La necesidad de la integración de las cooperativas rurales
La integración de cooperativas rurales
El modelo canadiense Des-Jardin se ha convertido durante años en referente de integración para el sector financiero y de ahorro y crédito cooperativo en Colombia; este exitoso caso ha permitido la consolidación de más de 290 cooperativas bajo una sola y robusta infraestructura solidaria.
Por: Julio Herrera
MSc. Economía Social.
Gerente de cooperativas y fondos de empleados
Bogotá-Colombia
Para el sector rural cooperativo el referente sin lugar a dudas es la Federación Nacional de Asociaciones Cooperativas Agrícolas, organización japonesa que se articula con el Grupo Zen-Noh o también conocida como Grupo de Cooperativas Agrícolas de Japón (JA); la primera comercializa los bienes que produce la segunda.
Consolida un total de 945 cooperativas, de las más de 32 mil que existen en Japón; generan una masa de negocios
de $2,5 billones de dólares anuales con presencia en 10 países; este Goliat solidario gestiona esos recursos en 7
líneas: producción de arroz y cereales, frutas, agronegocios, exportación, negocios de consumo, ganadería y materiales y maquinaria agrícola.
Las citadas 32 mil cooperativas asocian 80 millones de asociados y han creado más de 640 mil puestos de trabajo. Zen-Noh mantiene, obviamente, alianzas con las cooperativas rurales más grandes e importantes del mundo: Rabobank (Holanda), Invivo (Francia), Co-op Thailand, CBH (Australia), CHS (Estados Unidos) y Coamo (Brasil).
Esta situación se construyó paso a paso pero de manera decidida, aquí la experiencia demuestra que la fusión de cooperativas agrícolas funciona perfectamente para aumentar su escala y sus recursos y que puede convertirse en un modelo y en una tendencia inevitable.
Esta historia inicia en 1950 cuando en Japón existían 13.314 cooperativas, comparativamente al día de hoy, la existencia de estas “pocas” organizaciones, provocó la dispersión de los recursos, y la mayoría de ellas fracasaron debido a una gestión ineficaz.
Desde 1961 hasta 1970 se formularon normas para regularizar el sector agrario y fomentar la creación de cooperativas a través de la integración en las denominadas JA.
El principal beneficio de la integración es la creación de un sólido potencial financiero para las cooperativas que les permite tener un alto poder de negociación, ofrecer servicios diversos y contar con la capacidad para llevar a cabo grandes proyectos.
Cada cooperativa agrícola japonesa (JA) cuenta con un promedio de 15.000 a 20.000 asociados, quienes utilizan activamente los productos y servicios de la
cooperativa. La JA interviene en todas las etapas de la producción. Los agricultores y las cooperativas no tienen que preocuparse por firmar contratos con empresas para la venta de los productos, ello lo ejecuta la JA. Esta organización no solo ha sido un «escudo» para proteger el sustento de los agricultores japoneses, sino que también ha mejorado la competitividad de los productos agrícolas en el mercado.
La integración permite a la vez, definir la posibilidad de efectuar fusiones o incorporaciones en donde se mejora el promedio de asociados por cada cooperativa, y se fortalece el control de toda la cadena de valor, especialmente en la etapa de procesamiento. Los agricultores no solo venderían un producto principal, sino que también impulsan la producción de derivados lo que genera un mayor valor agregado. Esto es algo de lo que carecen las cooperativas rurales en Colombia
debido a limitaciones de capital, escala y organización.
La debilidad de las cooperativas agrícolas radica en su dispersión, ya que muchas se crean únicamente para implementar políticas, recibir donaciones o participar en programas limitados en el tiempo. Algunas carecen de oficinas, recursos humanos y operan de manera informal. El consumo de sus productos sigue siendo difícil, pues a menudo deben firmar contratos directamente con las empresas, asumiendo numerosos riesgos. Esto genera inconsistencias en la calidad de los productos y dificulta el consumo y la consolidación de la marca.
La fusión no solo ayuda a las cooperativas a concentrar recursos y mejorar su capacidad de gestión, sino también a ampliar sus servicios, aumentar su competitividad y participar más activamente en la cadena de valor.
En Colombia, sin Colanta, el sector rural cuenta con 173 organizaciones, que totalizan activos por $1,4 billones y excedentes de $40 mil millones; en conclusión, muy lejos estamos de la realidad japonesa.
No cabe duda que necesitamos integrarnos en el cooperativismo rural para Crecer y Sostenernos en el tiempo, vinculando en ello a las asociaciones campesinas.










