AL DÍA OPINIÓN Oscar Bastidas

La identidad cooperativa precisiones de base

Prof. Oscar Bastidas Delgado

Universidad Central de Venezuela.

oscarbastidasdelgado@gmail.com

Durante la Edad Media, Europa vio nacer organizaciones de beneficencia constituidas por clases pudientes con acciones de caridad hacia sectores pobres; dominaron los montes de piedad, las cofradías, los hospitales benéficos, destacando las Friendly Societies, siendo la más conocida por su amplia composición femenina la York Female Friendly Society (York, 1788).

Las rupturas de tradiciones por la crisis social y las migraciones estaban en la agenda, numerosas personas se manifestaban de manera violenta mientras otras buscaban y multiplicaban las expresiones de asociación y cooperación; nuevas acciones colectivas emergían conformando un abanico de propuestas centradas en las personas.

Bajo esta lógica, a finales del Siglo XVIII se constituyó la primera cooperativa moderna del mundo, la Compañía Común de Ampelakia (Grecia), que según una cita de José Luis Monzón y Rafael Chaves:

“Se fundó entre 1750 y 1770 cuando las pequeñas asociaciones (syntrofies) cultivadoras de algodón y productoras de hilo rojo de 22 aldeas de la zona de Tempi se unieron en 1772 para evitar una rivalidad y competencia innecesarias. Se convirtió en una gran empresa, con 6 000 socios, 24 fábricas y 17 sucursales en toda Europa, desde San Petersburgo y Londres hasta Esmirna. Sus socios se beneficiaron de seguros sociales, instalaciones sanitarias, escuelas y bibliotecas y de la Universidad Libre de Ampelakia. Se disolvió en 1812 por la presión combinada de los elevados impuestos y la evolución económica y técnica de la industria del hilo”[1].

En 1793 la inglesa Ley de Rose dio el primer estatuto a las mutuales y ellas, que pactaban el compromiso común de sufragar los gastos por enfermedad o entierro de sus miembros, tendrían auge al alcanzar mayores dimensiones. La Francia de finales del Siglo XVIII destacaba con experiencias asociativas como los clubes de los Feuillants y de los Cordeliers y la famosa asociación jacobina de los Amigos de la Constitución que se impulsan con la Revolución Francesa y ésta se apoya en ellas para gobernar.

Desde principios del Siglo XIX se suman rasgos emergentes de mutualismo que se nutrirían de la autonomía de asociaciones de base y de las relaciones diversas entre profesiones y territorios y hasta surgirían propuestas doctrinarias como el “solidarismo”, doctrina oficial de la construcción de la III República Francesa como vía alterna al individualismo y el socialismo. Al respecto:

 “La historia de la sociedad francesa y la dificultad persistente a admitir el derecho de asociación, favorecieron al contrario, el enraizamiento de esta soberanía. El impulso dado desde la base hacia lo alto en el desarrollo institucional de la mutualidad convirtieron ese fenómeno en irreversible” [2].

Es de destacar que los cooperativistas ingleses entablaron estrechas relaciones con el movimiento obrero y sus sindicatos desde 1824, de tal manera que de uno de los ocho Congresos Cooperativos celebrados en Inglaterra entre 1831 y 1835 por cooperativistas y obreros surgió la Grand National Consolidated Trades Union que unificó la totalidad de los sindicatos británicos[3].

En paralelo surgieron experiencias como la de consumo en Zabaikalie, Rusia, una de construcción en Filadelfia y una avícola en Irlanda, las tres en 1831. Siguió la primera cooperativa de producción en Francia: “l’Association chrétienne des bijoutiers en doré”, fundada por cuatro obreros parisinos en 1834 y una de consumo en Lion, “Le commerce veridique et social” de 1835, por cuya fundación el lionés Michel Derrion fue condenado en 1840.

En 1844 se constituiría la Rochdale Equitable Pioneers Society que, no siendo la primera cooperativa si lo fue en sistematizar y escribir pautas de funcionamiento que originaron los conocidos Principios Cooperativos. En paralelo prosperaron en Francia las cooperativas de producción y trabajo conocidos como “familisterios” fundado en Guisa, pueblo cercano a Bélgica, por Juan Bautista Godin.

Las ideas y prácticas cooperativas se extendían con velocidad, Checoslovaquia funda su primera cooperativa en 1845 mientras el cooperativismo de vivienda y de seguros toma presencia en los países escandinavos junto a experiencias de consumo que dieron lugar, entre otras expresiones, a la Federación Sueca de Cooperativas.

Puede concluirse que fue en claro enfrentamiento con los valores e intereses del naciente capitalismo que se formularían nuevas utopías, entendidas como sueños realizables de sociedades posibles, y surgirían organizaciones con propuestas de sociedades alternas como los partidos socialistas y comunistas, los movimientos feministas, los sindicatos y, partiendo del valor de la ayuda mutua, modalidades como las cooperativas, las  sociedades de socorros mutuos y asociaciones con claro perfil de autodefensas, trío organizacional éste último que inicia la construcción de la Economía Social.

Todas esas organizaciones se constituirían en canales de luchas socio-económicas y contribuirían a crear un clima revolucionario en el seno de una creciente clase trabajadora, cuestionando la viabilidad del capitalismo.

La Economía Social como campo específico de interés tomaría impulso y se extendería a varios países de Europa al extremo de que Defourny, al hablar de sus fuentes y remontarse a las utopías y al asociacionismo obrero del S. XIX, señala que ya en 1830 Charles Dunoyer había publicado en París su Nuevo Tratado de Economía Social y en esa misma década se impartió un Curso de Economía Social en la Universidad de Lovaina[4]; los economistas de entonces fundaron una corriente de estudio que denominaron Escuela de Economía Social.

Desde entonces las Organizaciones de Economía Social (OESs), particularmente las cooperativas, se enfrentarían con el capitalismo y sus variantes como el capitalismo de Estado y con sistemas dogmaticos que pretendieron sustituir al capitalismo. Nuevas situaciones, coberturas jurídicas, e impactos como los de la Iglesia Católica, impulsaría en el último cuarto del siglo pasado el valor de la solidaridad como norte de las OESs.

Según la ACI[5], las cooperativas constituyen el mayor movimiento socioeconómico del planeta con 2,94 millones de cooperativas, 1.217,5 millones de asociados, una penetración demográfica mayor a los cuatro mil millones si se considera que cada asociado tiene una familia promedio de tres personas, y casi el 10% de la población ocupada del mundo.


[1] Comité Económico Social Europeo. La Economía Social en la Unión Europea. Informe Elaborado para el Comité Económico y Social Europeo por el Centro Internacional de Investigación e Información sobre la Economía Pública, Social y Cooperativa (Ciriec). Bélgica. 2012.

[2] Ver Web del Museo de la Mutualidad Francesa: http://www.musee.mutualite.fr/musee/musee-mutualite.nsf/windex

[3] Cepes. El impacto socioeconómico de las entidades de Economía Social. Identificación, medición y valoración de los efectos vinculados a los principios de actuación de las empresas de la Economía Social. Sept.2011.16 págs.

[4] Ver Jacques Defourny. “Orígenes, contextos y funciones de un tercer gran sector” en José Luís Monzón y Jacques Defourny. Economía Social. Entre Economía Capitalista y Economía Pública. Ciriec – España. Valencia. S/f. pp. 17 – 21.

[5] Ver ACI: https://www.ica.coop/es/medios/noticias/cooperativas-dan-trabajo-10-poblacion-ocupada-mundo

Foto: Google

Related Posts

Deja un comentario