INVITADOS José Alcibiades

DE LOS PLACERES DE LA VIDA …

Por José Alcibíades Guerra Parada

Escritor y Periodista

 

De los múltiples placeres que nos depara la vida, escribir y viajar son quizás de los más gratificantes para el ser humano, como quiera que lo llenan, lo engrandecen y lo satisface en su interior, coadyuvando enormemente a su cultivo personal porque lo obligan a estar bien informado y por ende a su vasta realización. Para nadie es un secreto que en el constante proceso de autosuperación el hombre ha buscado siempre trascender, dejar huella, realizar su propia obra estampándole su marca personal y donar así un legado para recuerdo de las generaciones venideras.

 

Es así que viajar le permite al ser humano disfrutar, romper paradigmas, dar paso a una apertura mental y ampliar su cosmovisión. Hoy, cuando se habla permanentemente de globalización, viajar es fundamental para adquirir conocimientos, establecer contacto con otras culturas, adquirir nuevas experiencias o sencillamente vivir momentos y sensaciones diferentes. No importa si se viaja dentro o fuera del país donde se reside, igualmente se siente placer, felicidad y se incrementa el deseo de vivir.

 

Para el Dalai Lama, líder espiritual budista, en su mantra de pensamientos positivos para mejorar la calidad de vida y adquirir un buen karma, incluye la siguiente recomendación: “Una vez al año, visita un lugar en el que no has estado.” Igualmente, Julio Verne afirmababa que: “Todo ser humano debería abandonar su tierra natal, al menos una vez al año y mezclarse con otros pueblos y culturas.”  Eso es bueno y necesario, a la vez, en opinión del maestro y escritor.

 

Tanto escribir como viajar van de la mano, son recíprocos y se estimulan mutuamente. El viajar es un complemento esencial para el periodista, el comunicador social, el escritor, el pensador, así como para el ensayista, el poeta o el historiador, ya que les permite explorar nuevas realidades y se constituye en fuente esencial de consulta para abordar diversos temas y generar opinión. La escritora y periodista brasileña Martha Medeiros dice con gran razón: “Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no escucha música, quien no halla encanto en sí mismo.”

 

Sin duda, escribir y componer son dos palabras con significado semejante, pues ayudan de una u otra manera a transformar la vida y a cambiar la actitud no solo de quien elabora el texto, el fragmento, el artículo o el ensayo, sino de quienes lo leen, lo degustan y lo aprecian, incidiendo muchas veces en su forma de pensar y de actuar. Solamente así el escritor podrá sentirse plenamente satisfecho de su labor, si sabe que su esfuerzo no ha sido vano y su objetivo se ha cumplido, si realmente ha generado con su pluma un efecto, un impacto social en una determinada colectividad. Algún provecho o moraleja debe dejar el mensaje escrito, para que quien lo realice se esmere en hacerlo y comunicarlo y quien lo lee se interese por verificar y entender su contenido.

 

De por si escribir es un oficio y un arte a la vez y como tal requiere de creación, de una fuente de inspiración, de evocar la musa de la iluminación para ligar correctamente las palabras, dar cadencia a las frases y de esta manera plasmar sentimientos, vivencias, conceptos, historias, relatos, cuentos, novelas, crónicas, poesía, etc.

 

Quien se sumerge en este bello arte adquiere disciplina, crea autoestima y vive en un país de ensueño, de constante exaltación, teniendo a su vez la inmensa posibilidad de ser considerado, apreciado e influir en el comportamiento de sus semejantes. Igualmente, dar a conocer la opinión de manera masiva genera respeto, imagen y reconocimiento en su entorno, satisfaciendo en parte una de las necesidades ineludibles del hombre, de carácter superior, según lo expresaba el destacado psicólogo norteamericano Abraham H. Maslow.

 

El siguiente aparte tomado de internet es interesante, en cierta forma podría resumir el sentido de escribir y se relaciona directamente con la comunicación de masas: “De la fuente del periodismo mana una bebida que no solamente sabe al vino espumoso de la felicidad y el placer, sino también a sangre y lágrimas. Empero, este manantial no se secará nunca, mientras existan hombre y mujeres que tengan la sed de escribir.” En este “noble oficio y genial oficio” como lo llamara Albert Camus se conjugan diversos factores como la motivación, la investigación, la técnica, el esfuerzo, el estilo, la temática, las ideas, la confianza que se tenga en sí mismo y el gusto por las letras.

 

Se ha dicho siempre que ´a escribir se aprende escribiendo´, esa es la enseñanza que muchos escritores profesionales han dejado a quienes empiezan a sentir atracción y a experimentar deleite y pasión por la literatura. La vida es un constante aprendizaje y esta, la profesión más noble y bella del mundo por su capacidad de comunicar, de influir, es un arte. Michael Ende, autor de “La historia interminable”, afirmaba que “Quien no sabe tocar un piano se asombra de lo que es capaz un pianista. Pero el pianista tampoco lo ha sabido desde el principio, así, sin más. Se ha ejercitado muchos años, muchos años. Con un escritor pasa lo mismo.”

 

Por su parte la destacada periodista y escritora chilena, Isabel Allende Llona, ganadora del Premio Nacional de Literatura de Chile en el año 2010 y considerada como la escritora viva más leída del mundo de lengua hispana, manifiesta, Escribir es como hacer el amor. No te preocupes por el orgasmo, preocúpate del proceso” y recomienda “Dejen volar su imaginación y escriban los necesario.”

 

Lo cierto es que los humanos llevamos por dentro un escritor, pequeño o grande, pero lo llevamos, aunque que quizás nunca lo hayamos descubierto. Lo más interesante es tener la osadía de lanzarse a la palestra y expresarse ante la opinión pública en forma sencilla y clara, sin utilizar lenguaje rebuscado para que el lector comprenda y asimile lo que se desea transmitir. Aquí el escribir se traduce en un reto para el principiante, pero poco a poco la práctica hace que todo se torne más fácil y se va adquiriendo la debida destreza.

 

No olvidemos, las personas podrán olvidar lo que decimos o lo que hacemos, pero nunca olvidarán lo que les hacemos sentir y experimentar a través de nuestros escritos. Porque un buen artículo, un poema, un ensayo o una crónica es como el vino añejo, se disfruta un momento… pero deja un sabor a gloria.

 

A continuación dejo para su deleite un poema de mi autoría:

 

                   A TUNJA

 

Hunza, mi ciudad legendaria y colonial,

cercado de los zaques, su capital imperial,

evoca tu nombre al varón prudente, poderoso,

con razón eres villa muy noble y muy leal.

 

Elegantes portadas con bellos blasones

ostentas escudo de armas, de Castilla y León,

templos, balcones, conventos, mansiones,

joyas admirables y tumba de Suárez Rendón.

 

Guerreros, nobles e ilustres poblaron tu suelo

humanistas, poetas, pintores, clérigos y literatos,

te cubre la insigne gloria de tu pasado histórico,

guardas celosamente mitos, leyendas y relatos.

 

De Colombia en ti afloraron las primeras letras,

patria eres de Gómez, Rojas, Camacho y Ortíz,

arte religioso, poesía, literatura, historia,

ciudad señorial, hidalga, culta y estudiantil.

 

Cuna y taller de la libertad, te llamó Bolívar

conservas altares, retablos, pinturas, bandera,

eres cofre de recuerdos y tesoros escondidos,

foco de patriotismo, ciudad mística y procera.

 

Hoy te saludo orgulloso, ciudad de mis ensueños

museo viviente, albergas la antorcha libertaria,

capital bolivariana, te llaman eruditos,

eje principal de celebración bicentenaria.

 

corresponsal62@hotmail.com

 

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