Editorial Opinión

Colombia no tiene modelo

Por: Alfredo Alzate Escolar

Publicado Febrero 2018, edición 104

La comodidad de un precio alto del petróleo y la bendición de estar sentados sobre uno de los mayores yacimientos de carbón y oro, han hecho de Colombia un país acomodado a una realidad relativamente estable en materia económica.

En época de bonanza, los ingresos se han invertido en grandes listas de burocracia, algunas inversiones regionales y muchas comisiones que quedan en el camino. El café, bandera de otros tiempos, permitió un desarrollo de la región productora, la misma que descubrió las comodidades de las ciudades y que ahora no consigue mano de obra.

Una clase dirigente enfocada en resultados de corto plazo, poco comprometida con decisiones estructurales de largo aliento, como la educación, son temas que muchos hablan y pocos asumen, recordó en una conferencia el periodista Silverio Gómez.

Mientras que las reglas de juego están construidas para grupos, que sí logran una representación en los gobiernos regionales, locales y el legislativo, campañas que se han vuelto altamente costosas, con estructuras empresariales que buscan la rentabilidad de la misma durante el período del elegido, es evidente una mayor distancia entre quienes son elegidos y sus electores. El Estado puede llegar a ser cooptado por la vía de la Plutocracia. O como dijo Luis Jorge Garay, un Estado rentístico, donde muchos cogen al país como su finca.

Con un crecimiento de la economía de 1,8 por ciento durante 2017, la vergüenza nacional debería ser evidente. Un desempleo que con bastante base y rubor llega a un dígito, en el que pocos creen. Todavía no hay una decisión nacional de fijar el rumbo con sectores que son generadores de empleo.

Seguiremos esperando que el sorteo de la lotería lleve el barril de petróleo por encima de los 70 dólares y endeudando las futuras generaciones con TES con vencimientos a años como 2030 o 2050 o más.

Será que en Planeación Nacional no hay un gallo que diga que el empleo de este país lo está generando la pyme, ocho de cada diez, y que cada minuto se crean nueve microempresas en una ciudad como Bogotá, donde los trabajadores y el espíritu emprendedor los lleva a crear, formar, construir o soñar su empleo.

Ese 1,8 por ciento es una muestra de la necesidad de cuestionar a los tecnócratas que quieren desarrollar una economía con uno, dos o máximo tres sectores. Sin la capacidad de dar un valor agregado o de innovación para llevar la mercancía o producto a nuevos mercados. La pyme que podría parecer el camino largo, es la piel de la economía, es el flujo diario de capital, pagos de un lado a otro, la cadena que permite la supervivencia de quienes tienen alguna habilidad.

Poco se ha oído en los últimos años, de los gobiernos Uribe y Santos sobre la pyme, incluso el otrora Acopi quedó reducido a unos capítulos regionales sin mayor visibilidad.

Ustedes que saben… ¿Cómo podríamos crear o fortalecer los que ya existen, los circuitos empresariales para las pequeñas y medianas empresas, entre ellas las del campo, las mismas que compiten en un mercado abierto, contra China y los otros 200 países”?

En esa pyme, no la que está esperando un golpe de gracia para crecer exponencialmente con el primer contrato, sino la de largo aliento, la que podría pasar de ser mediana y posteriormente gran empresa, ahí podrían estar los diez sectores sobre los cuales Colombia podría desarrollar una economía moderna.

El 1,8 por ciento del PIB de 2017 fue bueno, claro… pudo haber sido peor. Pero también pudo ser mejor…Esperemos que solo sea una estadística más durante los próximos años.

 

Foto: google.com.co

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