La Alianza Cooperativa Internacional adopta una declaración que llama a duplicar la economía cooperativa para 2035 y a convertir los principios cooperativos en acción frente a la guerra, la desigualdad y la crisis climática.
Por: Gestión Solidaria
Uno de los párrafos que más se destaca dentro del documento de nueve páginas es: «El movimiento cooperativo tiene una responsabilidad y una oportunidad particulares para contribuir a la construcción de una economía de paz. Al reunir a las personas, ampliar la participación y la propiedad económica, crear medios de vida, promover la justicia social y la inclusión, fortalecer las economías locales, construir comunidades resilientes y crear vías para el diálogo y la solidaridad, las cooperativas pueden abordar muchas de las condiciones sociales y económicas en las que prosperan los conflictos y las divisiones. Trabajando en alianza con los gobiernos, las Naciones Unidas, la sociedad civil, las organizaciones de consolidación de la paz y otros stakeholders, las cooperativas pueden contribuir a pasar de la prevención de conflictos a la consolidación de la paz, la recuperación y el desarrollo a largo plazo. La paz comienza allí donde las personas están empoderadas, las comunidades están incluidas, las instituciones gozan de confianza, las oportunidades económicas se comparten de manera justa y las sociedades trabajan juntas por el bien común»
Ciudad de Panamá — La Alianza Cooperativa Internacional (ACI) adoptó el 17 de septiembre de 2026 la Declaración de Panamá, bajo el lema “Construyendo Puentes: Contribuciones Cooperativas para un Mundo en Paz”. El texto, aprobado en la Conferencia Cooperativa Mundial, no se limita a un llamado ético: traza una hoja de ruta para que millones de cooperativas pasen de los principios a la acción y contribuyan a una economía de paz.
Un mundo en una encrucijada
La declaración parte de un diagnóstico severo. “Nos reunimos en un momento de profunda incertidumbre mundial y de desafíos sin precedentes para la paz”, señala. Guerras y conflictos armados siguen provocando muertes, destrucción y desplazamientos; el cambio climático amenaza los medios de vida; la pobreza y la desigualdad persisten; y el poder económico y político se concentra cada vez más en pocas manos. A ello se suman el autoritarismo, el debilitamiento democrático, la reducción del espacio cívico y los rápidos avances en inteligencia artificial, que plantean preguntas fundamentales sobre quién controla la tecnología y quién se beneficia de ella.
El texto recoge la advertencia del papa Francisco sobre una “Tercera Guerra Mundial a trozos” y reconoce que, pese a décadas de compromisos internacionales, no se han alcanzado suficientemente los objetivos de paz, desarrollo y derechos humanos. Frente a la desesperanza, el movimiento cooperativo apuesta por ver las crisis como una oportunidad para construir sociedades más justas, resilientes y pacíficas.
La paz no es solo ausencia de guerra
Uno de los ejes centrales de la declaración es la noción de paz positiva. “La paz no debe entenderse simplemente como la ausencia de guerra”, afirma el texto. También deben abordarse las condiciones que permiten que las tensiones, la exclusión, la injusticia y los conflictos echen raíces: pobreza, desigualdad, discriminación, instituciones débiles, violaciones de derechos humanos y presiones medioambientales.
La Declaración de Panamá vincula esta idea con la Agenda 2030 de Naciones Unidas y sus cinco dimensiones —Personas, Planeta, Prosperidad, Paz y Alianzas—, inseparables entre sí. “La paz no es un objetivo separado que deba perseguirse después del desarrollo”, subraya. Por eso propone una economía de paz: una economía que invierte en vidas y medios de vida dignos, reduce desigualdades, amplía la participación y orienta los recursos hacia el desarrollo sostenible en lugar de hacia los factores que impulsan conflictos.
Cooperativas constructoras de paz positiva
El documento reafirma que las cooperativas son constructoras de paz positiva, arraigadas en su identidad y guiadas por valores como la autoayuda, la autorresponsabilidad, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad. Los siete principios cooperativos —adhesión voluntaria y abierta, control democrático, participación económica, autonomía e independencia, educación y formación, cooperación entre cooperativas e interés por la comunidad— son presentados no como reglas empresariales, sino como prácticas que generan confianza, inclusión y resiliencia.
“Las cooperativas son igualadoras”, sostiene la declaración. Pueden reducir brechas de desarrollo, permitir que las personas participen en la vida económica y compartir de manera más justa los beneficios. En alianza con gobiernos, Naciones Unidas, sociedad civil y otros actores, pueden contribuir a la prevención de conflictos, la consolidación de la paz, la recuperación y el desarrollo a largo plazo.
El texto también recupera una larga tradición cooperativa de compromiso con la paz: desde la Resolución de Manchester de 1901 y la de Glasgow de 1913 hasta la declaración de 1939 —“Paz, Libertad y Cooperación son indivisibles”—, la de 2006 y la Declaración sobre la Paz Positiva aprobada en Kigali en 2019.
De los principios a la acción
La Declaración de Panamá se articula en torno a tres verbos: Practicar, Promover y Proteger. En el primer eje, las cooperativas se comprometen a integrar la consolidación de la paz en su acción cotidiana mediante el diálogo, la inclusión, la prevención de conflictos y soluciones lideradas por las comunidades. Se mencionan iniciativas como el Cooperatives and Mutuals Leadership Circle (CM50), el International Cooperative Entrepreneurship Think Tank (ICETT) y el trabajo de los comités de Juventud y de Equidad de Género de la ACI.
En el segundo, buscan que las contribuciones cooperativas sean más visibles y comprendidas, fortaleciendo la comunicación estratégica, la incidencia y las alianzas. En el tercero, se comprometen a salvaguardar la identidad cooperativa, la autonomía y el control democrático de los miembros, fortaleciendo la legislación y las políticas públicas, y promoviendo una innovación responsable, incluida la inteligencia artificial, al servicio de las personas y las comunidades.
La declaración también fija una meta ambiciosa: duplicar el tamaño de la economía cooperativa de aquí a 2035 y ampliar su impacto económico, social y medioambiental para miles de millones de personas.
Llamado a gobiernos, cooperativas y sociedad civil
Desde Panamá, el movimiento cooperativo hace un llamamiento a las cooperativas individuales y a sus miembros para que hagan de la paz positiva parte de la práctica cotidiana; a los gobiernos, Naciones Unidas, organizaciones internacionales, sociedad civil, academia y empresas para trabajar mano a mano antes, durante y después de los conflictos; y al propio movimiento cooperativo para desarrollar investigación, documentación y orientaciones prácticas sobre soluciones cooperativas en contextos frágiles.
“La paz comienza allí donde las personas están empoderadas, las comunidades están incluidas, las instituciones gozan de confianza, las oportunidades económicas se comparten de manera justa y las sociedades trabajan juntas por el bien común”, afirma la declaración.
En un mundo atravesado por guerras, desigualdad y transición tecnológica, la Declaración de Panamá no se presenta como un punto de llegada, sino como un punto de partida. Como resume el propio texto: “Una cooperativa puede ofrecer una solución y otra una diferente; juntas, forman un movimiento capaz de hacer millones de cosas por miles de millones de personas”. La apuesta es clara: construir puentes, no muros; cooperación, no confrontación.










