Editorial Opinión

Esperando la elección

El país espera la elección de su nuevo presidente. Sea cual sea el resultado, nadie sabe cuál de las opciones es la mejor. Mientras que muchos sospechan que la que no escogerán sería la peor.

Pero sí queremos plantear la necesidad de dejar atrás las leyes, creadas de buena fe, que congelan la contratación estatal durante los meses anteriores a las elecciones.

Muchas partes del país productivo y empresarial se congelan y entonces empiezan a pedir que sea en una sola ronda la elección del nuevo presidente.

La economía que de por sí no ha sido la más boyante durante el último año, pierde uno de los más importantes impulsos Keynesianos, los recursos del Estado como motor de la misma.

A lo anterior hay que restarle los recursos que se generan desde el Estado a las empresas. Entonces una evaluación de estas medidas debería formar parte de la próxima Reforma Política que generosamente han anunciado todos los candidatos.

De otro lado, como si fuera un contagio de gripe, los ejecutivos argumentan que hasta no saber quién será el nuevo presidente las decisiones de grueso talante quedarían en el congelador. La excusa políticamente elegante sirve para alejar proveedores, contratistas y aspirantes a cargos, mientras que muchos en su interior no reconocen que a la contracción hay que bajarle costos para poder maquillar los balances.

El supuesto argumento generalizado se convierte en una bola de nieve que se repite de puerta en puerta y pocos se atreven a contradecir.

Quienes afirman que no es maduro pensar que la culpa o las condiciones dependen de uno u otro gobierno, se contradicen en una decisión generalizada de prudencia, que lleva a la parálisis en muchos casos a algunas empresas, especialmente las pymes, las de inversión y las que tienen un departamento de análisis. Normalmente un análisis acompañado de parálisis.

La invitación es a seguir con los negocios sin importar quién sería el elegido, todo depende de nuestra fe en que lo que estamos haciendo es lo mejor y tiene todas las posibilidades de progreso sea quien sea el nuevo presidente.

También, en pocas semanas el mundial de fútbol será el argumento para la baja de la productividad, ya pasó Semana Santa, la semana de receso y vendrán las vacaciones de mitad de año, el invierno, entre otros. Analistas y expertos argumentarán que estos momentos frenaron la economía que tenía alguna posibilidad de recuperación.

No seamos flojos. Ojalá que gane el menos pior.

Editorial edición 105, abril 2018

Foto. libertaddigital.com

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