Avanzar en la reconstrucción del tejido social y económico de los territorios afectados
Por: Jarrison Martínez C. sociólogo, politólogo
Santiago de Cali, agosto 26 de 2026
Un sismo de solidaridad sacude a Colombia; miles de ciudadanas y ciudadanos siguen apoyando a los damnificados del terremoto del 10 de agosto. Por las carreteras del país, se desplazan los camiones con la ayuda humanitaria que compatriotas de distintos municipios envían a las familias damnificadas del Chocó, Eje Cafetero y Valle del Cauca.
La solidaridad desatada es producto de los valores humanistas que subyacen en nuestra cultura, a pesar de la incesante pretensión de generar en nosotros un ser individualista que solo piensa en sus intereses, que, como el personaje de la mitología griega, NARCISO, solo se quiere a sí mismo y donde la avaricia y acumulación de riqueza son su principal
motivación. Es contra el “Narciso moderno” la verdadera batalla cultural que tenemos que librar.
Atendida la primera fase de la catástrofe con el rescate de las víctimas y con la masiva participación de la ciudadanía que desbordó la raquítica, paquidérmica y descoordinada respuesta de instituciones y gobernantes, ahora corresponde abordar la estabilización de los damnificados, la reconstrucción del tejido social y económico de los territorios.
Generalmente, se piensa que la estabilización de los damnificados se limita a la ayuda humanitaria y no se tiene presente que dichas personas viven un doloroso duelo por los familiares perdidos, su vida económica destruida, la incertidumbre sobre su futuro, etc.
La ayuda humanitaria debe ser integral: psicológica, social, económica. Requiere de profesionales como psicólogos, trabajadores sociales, sociólogos, entre otros, que acompañen dichas familias. Y es una oportunidad para que los jóvenes universitarios de estos programas, organicen un gran voluntariado para solidarizarse con la población afectada.
Una de las mayores problemáticas es el restablecimiento de la vivienda, que va desde la pérdida total a viviendas parcialmente afectadas. En el caso de Cali, el gobierno municipal, departamental y nacional debe facilitar la adquisición de viviendas por las familias damnificadas aprovechando la oferta inmobiliaria existente en la ciudad y garantizando la concurrencia de subsidios y ayudas. La construcción de vivienda por el Estado es otra opción, pero será más demorada. Mientras tanto, el subsidio de arrendamiento debe cobijar a todas las familias afectadas.
De otra parte, suele pensarse la reconstrucción solo como un problema material (la casa, la vía, el colegio), desconociendo o subestimando la importancia de la reconstrucción del tejido social y económico de personas y comunidades.
Las relaciones de solidaridad, confianza, reciprocidad, llamadas por sociólogos y economistas CAPITAL SOCIAL (Bourdieu, Coleman, Putnam), han demostrado ser una poderosa fuerza para el desarrollo, la inclusión y cohesión social; son un bien común que solo se acrecienta usándolo y puede ser fortalecido si se mantiene y amplía la participación ciudadana, si se fortalecen las redes de colaboración y organizaciones sociales.
En la reconstrucción del tejido social, la participación de las comunidades es fundamental, debe ser un principio. La intervención de instituciones, empresas, ongs, debe hacerse con la gente; la planificación es con la gente, el empleo es para la gente, la reactivación económica es de la gente, la contratación es para las organizaciones de la gente.
Es posible que se requieran ciertas empresas especializadas, pero el gran riesgo es que la reconstrucción se convierta en la feria de negocios y contratistas, donde las comunidades son simples receptoras de una acción caritativa. La intervención desde “arriba”, con lógicas del “gobernante salvador” y del “empresario benefactor”, termina produciendo
consecuencias negativas, es una “intervención con daño”, situación que suele presentarse por la politiquería y corrupción en estas tragedias.
Para contribuir al fortalecimiento del tejido social y del capital social, los legisladores (Congreso, Concejos y Asambleas) deben incorporar en las normas que se expidan a la luz de la emergencia, acciones que fomenten y fortalezcan las organizaciones sociales, cooperativas, solidarias, la contratación pública con ellas y los mecanismos de veeduría
ciudadana de los recursos públicos.
Otro elemento fundamental es la reactivación de las actividades económicas de los emprendimientos y empresas cerradas o afectadas; los empleos perdidos o en riesgo y el restablecimiento de circuitos económicos afectados, etc.
Según el censo de emergencia coordinado por Confecamaras en los cinco departamentos más afectados, se registraron más de 30.000 empresas y establecimientos con algún tipo de afectación; el 48,4% no podía operar y el 91,9% son microempresas. En el Valle del Cauca se registran 10.700 unidades productivas afectadas, de las cuales más de 3.000
pertenecen a Cali. En materia de empleos, señala que más de 34.000 empleos están en riesgo.
El terremoto no solamente produjo daños al capital físico empresarial; produjo un shock al tejido económico territorial, cuyo impacto se concentra en microempresas y unidades económicas de la economía popular. Hay una cantidad considerable de trabajadores por cuenta propia, micronegocios y actividades de la economía popular que no están en el
registro y han sido gravemente afectados.
Igualmente, el impacto económico negativo se expande a otras actividades productivas y de servicios; por ejemplo, Cali suspendió el Festival Petronio Álvarez, el cual congrega a más de 600 mil personas y dinamiza la economía del turismo, la hotelería, la gastronomía y de comunidades del Pacífico que llegan a él. Municipios como El Cairo, Roldanillo habían
dinamizado el turismo; hoy están en un 80% destruidos.
Para la reconstrucción de este tejido económico podrían implementarse diversas acciones, entre ellas, la creación de un SUBSIDIO SOLIDARIO A LA NÓMINA para MICRO EMPRESAS afectadas, lo cual permite que el microempresario mantenga los empleos, reactive la actividad productiva y cuente con un capital de trabajo por el tiempo y número de trabajadores que tengan subsidio. Un programa de este tipo puede ser implementado por alcaldías, gobernaciones y el Ministerio del Trabajo, como ya aconteció en tiempos de pandemia.
Igualmente, es necesaria la entrega de capital semilla y/o crédito con tiempo de gracia, bajas tasas y condonables, acorde con las condiciones que se establezcan. Santiago de Cali ya cuenta con un mecanismo para ello; en el marco de la pandemia del COVID-19, el Concejo de Cali expidió el Acuerdo 0496 de 2021 “por el cual se crea el programa y la cuenta de destinación específica ‘Fondo Solidario y de Oportunidades’ y se dictan otras disposiciones en el distrito de Cali”.
Dicho fondo tiene como objetivos la entrega de capital semilla, microcrédito y crédito para capital de trabajo. Los recursos que se le asignan al programa tienen destinación específica, es decir, solo pueden ser usados en su objetivo. Y es apalancado con recursos del 5% de la estampilla prodesarrollo, recursos del presupuesto general del municipio, recursos provenientes de la Nación, de la cooperación internacional o entidades privadas que aporten a sus fines.
Es hora de activar el Fondo Solidario de Oportunidades de Santiago de Cali, instrumento que fue creado precisamente pensando en circunstancias como las presentes y que puede ayudar a la rápida reconstrucción del tejido social y económico de la ciudad.
Ante problemáticas complejas, no hay soluciones únicas; se requiere creatividad y decisión.
Pero sobre todo se requiere voluntad política, humanismo y respeto por la gente y sus derechos.









