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Por: Alfredo Alzate Escolar

Director Gestión Solidaria

Al interior del sector solidario se está solidificando una posición pública frente a los negocios realizados por estas empresas. Esta visión que reclama un espacio dentro de la economía nacional y regional y la relevancia de las empresas dentro de sectores estratégicos donde las cooperativas y entidades solidarias, por su naturaleza, tienen un diferencial sustancial que lo puede llevar a posicionarse sin reñir con la filosofía y los principios que han hecho de este modelo lo que es.

Aunque se mantienen las discusiones entre diferentes visiones. Una que defiende lo tradicional, amparada en los principios y valores cooperativos, y otra que busca solo la rentabilidad del negocio, se está dando una conciliación entre los dos puntos. Uno que reconoce que la actividad social es el objetivo de la cooperativa, y de ahí la necesidad de alcanzar algún grado de eficiencia, donde los excedentes puedan ser reinvertidos en ese grupo de asociados y en el bienestar de cada uno de sus miembros.

Los negocios cooperativos y solidarios son cada vez más técnicos, con plataformas más eficientes y equipos con mejor preparación y la presencia del sector en la economía nacional es evidente, incluso para los analistas que insisten en borrarlo de las estadísticas. Son empresas cada vez más competitivas por sí solas o en grupo, pero con la convicción de poder competir en el mercado sin ningún complejo.

Ahora toca dar un paso adicional. Uno que no reclame que las condiciones sean especiales para las empresas de carácter social. No más peticiones especiales para funcionarios formados en escuelas netamente capitalistas, que menosprecian al sector solidario o simplemente lo desconocen. Un paso de colonizar y crecer en negocios donde el mercado reclame más competidores.

Este “capitalismo social” podría hacer del modelo cooperativo la verdadera alternativa para repartir los recursos que existen en la economía. Rebarajar lo que hay y repartirlo entre todos aquellos que se atrevan a competir, desde una visión colectiva de construcción y la reinversión de los excedentes, para construir verdaderos capitales sociales que beneficien a sus comunidades, hasta alcanzar la formación de muchos grupos económicos cooperativos con capacidad de hacer un contrapeso a los competidores tradicionales.

También existe la alternativa de la adquisición. No necesariamente el sector solidario y cooperativo debe construir las empresas desde cero. Un paso, Y esto es para analizar, lógicamente. Muchas empresas ya existen, corren sobre modelos ineficientes, otras son muy rentables y en ambos casos hay la posibilidad de abrir la participación al sector solidario. Pero éste en la mayoría, por no decir en todas las oportunidades, se frena y prefiere hacer pequeños avances como compradores de acciones preferenciales, las mismas que no dan ninguna capacidad de intervenir en las decisiones de las empresas que terminaron capitalizando.

Atrás debe quedar el jugar “sólo a lo seguro”. Este argumento es muy bueno para frenar cualquier decisión… El riesgo calculado es parte del proceso de crecimiento. Hasta los créditos a los asociados pueden ser peligrosos… Explorar nuevas formas de administración al interior de las empresas cooperativas llevará necesariamente a buscar territorios inéditos para muchas de estas empresas, pero será que ahí está el crecimiento exponencial con el que muchos sueñan. Un sector relevante que hable de igual a igual con cualquier empresa del país. Entonces en ese momento cuando el grado de inclinación de la cancha no importará.

Foto: http://negociosresponsablesyseguros.org/

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