logo


Desde la aparición del cooperativismo hace 165 años, uno de los principios que ha regido el modelo es que no tenga que ver la tendencia política partidista para el tratamiento de los socios, sin embargo, este principio posiblemente fue mal interpretado al ser llevado al extremo de la exclusión en política del movimiento cooperativo.

Las consecuencias de no participar en política se tradujeron en muchos lugares en la creación de marcos legales que en vez de ayudar a la promoción del modelo asociativo le impusieron cargas y un tratamiento que desconoce su esencia. La explicación la dio Ramón Imperial Zúñiga, vicepresidente mundial de la Alianza Cooperativa Internacional.

El exdirector de la Caja Popular Mexicana señaló que el sentimiento del cooperativismo frente a su decisión de mantenerse al margen de la política fue mal interpretado. “Yo siento que en muchos años nos fuimos a un extremo y totalmente nos alejamos de la política pública de los gobiernos y no logramos incidir en éstos. Considero que afortunadamente esto está cambiando en los últimos diez años, sobre todo hay un mayor interés del cooperativismo de influir en los parlamentarios de cada país, en el Gobierno, en las políticas estatales, pero aún falta mucho por hacer”.

Imperial Zúñiga resaltó que “la exclusión en política o un alejamiento directo con los organismos políticos se ha constituido en una debilidad. Pero advirtió, para evitar malas interpretaciones, que lo que sí se debe diferenciar, es que la cooperativa, como institución, no puede cargarse a un determinado partido político. Pero las cooperativas las formamos las personas y nosotros sí debemos tener una mayor participación en política, aunque estemos en una cooperativa y desde adentro incidir en las decisiones que nos afectan”, dijo.

No hay conocimiento

En muchos países de la región, por no decir en todos, los legisladores desconocen o tienen un pobre conocimiento del modelo cooperativo, lo que se traduce en la emisión de políticas públicas, poco favorables para el movimiento.

Necesitamos gente que sea cooperativista, gente nuestra que llegue a los parlamentos, que se incrusten en los espacios donde se generan las políticas públicas, para que desde ahí puedan generar mejores condiciones para el desarrollo del cooperativismo”, dijo el ejecutivo.

Ramón Imperial señaló que mientras muchos afirman que el modelo cooperativo tiene una gran incidencia dentro de la población, es necesario reconocer que frente al total de la población en cada uno de los países de la región al sector cooperativo le falta mucho por desarrollar.

Tenemos que seguir insistiendo, las cooperativas desde que nacimos, tenemos clara una misión, un objetivo y contribuir al desarrollo de las personas y sobre todo ayudar a una mejor distribución de la riqueza, sin embargo, las tendencias mundiales indican que estos objetivos se logran, pero lentamente, y en algunos casos con evidentes retrocesos. “Es por eso que debemos cuestionarnos como cooperativistas, lo que estamos haciendo para cumplir nuestra misión”, añadió.

Si medimos el impacto a nivel global de lo que representa la participación del cooperativismo frente al resto de la población, se demuestra que falta mucho por hacer”, dijo.

Para alcanzar estas metas es evidente que se deben desarrollar unos marcos legales mucho más equilibrados que le permitan al cooperativismo crecer para competir con sus productos y servicios en los mercados, de ahí la necesidad de reflexionar cómo el sector está participando en política.

Errores para dejar atrás

Entre tanto, hacia el interior de las empresas cooperativas se debe mantener una posición crítica que permita superar dificultades y refrescar sus cuerpos directivos. La búsqueda de mejores condiciones pasa por la depuración y vigilancia permanente del accionar de los responsables de la toma de decisiones.

Ramón Imperial reconoció en algunos casos, grupos de personas que se han logrado imponer al interior de las cooperativas, entidades que se deberían caracterizar por su compromiso democrático.

Esto depende de dos factores: el marco legal que rige a las cooperativas, pero también el marco legal interno. Personalmente considero que se deben buscar los mecanismos para que se dé una mayor rotación de dirigentes, con una renovación periódica con tres, cinco u ocho años, pero sí se deben reforzar los mecanismos para renovar a la gente”.

El presidente de la Cooperativa de las Américas destacó que la edad promedio de los dirigentes cooperativos de América Latina está entre los cincuenta a setenta años, y esto es un ejemplo claro que se necesita un proceso de renovación. Lo anterior también implica la búsqueda de mecanismos para que los jóvenes participen de manera más activa.

Si no involucramos a los jóvenes desde ahora, si no les abrimos los espacios, después nos vamos a estar lamentando, cuando se deban dar los relevos generacionales, porque son forzosos que se den. En este sentido tenemos que ser más conscientes de esto y al interior de las cooperativas reflexionar sobre esos procesos que perpetúan a muchos dirigentes”.

Crecimiento o solidaridad

El cooperativismo se sustenta sobre dos pilares, una doctrinaria o dogmática y otra la gestión gerencial. Pero pocas veces estos dos factores se encuentran equilibrados, advirtió Ramón Imperial.

En el cooperativismo traemos normalmente un problema y es que no nos balanceamos o nos cargamos mucho a la parte dogmática o doctrinaria y descuidamos la parte de la eficiencia, la gestión gerencial o en ocasiones le damos mucha mayor importancia a la eficiencia, generación de riqueza, a los buenos resultados económicos y financieros que debe tener la cooperativa y descuidamos la otra parte”.

Imperial Zúñiga destacó que en el caso latinoamericano la tendencia era a hacer un mayor énfasis en la parte doctrinaria, lo que fue evidente en los últimos 30 años, así se destaca si se compara con Europa y Norteamérica donde se apreció un mayor énfasis en la búsqueda de resultados y una mayor eficiencia, pero en ese caso ellos han descuidado la parte doctrinaria.

El mantener este equilibrio entre los dos factores se constituye en un gran reto. Aunque por definición la cooperativa debe ser una empresa social. “Como empresa debe buscar buenos resultados, generar riqueza, ser productiva, pero no descuidar la parte social. En donde hay una serie de principios y valores que se deben mantener permanentemente. Ninguno de los dos es más importante, ambos son iguales y en la medida en que una cooperativa logre ese equilibrio será exitosa y eficiente. Aunque normalmente hay ciclos, donde por unos años se carga a lo empresarial y otros años hacia lo social. Entonces el reto es mantener esa convivencia”, concluyó.

Ramón Imperial Zúñiga, vicepresidente mundial de la Alianza Cooperativa Internacional sostuvo que la no participación en política del modelo cooperativo se ha reflejado en políticas públicas que desconocen su esencia.

“Necesitamos gente que sea cooperativista, gente nuestra que llegue a los parlamentos, que se incruste en los espacios donde se generan las políticas públicas, para que desde ahí puedan generar mejores condiciones para el desarrollo del cooperativismo”, Ramón Imperial.

Deja una respuesta