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cooperativas-1Se clausuró, en New York, el Año Internacional de las Cooperativas, (AIC) que puso de manifiesto una nueva plataforma para el desarrollo de acciones organizadas tendiente a visibilizar el modelo cooperativo como una alternativa real frente al gozne histórico del capitalismo.

Las respuestas para el hambre, los despidos masivos y la pobreza generalizada en un modelo que busca la rentabilidad del capital a costa de los esfuerzos de los individuos los tiene un movimiento cooperativo planetario, donde las nuevas comunidades de trabajadores propietarios no se contradicen con el crecimiento empresarial o el desarrollo productivo, al igual que se mantienen acordes con la dinámica comercial.

Refrendamos la importancia del desarrollo del individuo, y la construcción de la capacidad (capacity building). Lógicamente superando las dificultades a través de la asociatividad de quienes conforman estas empresas en la búsqueda de soluciones a sus problemas comunitarios.

El apoyo internacional y esta nueva visión permitirá que la incidencia de las cooperativas en el desarrollo de las comunidades se dé de manera significativa, dejando atrás las condiciones impuestas por el modelo capitalista.

Se abrió la puerta para que en la nueva década las empresas cooperativas asuman sus propios rumbos, con una mayor conciencia de su capacidad de autogestión como lo declaro la misma Alianza Cooperativa Internacional.

El trabajo realizado durante 2012 fue apenas la base para que el sector cooperativo mundial iniciara las reclamaciones pertinentes de espacios más expeditos y la búsqueda de escenarios más adecuados para su desarrollo.

Pero será el mismo cooperativismo mundial el que tendrá que granjearse sus reconocimientos y consolidar sus propuestas empresariales, sean estas a través de microempresas, empresas o grupos económicos que den soluciones adecuadas a las necesidades de las regiones.

El capital no le dará espacios por sí a las cooperativas a menos que estas sean capaz de competir con sus productos y servicios, de demostrar su intervención en los mercados y de ser una voz significativa en las instancias institucionales de cada país.

En este escenario es el mismo cooperativismo el que tiene que dejar atrás divisiones personales en la cuales pequeños grupos pretenden controlar la vocería de todo un sector, en muchos casos ante la indiferencia de la gran masa de cooperativistas que prefieren mantener el anonimato para no ser incluidos en la responsabilidad que implica el liderazgo.

Será el mismo cooperativismo el que tendrá que entender que es un movimiento plural donde todos tienen el derecho y la responsabilidad de intervenir.

La búsqueda de la visibilización de este modelo implicará para la próxima década una recapitulación de las estrategias y sistemas, herramientas y conceptos que hasta el momento han demostrado una baja capacidad de intervención. No será la bandera de un grupo de intelectuales, implicará un cambio social que sólo se dará si la gran masa de cooperativistas interviene, para lo cual falta formación e información.

Nadie al final se podrá llevar las medallas del éxito, quien pretenda reclamar ese logro, desconocerá la importancia de un modelo que ya fijó un rumbo par los próximos diez años.

Es el momento para que el movimiento cooperativo deje de buscar en el exterior su reconocimiento y reclame por si su grandeza a partir de sus propias herramientas de incidencia social.

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