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Hacia abajo ya no más, dicen los pequeños y medianos empresarios. A puerta cerrada también lo afirman los representantes de las empresas de mayor tamaño. Entre ellas las del sector cooperativo y solidario.

Es que el 2016 fue uno de los años más difíciles para la economía colombiana y de paso para cada uno. Contrataciones en la colocación de créditos, y aumento en las carteras, negocios demorados y condiciones laborales cada vez más flexibles para una población altamente endeudada.

Los gurus señalaron el segundo año de reducción del precio del petróleo como la causa más importante para la caída del crecimiento generalizado, mientras que los negocios sufrieron una relentización. Así lo demuestran las cifras manejadas por las autoridades económicas.

Países más desarrollados vivieron situaciones similares a las de colombia en la década anterior y apenas están reorganizando su estructura productiva, claro por la crisis financiera de 2008, pero sea cual sea la situación debieron realizar pactos sociales que representaron fuertes ajustes. Quienes ya aprendieron la lección vieron que en la pequeña y mediana industria debían fortalecer su actividad, realizaron programas de apoyo y financiación, mientras que muchos volvían a la casa de sus padres con hijos y fuertes hipotecas que no pudieron cumplir.

Otros afirman que el primer semestre de 2016 puede mostrar un comportamiento ligeramente más optimista. Debe ser por el cambio de ciclo y la euforia que genera las fiesta de fin de año. Pocos se juegan por pronósticos positivos del todo. Es como si el pesimismo se apoderara de muchos expertos que quieren aferrarse a cifras confiables.

Pero los empresarios y emprendedores, los de verdad, aquellos que están hechos para luchar cada día, son optimistas a pesar del panorama, se levantan todas las mañanas y organizan sus equipos, si los tienen, para romper las barreras que las estadísticas muestran. Ellos son los responsables de contagiar a quienes prefieren aceptar las condicones del entorno. Son ejemplo para los ministros de Hacienda y los miembros del Banco de la República quienes desde sus amplios escritorios tienen un cinturon de seguridad para esperar los choques de la economía.

Entre tanto los de la calle, buscan cada día, que la realidad se revierta y que las condiciones mejoren.

De otra parte están los que aprietan los dientes y sostienen que a pesar de los resultados de la economía a ellos les ha ido bien. Algo habrá que aprenderles. Es posible que su creatividad y un manejo austero de sus gastos les permitió pasar los doce meses de contracción, o 18 para otros.

Las empresas, verdaderas generadoras de riqueza deben arriesgar un poco más y romper las barreras impuestas, en un escenario donde el Gobierno busca tapar su hueco fiscal y apretar a quienes, según sus funcionarios, aún dan más. Es algo bizarro lo que se aprecia, más cobros en medio de la escases. ¿Al final quién pagará?

El pacto debe empezar por cada uno, volvernos un país buena paga, hacer que el dinero vuelva a rotar a mayor velocidad y que esas pequeñas empresas puedan contratar a uno o dos personas. Las grandes por ahora solo esperan que el chaparron pase. En nuestras manos está que el 2017 sea mejor.

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