 de abril de 2023 nos ha enviado una gran ola y hay que prepararnos para surfear. La resolución no es vinculante luego podría no pasar nada si no hacemos nosotros mismos, que algo bueno pase. Al menos, hay que prepararnos para surfear.

Ya sea sobre el mar, sobre el aire o con los pies en la Tierra, lo sé, lo sabemos, lo sentimos y lo presentimos: economía social y solidaria, por aquí es el camino.

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