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Para evitar una concentración de la propiedad y lograr condiciones adecuadas para competir, el modelo asociativo se constituye en la alternativa más eficiente para el desarrollo.

Mauricio Cabrera Galvis, economista, señaló que la teoría de ampliar la torta para después repartirla fue un fracaso en el proceso de reducción de la pobreza y el ingreso.

La democratización de los bienes de producción con los que contrarrestaría la concentración del ingreso y la riqueza son el primer paso para alcanzar un verdadero desarrollo económico y social en medio de un mundo que verá en los próximos 20 años cómo la utilización masiva de robots desplazará el 50 por ciento del empleo mundial, señaló el economista Mauricio Cabrera Galvis.

La visión política que muestra un verdadero fracaso del modelo neoliberal, se sustenta sobre cifras del propio Gobierno que demuestran cómo a pesar del crecimiento industrial registrado hasta el 2014 donde la producción creció un 50 por ciento, ampara de leyes de estabilidad legal para los inversionistas, mientras que el empleo se deterioró en por lo menos ocho puntos.

En esa etapa las ventajas dadas a los empresarios se soportaban con reformas que afectaban a los trabajadores, como fue el caso de las horas extras y reducción del ingreso. En el último Gobierno se ha logrado una mejora en los procesos de formalización del empleo, afirmó.

Según Cabrera Galvis las cifras son extrañas, pues las tendencias reportadas por el mismo DANE muestran que mientras la economía se encuentra en una desaceleración desde hace dos años, el empleo no se ha deteriorado y por el contrario la tendencia es que se han mantenido los puestos de trabajo, e incluso en algunas regiones se han creado nuevas plazas.

La discusión que se debe dar al interior del país, y de la que están matizadas las futuras contiendas electorales se evidencia en la concentración del poder económico que se transforma en el poder político, lo que lleva que una élite evite de manera transparente que discusiones de fondo como la de la redistribución del ingreso y de los bienes de producción se dé.

En Colombia se han intentado varias discusiones para realizar una reforma agraria, que le permita a los productores del campo ser los propietarios de sus tierras, sin embargo, después de muchas décadas grupos políticos que representan intereses particulares de los tenedores y propietarios de las tierras impiden que la necesitada reforma se dé. Es así que 2., 500 familias tienen el 53 por ciento de la tierra productiva, explicó Cabrera Galvis.

Desde la aparición de las teorías neoliberales creadas y sembradas por un grupo de economistas de la Universidad de Chicago en la década de los setenta y su posterior desarrollo en la década de los ochenta con los Gobiernos de Margaret Thatcher, en Inglaterra y Ronald Reagan en EE UU, la discusión sobre cuál sería el sistema más adecuado para lograr el máximo desarrollo económico y sacar a la población de la pobreza está plagado de múltiples formas de discusión, algunas de ellas utilizando la violencia.

Mientras el modelo neoliberal tomaba las teorías de varios economistas de mucho prestigio, entre ellos la del ruso-americano Simon Kuznets, con su famosa curva, se constituía en una de las más atractivas. Al permitirse la concentración de la riqueza en unos pocos, el mismo sistema se autocorregiría permitiendo que después el ingreso se redistribuyera entre todos.

Bajo la teoría de Kuznets se sustentaron varias décadas donde las corporaciones fueron evidentemente beneficiadas en la búsqueda de un desarrollo colectivo, que al final no se dio. Era la famosa teoría de ampliar la torta para después repartirla.

En Colombia la teoría del Desarrollismo fue promovida por sectores de derecha entre ellos la del líder político Álvaro Gómez y con ella se apoyaron múltiples políticas que ahora vemos traducidas en nuestro marco legal.

Sin embargo, explica Mauricio Cabrera, que las dificultades que tiene la población colombiana se evidencia en el deterioro de la movilidad económica y la imposibilidad de algunos sectores de la población de alcanzar fuentes de financiación, poca seguridad social, y educación precaria o nula, lo que mantiene al grueso de la población en un círculo de pobreza.

Entonces gana fuerza la propuesta de lograr que con formas asociativas los pequeños productores logren una masa crítica y con ella mejores condiciones para la producción y comercialización, competitividad y por ende en una redistribución de los bienes de producción, factores necesarios para acabar con las condiciones de pobreza.

En el mundo el modelo socialista, donde el Estado era propietario de los bienes de producción fracasó, sin embargo, el otro modelo, el de las formas asociativas de la producción son cada vez más exitosos. Se destacan ejemplos de países como Turquía, Japón, Korea… donde los bienes de producción corresponden a formas asociativas y hacia allí debe enfocarse el modelo cooperativo, a la integración y desarrollo de esas empresas y su población”, explicó Cabrera Galvis.

Para ello el economista destacó que hace falta un verdadero proceso de formación y promoción del modelo cooperativo, para el cual se deben integrar políticas públicas que lo respalden. Incluso destacó la necesidad de la creación de un ministerio especializado para la asociatividad y el cooperativismo. “esto permitiría superar barreras culturales que nos llevan a pensar que el camino al éxito es el triunfo del individuo en soledad”, agregó.

Mauricio Cabrera advirtió que después de varias décadas de implementación del modelo neoliberal y su evidente fracaso, en factores como la pobreza, los mismos organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y las Naciones Unidas han rectificados sus políticas y ahora ven en las formas asociativas de producción una alternativa para la redistribución del ingreso y la riqueza.

Ocho personas concentran el equivalente a los recursos de 3.600 millones de habitantes en el planeta, lo que se constituye en un verdadero desequilibrio”, dijo Cabrera.

Entre tanto en Colombia las cifras no son diferentes y se reflejan en el sistema financiero donde existe el 58 por ciento de los saldos de CDT, cuentas de ahorro y cuentas corrientes concentrados en unos pocos, menos del 0,1 por ciento de los ahorradores, mientras que el resto de estas cuentas está distribuido entre el 96 a 97 por ciento de la población, otra evidente desigualdad, dijo el economista.

Con este panorama la posibilidad de desarrollar el modelo asociativo no se constituye en una oportunidad, sino en una necesidad evidente que debe ser tomada por el mismo sector solidario y cooperativo, concluyó el economista.

Entonces gana fuerza la propuesta de lograr que con formas asociativas los pequeños productores logren una masa crítica y con ella mejores condiciones para la producción y comercialización, competitividad y por ende en una redistribución de los bienes de producción, factores necesarios para acabar con las condiciones de pobreza.

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