Opinión

El mercado quiere creer

Publicado en la edición 103 – diciembre 2017

Expertos en economía afirman que el comportamiento de los negocios seguirá similar durante el 2018, inclusive se dará una contracción leve debido a las elecciones a las que asistiremos los colombianos durante el nuevo año.

Sea cual sea el pronóstico, los expertos tendrán razón, en la mayoría de los casos por no decir en todos. Los buenos analistas citan lo sucedido en años o ciclos anteriores. Las curvas siempre muestran las mismas tendencias. A menos que se saquen factores de la ecuación y en ese momento la propensión no logre la tensión de la línea que la lleva hacia arriba o hacia abajo. Esto ya se dio con la caída de los precios de los commodities y el proceso de paz. Estamos entrando en un nuevo ciclo.

Entre tanto, los equipos comerciales miran los históricos y fijan metas con crecimientos que ajustan la inflación, el PIB y todos esos elementos que un cuadro de Excel aguante.

Pero el factor confianza, el de percepción, no el que publica Fedesarrollo o ANIF midiendo lo que dicen los empresarios y directivos muy bien formados, sino el de los vendedores de calle, el ama de casa y la cajera del banco, tienen un tufillo de pesimismo, un sinsalida, con la pregunta implícita de ¿Hasta cuándo irá esto?

En tiempos en que ser “pesimista” o recatado en las expectativas es visto como un pecado que demuestra la poca competencia de quien emite el juicio. Como si los sentimientos de duda o incertidumbre debieran ser castrados de las mentes de quienes quieren lograr metas o el supuesto éxito, decir que no se ve todavía la luz al final del túnel es un secreto a voces que en los cocteles pocos quieren asumir.

A muchos no les fue mal del todo, aunque ya son dos años de deterioro en las cifras de las grandes empresas y el mentiroso comercio, que aunque abusa de los letreritos de bajas en los precios en un viernes negro y que después son bajados aún más quince días después de la espectacular promoción, se tiene la sensación de que pocos están comprando o lo hacen hipotecando sus salarios pero cada vez a menor velocidad. El ansiado período de salida aún no se concreta, ni siquiera en las mediciones del Banco de la República que ha mostrado como un logro la caída de la inflación, como si esta se hubiera dado debido a sus políticas y no a una contracción del consumo.

El pacto nacional por el optimismo es la ola en la que los directivos, expertos y el mismo Gobierno, que no ha hecho su acto de contrición por la apresurada Tributaria, busca contagiar como si de aflojar la pita de la cometa se tratara, Sin embargo, pocos les creen ya a estos mensajes y el rostro de jugador de póker del ministro Cárdenas se empieza a desteñir, buscando ya nuevos rumbos para su vida profesional. Igual que a los letreritos de descuentos, los gastos están contraídos porque quienes emiten esos mensajes de optimismo muestran una cara poco confiable, mientras en la calle buena parte de los transeúntes se sienten inseguros de que un ambiente de recuperación definitiva se dé con el cambio en el último número del calendario. Entonces el país seguirá apretando y en 2018 la visión de una recuperación se seguirá aplazando bajo la esperanza de que los que lleguen cambien esto, como si no dependiera de cada uno. Feliz año.

Foto: miencuentroconmigo.com.ar

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