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La solidaridad como valor compartido

Crear valor social es, por esencia, una acción cooperativa. Las empresas líderes en el mercado, queriendo ir más allá de su compromiso con la sociedad, vienen sustituyendo hace varios años el concepto de responsabilidad social por el de creación de valor social compartido. Lo hacen parte integral de su estrategia de negocio. Crear valor económico en la sociedad es tan importante como crear valor social, cultural y ambiental.

La dinámica de una sociedad está influida, en general, por los valores sociales que la mueven. La suma de sus valores sociales se ve reflejada, con el tiempo, en la creación su capital social, entendido éste como la construcción colectiva entre los diferentes grupos e instituciones de la sociedad. Las instituciones públicas, las empresas privadas y la sociedad civil, se colaboran entre sí para crear y acumular capital social, según la escala de valores o el imaginario que tenga su propio colectivo humano.

Cada cultura tiene sus propios valores sociales, que le son característicos. También la forma de hacer economía, construir sociedad o establecer la relación de las personas con el medio ambiente. Las normas efectivas, la valoración del conocimiento, los procesos educativos, la confianza mutua, la autoestima social, la relación entre los grupos sociales, incluyendo los criterios de moralidad, son determinantes en la forma de acumular capital social y crear al mismo tiempo valor compartido para alcanzar los grandes objetivos de la sociedad.

Mediante la cohesión social se logra la colaboración recíproca y la creación de oportunidades para los individuos, de tal manera que entre todos podrían compartir valores incluyentes de beneficio común. Sólo así será sostenible cualquier comunidad por pequeña o grande que sea. Esto coincide con la filosofía de las organizaciones solidarias.

Beneficios compartidos

El capital social refleja, por tanto, el grado de sociabilidad de un conjunto grande de personas y también las oportunidades que éstas encuentran en sus relaciones sociales. En las cooperativas, por ejemplo, el capital social es capital económico acumulado para beneficio social de todos los cooperados. Por eso la sociabilidad se puede entender como la capacidad para realizar trabajo conjunto, acción colaborativa, compromiso colectivo, con el fin de construir bienestar para toda la sociedad.

A lo largo de los siglos, el ser humano ha venido aprendiendo que el mejor capital social, es el más alto valor que se puede alcanzar cuando en la sociedad hay inclusión y acceso a las oportunidades para todos. Aquí juega un papel importante, la libertad, el respeto, igualdad y fraternidad entre las personas. Cuando se crea y comparte valor social entre las instituciones, familias y empresas de una sociedad, se fortifica y retroalimenta el tejido que hace posible este proceso: la solidaridad recíproca, la preservación de la paz, el respeto entre todos, la imaginación moral, el cuidado de la tierra, el buen gobierno, la capacidad de dialogar y, ante todo, el respeto profundo por la dignidad humana.

Competir y compartir

Michel Porter, con base en asiduas investigaciones de la Universidad de Harvard, ha venido insistiendo en que la competitividad de las empresas mejorará sustancialmente cuando pasen de gastar, como opción discrecional, una parte de sus presupuestos y utilidades en responsabilidad social corporativa, a crear valor compartido con empresas afines y con las comunidades de su entorno.

Esto último implica rediseñar la estrategia misional de la empresa, incorporando en su ADN productivo el trabajo conjunto con otras organizaciones: con entidades públicas, con empresas complementarias o con la sociedad civil, para construir valores compartidos de beneficio recíproco. Se trata de un gana-gana entre aliados estratégicos que quieren compartir valor, dice Porter, para alcanzar mejores posiciones competitivas en beneficio propio y de la sociedad.

La Creación de Valor Compartido (CVC) permite a una empresa producir valor económico para el negocio y generar al mismo tiempo impacto positivo para la sociedad. La empresa pone en el centro de su operación misional, la solución compartida de problemas reales de la sociedad. De esta manera fortalece sus ventajas competitivas y, por ende, sus resultados financieros de largo plazo. Esto, en la práctica, significa poner la economía empresarial al servicio de la sociedad.

Compartir valor cooperativo

Las organizaciones solidarias deberían estar también al servicio de la comunidad que les rodea, no sólo de su membresía. Así, empresas lucrativas y no lucrativas, realizarían proyectos concretos, rentables, de impacto social, que abran a su vez nuevas oportunidades de negocio y espacios de inclusión para un amplio número de personas y sus familias. Estos proyectos solucionadores podrían ser de carácter económico, social, cultural o ambiental.

Mediante la estrategia de negocio creando crear valor compartido y a través de diferentes modelos empresariales, el sector privado puede jugar un rol importante en la solución de problemas sociales. El nuevo paradigma sería: la Creación de Valor Compartido, es decir, de capital social, con la participación del sector público, sector privado y sociedad civil. Esta es una propuesta distinta y novedosa, que bien podría considerarse como revolucionaria innovación social. Los grandes capitales al servicio de la sociedad y no al servicio de una poderosa élite. Así actuarán, según los expertos, las empresas más sostenibles del futuro.

Más economía social

Al tiempo que fortalecen su competitividad, las empresas deberán mirar más allá de sus costos de oportunidad y de la utilidad que pretenden alcanzar. Los fines económicos lucrativos de la empresa son enteramente compatibles con los fines sociales y las necesidades de cualquier comunidad. El reto es encontrar esas oportunidades para generar valor social compartido que beneficie tanto a la empresa como a la comunidad escogida.

Si las grandes empresas de nuestro país hicieran este cambio profundo en su estrategia misional, al ir más allá de sus prácticas de responsabilidad social voluntaria, y en vez de ello se propusieran estrategias novedosas para crear valor compartido, se alcanzarían más altos niveles de bienestar social: menos inequidad y desigualdad, más educación para todos, mejor infraestructura, más seguridad ciudadana, mejor salud, mayor sostenibilidad de los recursos naturales, mejores alternativas de energía, más desarrollo científico y cultural, soluciones a los problemas de movilidad, más alta producción de alimentos, agua potable para todas las comunidades. En fin, las oportunidades son muchas y todas son posibles. Esto significaría un cambio profundo en la visión tradicional de las empresas, en las organizaciones solidarias y en la del mismo Estado con sus políticas públicas.

¿Temas como éste del valor compartido, tienen relación con las organizaciones solidarias? Sin lugar a dudas, sí. El interés por la comunidad es uno de los principios del cooperativismo universal. El modelo de cooperación asociativa es por sí mismo un modelo de creación de valor social. Sin embargo, se requiere pensar en grande y cambiar el paradigma actual cooperativo. La unión de un grupo de personas mediante una forma cooperativa, o mutualista o fondo de empleados, también puede crear valor económico y social con otras formas solidarias; igualmente con entidades de la sociedad civil, empresas privadas o instituciones del Estado. Esto requiere cambios estratégicos en el “corazón del negocio cooperativo”, para actuar más allá de lo que hacemos.

La creación de valor social compartido no es sólo una estrategia competitiva en el mercado para obtener más altas utilidades empresariales. Por el contrario, es una responsabilidad superior en la construcción del capital social. Para las formas asociativas, el desafío está ahí: crear valor socioeconómico compartido y solidario.

FOTO: lavola.com

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