Del aula a la realidad: un diálogo sobre el alma del cooperativismo
Miguel Fajardo, profesor emérito de Unisangil, y un pilar del sector cooperativo colombiano, se sentó con nosotros para una profunda conversación sobre el estado actual del sector solidario. En la entrevista, abordó la brecha entre la teoría académica y la práctica empresarial, la tentación de replicar modelos del capitalismo y la necesidad urgente de fortalecer los principios cooperativos desde el territorio.
La distancia entre la teoría y la práctica
Fajardo, con su experiencia, responde ante la pregunta: ¿por qué el sector académico parece ir por un lado y las cooperativas por otro? Reconoce que existe una distancia, una «fractura» en la que el conocimiento teórico no siempre se alinea con las prácticas sociales y la realidad cotidiana de las organizaciones.
Sin embargo, destaca que esta brecha se está cerrando. Las redes académicas a las que pertenece, como Unicosol y CIRIEC, están estableciendo vínculos con cooperativas de gran calado, como Colega y Coomeva. Además, resalta el papel de universidades como Unisangil, la UCC, la UNAD y la Santo Tomás, que trabajan en conjunto con las cooperativas.
Estrategias para cerrar la brecha
Para Fajardo, la solución no es solo teórica, sino eminentemente práctica. Propone tres caminos concretos para integrar el mundo académico con el cooperativo:
- Prácticas universitarias: Estudiantes de diversas carreras (administración, comunicación, ingeniería) deben realizar sus prácticas en cooperativas para familiarizarse con su funcionamiento desde dentro.
- Semilleros de investigación: Las universidades deben acercar sus proyectos de investigación a la economía solidaria, fomentando el estudio de casos reales.
- Investigaciones y publicaciones: Los estudios de caso y las publicaciones académicas, aunque a veces no tienen un impacto inmediato en la acción de las cooperativas, son vitales para generar conocimiento y reflexión.
El profesor pone como ejemplo la región sur de Santander, donde instituciones de prestigio como la Universidad de la Sabana, la Javeriana y la Universidad de Sherbrooke de Canadá han mostrado un gran interés en el movimiento cooperativo local.
La identidad cooperativa, en jaque
Pero el diálogo se torna más crítico cuando el profesor Fajardo pasa revista a los desafíos internos del sector. Sostiene que hay una aplicación débil de los principios cooperativos en la base social de las organizaciones, que se diluyen a medida que estas crecen. «La militancia en esos principios es bastante débil», afirma, sugiriendo que solo un pequeño núcleo de líderes mantiene la claridad sobre lo que significa ser cooperativista.
Una segunda crítica apunta a la tentación de usar herramientas de la economía de capital. Fajardo defiende que el cooperativismo tiene su propio modelo de administración, basado en la participación, la equidad, el buen trato y la no explotación del trabajo. Advierte que replicar los modelos de la banca tradicional, especialmente por la presión de organismos reguladores como los que aplican las Normas de Basilea, desvía a las cooperativas de su esencia, convirtiéndolas en entidades cada vez más parecidas a los bancos.
El gran desafío: Pensar desde el territorio
Fajardo concluye con una reflexión contundente. El sector debe dejar de compararse con la gran banca y centrarse en su propia escala y potencial. El caso de BanCoop Central es emblemático: lo que nació como un proyecto local en San Gil, Santander, se convirtió en un articulador nacional. Aunque ahora opera a gran escala, su origen territorial ha sido el motor para crear una nueva asociación, Territorios Solidarios, con el objetivo de continuar impulsando el desarrollo local y la articulación de las 100 formas de asociatividad solidaria que existen en la región.
El profesor hace un llamado a cambiar la mirada y construir el país desde sus territorios, pues cada región tiene sus propias potencialidades y sueños. En lugar de que el Estado lo controle todo, la sociedad civil debe organizarse y trabajar con él para construir una economía que «dignifique la vida humana y proteja el planeta».
Fajardo, «pensionado, pero no retirado», deja claro que su labor continúa. Como miembro del Consejo Nacional de Planeación, su misión es dar voz a los territorios. Y a finales de este año, en Bucaramanga, el Foro Internacional: «Economías para la Vida» reunirá a 25 expertos latinoamericanos para debatir sobre el gran desafío del siglo XXI: construir una economía que sirva para la vida, no para el capital.
La conversación con el profesor Miguel Fajardo no solo fue una mirada al pasado y presente del cooperativismo, sino una hoja de ruta para el futuro, un llamado a la acción para volver a los principios que le dan sentido y a la fuerza que se gesta desde las bases.







