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mayo 5, 2026
Al Día ANÁLISIS

Sin automatización de procesos no hay inteligencia artificial

Por: William López Leyton
Gerente de Consultoría de Riesgos
L2K Software y consultoría– Software Curuba
www.l2k.com.co

La difusión permanente en los medios acerca de la Inteligencia Artificial (IA), presentada a menudo como la medicina capaz de resolver desde la atención al cliente hasta la predicción de riesgos de crédito, debe ser observada con reserva por el sector solidario. Este surgimiento explosivo de tecnologías disruptivas, si bien ofrece oportunidades innegables, conlleva el riesgo rampante de deslumbrar a directivos y consejos de administración, llevándolos a tomar decisiones de inversión bajo la premura de la moda tecnológica y no bajo la rigurosidad de la estrategia operativa.

Resulta bastante preocupante, desde todo punto de vista, que algunas entidades intenten dar un salto al vacío buscando implementar modelos predictivos o asistentes virtuales cognitivos sin haber resuelto primero sus carencias estructurales básicas. No puede pensarse en Inteligencia Artificial (IA) sin haber culminado primero procesos serios de transformación digital, y a la transformación digital no se llega sin el paso previo e ineludible de la automatización de procesos.

Y es que se trata de una jerarquía lógica que no admite atajos. Intentar aplicar IA sobre una operatividad manual, donde la información reside en hojas de cálculo dispersas o, peor aún, en documentos físicos no estructurados, es el camino perfecto para amplificar el caos (El camino al infierno está rodeado de rosas).

La IA se alimenta de datos; si el proceso subyacente no está automatizado y estandarizado, los datos resultantes carecerán de la calidad mínima necesaria. El resultado no será una entidad más “inteligente”, sino, ineludiblemente, una organización que comete errores a una velocidad computacional.

Pero ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué la urgencia de algunas organizaciones de correr hacia la tecnología de punta sin haber aprendido a caminar en lo digital?

Esta es una pregunta que debe ser analizada y respondida de forma sincera al interior de los órganos de gobierno y la alta dirección de las organizaciones solidarias. A menudo, la presión por competir con la banca tradicional o las Fintech empuja a las cooperativas y fondos de empleados a adquirir «cajas negras»; tecnológicas que probablemente nadie en la organización comprende a profundidad. Esto genera un riesgo de gobernanza latente: las entidades solidarias deben recorrer el camino digital de forma ordenada, so pena de entrar mal dispuestas a tecnologías que las van a sobrepasar, tanto operativamente como desde
el punto de vista de su estructura de control.

Este es un llamado de atención. Un Consejo de Administración o una Alta Gerencia no puede ejercer su deber de vigilancia y gestión sobre un algoritmo, cuando en la mayor parte de las veces ni siquiera tiene visibilidad clara sobre el mapa de procesos, muchas veces manuales, que hoy sostienen la operación.

Desde este punto de vista, es claro que la ineficiencia operativa, los reprocesos, la duplicidad de tareas y la desconexión entre áreas no se solucionan con un algoritmo; se solucionan con criterios de calidad, orden, limpieza de datos y automatización.

La verdadera innovación en el sector solidario hoy no reside en adoptar la herramienta más avanzada del mercado, sino en la disciplina de organizar la casa desde un punto de vista digital. Solo cuando los procesos sean eficientes y digitales, la IA podrá entrar a jugar su verdadero rol: no el de un remiendo costoso para tapar ineficiencias, sino el de un motor real para potenciar la operación de forma integral, así como el servicio al asociado.

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