Alveiro

De la economía cooperativa a la economía asociativa

Por: Alveiro Monsalve Z

Consultor

Falta intercooperación asociativa

En nuestro país no se ha podido llevar a cabo esta tendencia mundial, salvo contadas excepciones. Aquí, la intercooperación económica y las redes empresariales cooperativas son planteamientos teóricos que todavía no se convierten en realidad. A las cooperativas podrían sumarse los fondos de empleados y las asociaciones mutuales, que tampoco demuestran interacción empresarial significativa. En tanto, la asociatividad en todas sus formas, en diferentes comunidades y territorios ha ganado una gran ventaja histórica innovando con cadenas productivas y de comercialización, en comparación con la baja eficacia de las formas cooperativas.

La esencia de las organizaciones solidarias, y en su concepción más restringida, las cooperativas, es la ayuda mutua entre sus miembros. Su carácter empresarial deberá darles sostenibilidad económica en el largo plazo, e igualmente su característica de asociación humana, debe ofrecerles grandes beneficios entre personas que se han unido para ayudarse. Si a esto se sumara el compromiso de incidir en el bien de la comunidad que les rodea, en asocio con otras organizaciones públicas o privadas, se daría una gran sinergia de transformación en la calidad de vida de todas las personas.

Pero en la realidad colombiana parecería que cada cooperativa va por su propio lado, buscando su propia ventaja, tratando de satisfacer las necesidades de un puñado de asociados, y en el mejor de los casos, aprovechando al máximo las externalidades que otros puedan ofrecerles con el mínimo de costo y el máximo de beneficios. No debería ser éste el rol de tantas cooperativas en nuestro medio aplicadas únicamente a captar y colocar dinero.

Unión de pequeñas empresas

La asociatividad empresarial es un enfoque diferente y muy superior al de las cooperativas aisladas. El espíritu asociativo entre empresas, organizaciones no lucrativas, pequeños negocios familiares, agentes que comparten la acción público-privada o el de grupos humanos que construyen bienestar común en el sector rural o en las ciudades, va mucho más allá de la celosa autonomía de las cooperativas que sólo buscan el bienestar de sus propios asociados.

wal_mart_distribution_centerMediante la asociatividad empresarial se construyen redes de producción y comercialización con sólidas plataformas económicas para promover procesos de cambio y de mejoramiento colectivo. Asociatividad empresarial puede ser, en muchos casos, sinónimo de desarrollo local y de sinergia territorial. Cuando las organizaciones pequeñas, y por lo general frágiles, se unen con propósitos comunes, su eficacia social se incrementa de manera inaudita.

La confianza es fundamental

La confianza recíproca es la base de la asociatividad empresarial. Se comparten valores agregados en todo el proceso logístico que va desde la producción hasta el consumidor final, se construyen economías de escala, se consolida la capacidad negociadora en el mercado, se articulan muchos agentes públicos y privados que contribuyen al mismo éxito del proceso asociativo y, ante todo, se avanza en el desarrollo sostenible para la sociedad en general. En la asociatividad, construida de esta manera, la confianza se convierte en verdadera solidaridad y ésta en bienestar colectivo.

Si se estableciera en Colombia una verdadera integración cooperativa, es decir, una economía realmente cooperativa:

  • El cooperativismo tendría identidad gremial, económica y social a nivel nacional e internacional.

  • La intercooperación beneficiaría en gran medida el desarrollo local de las comunidades donde sea más el fuerte el modelo cooperativo.

  • Integrando en un solo modelo la estructura logística, el mercado, la dinámica económica y la tecnología, habría más abundancia de servicios y beneficios para los miembros de las cooperativas, fondos de empleados y asociaciones mutuales.

  • Las organizaciones solidarias integradas serían más sostenibles en su desarrollo, según lo plantea el Plan de la ACI para la Década cooperativa con visión hacia el 2020 y la ONU entre sus objetivos de desarrollo.

No obstante, ante la carencia de este modelo y en sustitución del mismo, la economía asociativa nos ofrece en Colombia múltiples ventajas:

  • Integra a nivel local, regional e internacional a miles de pequeños productores y comercializadores, en las zonas urbanas y rurales, haciéndolos más fuertes frente a las grandes cadenas comerciales.

  • Se construyen economías de escala, manejo exclusivo de cadenas productivas, se fortalecen los closters de mercado de los pequeños propietarios, se incrementa la capacidad negociadora y se genera un gran cúmulo de valores compartidos y agregados en los procesos de producción y comercialización.

  • Se genera una gran red de acción interactiva entre agentes del sector público, privado y solidario, que contribuyen al desarrollo sostenible en las comunidades y territorios, que es lo que en últimas se quiere con el cese de la guerra en los campos y ciudades de Colombia.

Ante los grandes desafíos que plantea el nuevo enfoque de la paz en los territorios y comunidades donde está más acentuada la exclusión, la desigualdad, la carencia de oportunidades y la pobreza en general, la asociatividad empresarial se constituye en una estrategia posible para construir un mejor futuro de manera colectiva con integración económica y redes productivas complementarias.

Innovar modelos asociativos

Es necesario diseñar nuevos modelos de asociatividad empresarial entre pequeños productores, emprendedores jóvenes, cooperativas, asociaciones mutuales, contratistas independientes, proyectos agrícolas incipientes, comerciantes de bajos recursos, agroindustrias de poco capital, empresas comunales, entre otros. Este debe ser el propósito de una economía alternativa. Unidos los que menos tienen, que son inmensa mayoría, serían altamente poderosos frente a los que mucho tienen, que son una minoría. Pero, para comenzar, lo primero que se debe construir es confianza solidaria.

La asociatividad empresarial, puede llegar a ser el nuevo enfoque de desarrollo de las comunidades y territorios rurales de Colombia. Los acuerdos de la Habana sobre el fin de la guerra, han puesto su esperanza en el sector solidario, pero éste será ineficaz mientras no oriente sus esfuerzos hacia el enorme potencial asociativo que representa la intercooperación económica y empresarial de las organizaciones solidarias.

Con asociatividad eficaz y formalizada, preservando casi siempre la autonomía de cada entidad, como parte del engranaje institucional de cooperación real entre los diferentes agentes públicos y privados de cualquier comunidad y territorio, se asegura el control endógeno que excluye la corrupción y los abusos del poder o del capital.

Con modelos asociativos innovadores, es posible estimular la innovación social e inclusive la innovación técnica, el conocimiento como inteligencia social, la vinculación de nuevas empresas con proyectos productivos, el emprendimiento juvenil, el trabajo conjunto universidad empresa, los sistemas tecnológicos y científicos impulsados por las instituciones de educación técnica, tecnológica y superior y se canalizarían a través del sector público los esperados recursos de cooperación internacional y la ejecución de los pequeños presupuestos participativos aplicados a obras locales de beneficio colectivo. Así, la asociatividad empresarial, se convertiría en un gran generador de cambio positivo en las prácticas sociales, económicas, políticas y ambientales de cada comunidad y territorio.

Es necesario diseñar nuevos modelos de asociatividad empresarial entre pequeños productores, emprendedores jóvenes, cooperativas, asociaciones mutuales, contratistas independientes, proyectos agrícolas incipientes, comerciantes de bajos recursos, agroindustrias de poco capital, empresas comunales, entre otros.

Asociatividad para el desarrollo

La integración cooperativa no puede seguir siendo en Colombia una simple aglomeración de empresas solidarias, desconectadas entre sí, sin mayor incidencia en el conjunto de la sociedad. Por el contrario, el reto debe la construcción pronta de una estrategia de intercooperación económica, empresarial, logística y tecnológica, que haga fuerte al cooperativismo en la generación de valores compartidos, en su incidencia social, en su contribución a los nuevos acuerdos de paz y en su capacidad para ayudar a transformar con liderazgo institucional el futuro del país.

Comunidades empoderadas de su propio desarrollo, con participación de sus habitantes construyendo entre todos, una visión colectiva de su propio futuro y territorios sólidos en su institucionalidad, fuertes en el uso adecuado de sus propios recursos, orientados por una política pública eficiente, honesta y transparente, serían el mejor escenario para fortalecer la solidaridad empresarial asociativa. Aquí cabe mostrar lo poco que hay en integración económica cooperativa y proponer modelos viables, bien integrados y en mayor escala, que realmente contribuyan a la paz duradera y sostenible que todos anhelamos en Colombia.

Por eso en Colombia hay que pasar de la economía cooperativa, que de manera miope está centrada en la actividad financiera, sin mayor capacidad competitiva y diferenciadora, a una economía asociativa donde miles de pequeñas empresas, lideradas por el cooperativismo, se integren entre sí, se complementen y se constituyen en una sola fuerza transformadora de las comunidades y territorios de Colombia.

La asociatividad empresarial, puede llegar a ser el nuevo enfoque de desarrollo de las comunidades y territorios rurales de Colombia.

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