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abril 29, 2026
Al Día PERSONAJES

“Algo malo va a pasar”: charla con el presidente de Fecolfin

Inflación, expectativas y el desafío cooperativo en 2026.

Para Fredy Castro Badillo, presidente ejecutivo de Fecolfín, la situación actual se asemeja al famoso relato de Gabriel García Márquez, Algo muy grave va a suceder en este pueblo. No se trata de un vaticinio catastrófico sin fundamento, sino de la mecánica de las expectativas: cuando el mercado y los ciudadanos creen que los precios subirán, actúan de forma que, inevitablemente, terminan subiéndolos.

Hay una escena en un cuento de Gabriel García Márquez que Fredy Castro Badillo repite ante los presagios sobre la economía: una señora sueña que algo malo va a pasar en el pueblo, se lo cuenta a un familiar, y ese comentario inocente termina desatando una espiral de pánico colectivo donde la gente abandona sus casas y todo arde.

“Yo sí dije que algo malo iba a pasar”, concluye la mujer al final, con la tragedia consumada.

Castro Badillo, presidente ejecutivo de la Federación Colombiana de Cooperativas de Ahorro y Crédito y Financieras (Fecolfín), no cree que Colombia esté en llamas. Pero sí advierte que las expectativas, ese mecanismo psicológico que mueve mercados enteros, están encendiendo algunas alarmas.

La entrevista —realizada en el marco del primer aniversario de su llegada a la Federación— transcurre entre cifras del Banco de la República, referencias a la Encuesta Mensual de Expectativas de Inflación y una preocupación que ya no es solo de los académicos: el incremento del salario mínimo decidido en diciembre de 2025, combinado con un déficit primario que saltó del 0,3% al 3,4% del PIB, ha roto la inercia decreciente de los precios.

“Si me pregunta por qué está subiendo la inflación, le diría que son varios factores” , explica Castro.

“El déficit fiscal incrementa la demanda agregada vía gasto público; el aumento del salario mínimo presiona costos; y todo eso genera un ajuste en las expectativas que hace que la inflación aumente” . El dato reciente —5,35% en los últimos doce meses— no es catastrófico, pero sí una advertencia de que la senda hacia la meta del 3% se aleja por lo menos dos años más.

El pollo, el maíz y la tasa de cambio Castro explicó que la inflación tiene elementos que se visibilizan en renglones básicos, un ejemplo de ello es el precio del pollo y los huevos industria que depende del maíz, mayoritariamente importado. Cuando el dólar baja —y ha pasado de rozar los 4.100 pesos a estabilizarse en 3.600— el insumo se abarata y el producto final también. Pero lo que alivia, por un lado, presiona por otro.

La revaluación del peso afecta la competitividad de sectores enteros. Los floricultores, por ejemplo, enfrentan la doble tormenta del aumento en costos laborales y contratos pactados a 3.900 pesos cuando el dólar ya cotiza 300 pesos menos. “Ese tipo de factores deberían revisarlo las cooperativas que tienen concentración alta en ese tipo de asociados” , advierte Castro.

“No digo que cierren la puerta al crédito. Digo: evalúen”. Evaluar. Debe ser una constante. Porque si algo distingue al sistema financiero cooperativo de la banca tradicional —más allá de su naturaleza solidaria— es una particularidad silenciosa pero decisiva: las cooperativas tienen una alta concentración de créditos atados a tasa fija.

“Cuando las tasas suben, los márgenes de intermediación se reducen” , explicó Castro. “Ya nos pasó hace dos o tres años. Y el Banco de la República ha anunciado que las tasas seguirán incrementándose para mantener la credibilidad en el esquema de inflación objetivo” . La pregunta, entonces, no es si habrá impacto. Es cómo blindarse.

La asamblea de marzo y el dilema del excedente 

Marzo es el mes de las asambleas cooperativas. Y en cada una de ellas, administradores y asociados deberán responder una pregunta incómoda: ¿Qué hacer con los excedentes?

El dirigente gremial sabe que el sector es heterogéneo —hay cooperativas con modelos de negocio sólidos y otras que aún navegan con pantaloneta mientras se avecina la lluvia— y que no existen recetas universales. Pero sí traza una línea clara: fortalecer el capital institucional. “Cuando baja la marea es que uno sabe quién estaba preparado” , dice, parafraseando a Warren Buffett sin mencionarlo.

El dilema no es menor. En el cooperativismo coexisten dos visiones: quienes consideran que los excedentes deben reinvertirse masivamente en lo social, y quienes abogan por contener esos gastos para garantizar la eficiencia financiera. Castro evita el maniqueísmo. “No es contradicción, son visiones. Forma parte de un esquema democrático buscar el equilibrio entre lo social y lo financiero” . Pero advierte: en contextos de estrés, la ortodoxia cooperativa — gestión prudente de riesgos, provisiones sólidas, capital fortalecido— es la única tabla de salvación.

Tecnología, el rezago incómodo

El presidente de Fecolfín destacó la necesidad de  acelerar la transformación digital. “Mientras los bancos compiten por ofrecer experiencias omnicanal y aprobaciones de crédito en minutos, buena parte del cooperativismo aún arrastra estructuras pesadas, costosas y ancladas a la presencialidad”.

Castro insistió que no todo es negativo. Algunas entidades están a la vanguardia. Pero reconoce que, en un entorno heterogéneo, las economías de escala juegan en contra de las organizaciones más pequeñas.

“El consumidor financiero no es el mismo de hace veinte años” , dijo, recogiendo una reflexión de Juan Pablo Vélez, miembro de la junta directiva de Fecolfín.
“Y hay un decreto del Ministerio de Hacienda que obliga a definir planes estratégicos de transformación digital. Ojalá seamos juiciosos”.

La política, ese territorio minado Ante la pregunta ¿A qué debería apostarle el sector solidario en el terreno político? Castro responde “A un candidato que le apueste a desarrollar la agenda rezagada del sector. con temas como el pago de impuestos en entidades territoriales, recepción de tributos nacionales a través de cooperativas financieras, pago de pensionados y servicios públicos, una mejor regulación sobre liquidez y solvencia, y el fortalecimiento de la Superintendencia de Economía Solidaria”.

Advirtió que: “El tema legislativo cooperativo quedó engavetado el año pasado. Fue una de mis primeras decepciones” . El proyecto que buscaba actualizar las leyes 79 y 454 —el andamiaje jurídico del cooperativismo colombiano— naufragó por falta de consensos internos.

“Nos faltó ponernos la misma camiseta. El sector tiene bancada de todos los colores, pero aún no logramos esos cinco centavitos para el peso”. “Ojalá en el futuro lleguemos a lo que ha hecho Asofondos, Analfe o Asobancaria para sacar adelante reformas regulatorias” . Más lobby, sí. Pero sobre todo, más unidad, concluyó

 

 

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